lunes, 1 de enero de 2018

¿Decir "feliz Yule" es decir "feliz Solsticio"? (Parte III)

     Por fin, llegamos a la tercera parte de este artículo. A continuación os dejaré los enlaces a las anteriores entregas para que podáis ojearlas en caso de que aún no lo hayáis hecho, y pasaremos al artículo en sí. Espero sinceramente que no os haya resultado muy pesado, y deseo que os haya animado a seguir profundizando en nuestra Antigua Fe. 

     PRIMERA PARTE
     SEGUNDA PARTE


CUESTIÓN 3ª.- ¿POR QUÉ HAY TANTA CONFUSIÓN CON LAS FECHAS?
Ya habéis comprobado que el asunto de los calendarios juliano y gregoriano, sus equivalencias y sus cambios de fecha ocasionan más de un quebradero de cabeza. Pero creo que hemos dejado bastante claro que: a) Yule no era una celebración del solsticio de invierno, y b)no tenemos una fecha exacta de dicha festividad. De enero a febrero, las diversas fuentes históricas lo colocan en distintos espacios de tiempo. ¿Por qué? Ha llegado el momento de hablar del calendario escandinavo precristiano.
El festival de Yule sucedía en un período de tiempo que comprendía dos meses, y ambos, en el calendario nórdico precristiano, hacen referencia al evento: eran Ýlir y Jólmánuðr. Pero Yule es una fiesta Germánica, y no sólo escandinava: la referencia a esos meses asociados a Yule ya es patente en textos godos del siglo IV, así como en fuentes anglosajonas del siglo VIII, cuando Beda el Venerable, monje benedictino, escribe que los Anglos paganos seguían un calendario basado en ciclos lunares, pero determinado por el año solar. ¿Qué quiere esto decir? Pues que el calendario germánico precristiano no era solar, naturalmente, pero tampoco lunar, como creen muchas personas. Era una fusión de ambos: era lunisolar. Explicaremos esto con más detalle.

Antiguo calendario, aparentemente lunar, datado en torno al año 1.000, Noruega

En Escandinavia, los meses se calculaban en base a las fases lunares. En un año solar hay 12 meses, 365 días; sin embargo, 12 meses lunares duran 354 días (pues cada mes lunar dura algo más de 29 días), y por ello, cada año empezaría 11 días antes que el anterior. El Norte es una tierra con una climatología adversa, y es comprensible que los ciclos agrícolas y ganaderos resultasen prioritarios. Era, pues, necesario mantener una periodicidad. Para evitar que los meses “retrocediesen”, era ineludible marcar una especie de hito: el solsticio de invierno, que marcaba el punto donde acababa el primer mes de Yule y comenzaba el segundo. Y de este modo, en un intervalo de aproximadamente 28 días, las fases lunares podían “avanzar” o “retroceder” en función del año, sin que esto perjudicase a la periodicidad anual. Así pues, el calendario lunisolar germánico parece ser que insertaba un mes adicional de verano cada tres años, para compensar esos 11 días de desfase anual. Esto parece coincidir con los grandes festivales que se celebraban un Uppsala y Lejre cada nueve años, y dudo que se trate de una casualidad. Es más: creo que se trata de la prueba de que, en nuestra cultura ancestral, el tiempo también era sagrado.
En resumen: nuestro Pueblo conocía los solsticios y equinoccios astronómicos, y de eso no hay duda, pero las festividades estacionales paganas conmemoraban cada trimestre del año sin que coincidiesen necesariamente con solsticios y equinoccios, sino siguiendo las fases lunares. Si entendemos que es en el solsticio de invierno cuando el ciclo solar y el lunar se igualaban, como hemos dicho antes, los meses podían oscilar un intervalo de unos 28 días. Teniendo presente todo lo anterior, parece ser que Yule, en realidad, se celebraba un mes (o más) pasado el solsticio, probablemente coincidiendo con la luna llena del segundo mes de Yule o  Jólmánuðr. Es decir, entre el 5 de enero y el 2 de febrero de nuestro calendario moderno.
Según Nordberg, el arqueólogo que mencioné al inicio de este largo y tedioso artículo, la festividad de la Epifanía (en España, el día de los Reyes Magos) sería una aproximación cristiana al calendario pagano germánico. La “luna de Yule”, sigue diciendo, sería el hito pangermánico que determinaría la festividad de Yule y el resto de ceremonias estacionales cada año.
Y, este año, por ejemplo, ¿cuándo sería apropiado celebrar Yule, de acuerdo con el calendario lunisolar? Pues exactamente el 31 de enero. Por desgracia, hoy en día no parece que tengamos mucho tiempo para mirar al cielo nocturno y así poder calcular nuestras festividades anuales, y parece que nos conformamos con celebrar las ceremonias de acuerdo con nuestro calendario habitual. Sinceramente, mi deseo es que esto cambie algún día y retomemos el concepto de "tiempo" de nuestros antepasados, dándole el valor sagrado que siempre tuvo el propio tiempo, y la consideración del sol y la luna como herramientas que los dioses nos enseñaron a usar. Hasta que los sacerdotes de la Antigua Fe estemos en condiciones de poder volver a este viejo camino, nuestro Yule coincidirá con el Solsticio, lo que tampoco está mal -de momento-, aunque sí espero que, al menos, os planteéis el hecho de ver Yule como una ceremonia solsticial. No será por falta de datos...

¡Feliz Yule y un próspero año 2.018!

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