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viernes, 18 de noviembre de 2022

¿VALQUIRIA O VALKYRJA? EVOLUCIÓN Y SIGNIFICADO DE LA DONCELLA GUERRERA (Parte I)

 

Bueno, pues aquí me tenéis de nuevo. Ya, ya lo sé, parecía que este blog estaba muerto, pero no es así. Lo cierto es que llevo un tiempo sin ganas de publicar nada, tal vez por la escasa repercusión que tiene este modesto espacio, o quizá sea por el nulo feedback que recibo, lo que resulta ciertamente desalentador. Aun así, continúo con mi senda de estudio, y, siempre que halle la presencia de ánimo para escribir, así lo haré. De todas formas, si habéis posado vuestros ojos en estas líneas, tenéis mi agradecimiento. Intentaré publicitar mis artículos por las redes sociales (a las que soy evidentemente alérgico), y a ver si entre tod@s reflotamos este proyecto.

Hoy vamos a tratar de analizar una de nuestras figuras míticas más populares, atendiendo a su significado, a su evolución histórica y a la utilización que, de la misma, se ha hecho por nuestras tribus desde la Edad del Hierro hasta hoy día: me refiero, como el título bien indica, a la Valquiria. ¿O es Valkyrja? ¿Son sinónimos, o definen figuras distintas? Vamos a comprobarlo.


Artista: Kráka Gúnnarsdottir (Instagram: @fiskrart)

Antes de continuar, ¿sabéis el significado del término Psicopompos? Esta palabra de origen griego se usa en las ciencias que estudian las mitologías para definir a las criaturas cuya función es acompañar a las almas de los recién fallecidos al más allá. Obviamente, las valquirias tienen esta función, y es una labor de sobra conocida. Pero ¿qué más define a una valquiria? ¿Qué se os viene a la mente al leer la palabra “valquiria”? Tal vez forméis la imagen de una joven hermosa, probablemente de largos cabellos dorados, quien porta un yelmo alado, un vaporoso vestido, y tal vez una lanza y un escudo, ¿me equivoco?

Bueno, pues, para sorpresa de nadie, hay grandes diferencias entre lo que denominaremos como “valquiria pop” y su homónima de la Edad del Hierro, a la que nos referiremos con el término en Nórdico Antiguo, Valkyrja (en singular Valkyrja, en plural Valkyrjur). Sin embargo, la intención de este artículo no es devaluar la imagen actual, sino mostrar estos cambios como una evolución que se produce en consonancia con los cambios sociales de nuestro Pueblo a lo largo de los siglos.


Artista: Carol Phillips (fuente: Pinterest)

¿QUÉ ES UNA VALKYRJA?

Voy a tomar como base de este análisis el trabajo de Luke John Murphy [i], quien reconoce la dificultad de identificar una Valkyrja en las fuentes originales: no es tan simple como decir “es un espíritu femenino armado, así que debe ser una Valkyrja”, puesto que tenemos varias clases de espíritus femeninos que portan atributos guerreros, como algunas Dísir y Nornir, Fylgjur y Draumkónur, por ejemplo (un poco más adelante explicaré esos términos para quien no los conozca). Para diferenciar la figura de la Valkyrja del resto de espíritus femeninos, vamos a explicar su primer rasgo definitorio, que es, lógicamente, el significado de su nombre: la palabraValkyrja proviene de dos términos en Norreno:

·         Val-, que deriva del sustantivo Valr, “caídos en batalla” o “caídos con violencia”;

·         -kyrja, que deriva del verbo Kjósa, “escoger entre dos opciones” (recordad que sólo la mitad de los muertos en batalla van al Valhöll con Odín: la otra mitad van con Freyja al Folkvángr, el “Jardín de las Huestes”)

VALKYRJUR Y DÍSIR

Hoy día, l@s Odinistas de todo el mundo celebramos una ceremonia donde honramos a todos los espíritus femeninos (incluidas las Valkyrjur), sea antes de Ostara como indicaba Snorri (en lo que se denomina como “tradición Sueca”), sea en otoño como mencionan otras fuentes ( “tradición Noruega”). Ahora bien, las fuentes de las que disponemos en la actualidad parecen indicar que, en la Edad del Hierro (Siglo V antes de nuestra Era - Siglo V de nuestra Era aprox.), las Valkyrjur no eran dignas de ser honradas, por lo que se podría pensar que éstas se hallaban por debajo del resto de Dísir en la jerarquía sobrenatural. Esto es curioso, ya que autores como Jan de Vries [ii] proponen utilizar el término Dísir para referirse a todas las entidades femeninas sobrenaturales. Aun así, podríamos establecer algunas diferencias de base entre unas y otras, ya que las Dísir, en su conjunto, están ligadas a la protección de un lugar concreto, a la fertilidad, y a una unidad familiar o clan, al contrario que las Valkyrjur, quienes, como veremos a continuación, están ligadas a la muerte y, a lo sumo, a la “protección” de un individuo concreto hasta que éste cumpla con su Destino.

La confusión se extiende si tenemos en cuenta que, en muchos textos antiguos, no se usa el término Valkyrja para hablar de ellas, sino que se usan metáforas y epítetos que parecen refutar el concepto de que también son Dísir. Pondré algunos ejemplos:

·         En la Edda Poética, para hablar de las Valkyrjur Brynhildr y Sigrún se usa el término Herjans Dísir (“las Dísir de Herjan” –que es uno de los nombres de Odín-);

·         En el Krakumál, un poema del siglo XII que narra la muerte de Ragnar Loðbrók, se atribuye a Ragnar esta frase, justo antes de morir: “Dísir del Salón de Herjan, invitadme a casa”.

·         En el Helgaqviða Hundingsbána I, estrofa 16, vemos que se hace referencia a Sigrún y sus compañeras como Dísir Suðrœnar, “Dísir del Sur”, aunque ya se las describe con evidentes atributos de Valkyrjur, pues llevan caballos que vuelan, portan armas, armaduras y cascos, y deciden el resultado de una batalla.

Tras estos ejemplos, podemos pensar que las Valkyrjur son Dísir, aunque tal vez de un tipo específico y diferenciado del resto.

Pero ¿son las Dísir un grupo homogéneo? Naturalmente que no. Si dejamos a un lado a las Valkyrjur como un “caso especial”, tenemos diferentes tipos de espíritus femeninos que son considerados Dísir sin ninguna duda. Por ejemplo:

·         Nornas: aquellas que tejen el Destino de  mortales y Dioses por igual, siendo las más famosas Urðr, Verþanði y Skuld, pero que, ni por asomo, son las únicas, ya que se trata de un grupo innumerable de espíritus.

·         Dísir “estándar”: espíritus femeninos que favorecen la fertilidad y están atadas al paisaje y/o a familias y clanes.

·     Fylgjur: la Fylgja personal de cada individuo, su espíritu protector, que tiene dos formas de manifestarse, sea como animal “totémico” o con forma de mujer.

·         Draumkónur: de este grupo es del que menos información tenemos, y en el término de Draumkóna se incluiría a todo espíritu femenino que se manifiesta en sueños, generalmente para dar consejos y avisos, y que no pertenece a ninguna de las categorías anteriores.

Como ya se ha mencionado antes, durante la Edad del Hierro no hay evidencia de culto específico a las Valkyrjur en sí, aunque existen evidencias del culto a las Dísir. ¿Por qué? Si tratamos de relacionar ambos grupos de espíritus, nos daremos cuenta de que las Valkyrjur comparten ciertos rasgos con las Dísir más “agresivas”, como la Norna Skuld, pero no sucede así con las Dísir “fértiles”; además, ya se pueden ver las características que las diferencian del resto, como tener un rol activo en batalla, su vínculo con la muerte, el hecho de llevar armas y armadura, o el de estar asociadas con un individuo específico, y no con un colectivo.

Para sintetizar todo lo expuesto, cito las palabras de Luke J. Murphy: se podría decir que “Valkyrja” es un kenning (especie de epíteto) para un tipo de Dís.

¿VALKYRJUR PROTECTORAS?

Pero ¿están las Valkyrjur siempre ligadas a la muerte? Tenemos indicios que podrían apuntar en otro sentido. Voy a mostraros la imagen de una talla, en un carro de madera hallado en el túmulo funerario de Oseberg (Vestfold, Noruega), a ver lo que os parece:

Fuente: www.thornews.com


El carro que ostenta esta escena está datado en torno al verano del año 834 de nuestra Era, y, como veis, representa a un jinete y su caballo que se enfrenta a un guerrero a pie, armado con lo que parece un Sax, y cuyo brazo es retenido por una tercera figura, claramente femenina. ¿Está la mujer impidiendo este ataque? Y si es así, ¿se trata de una Valkyrja protegiendo al jinete? No podemos saberlo con seguridad, aunque sería una interpretación de la escena. Para ofreceros más elementos de juicio, habría que tomar en consideración el contexto del hallazgo de Oseberg, esto es, un barco y ajuar funerarios para dos mujeres, de clase alta, siendo una de ellas usuaria de magia.

Curioso, ¿verdad? Si dicha interpretación fuese la correcta, tendríamos un elemento nuevo para añadir al concepto de Valkyrja: el de espíritu protector de algunos guerreros. Pero ¿por qué haría eso la supuesta Valkyrja? ¿Acaso no es su labor permitir que los guerreros mueran en batalla? ¿O es que está evitando esa muerte porque su “protegido” no está destinado a morir aún, y lo intenta ayudar para que el guerrero pueda cumplir con su Destino en tiempo y forma? Repito que se trata de mera especulación, pero creo que, como poco, da que pensar.

LA VALKYRJA EN SU CONTEXTO HISTÓRICO

¿De dónde proviene el mito de la Valkyrja? Para hablar de su origen y profundizar en su significado, considero imprescindible tomar en cuenta el contexto histórico de la Edad del Hierro para las tribus Germánicas. Durante este período, que abarca prácticamente un milenio, la casta guerrera de nuestras tribus se organizaba mediante las llamadas “bandas de guerra” (denominadas también Mannerbünde en alemán, o Commitatus en lengua latina), un sistema probablemente heredado de los pueblos Indoeuropeos y que consistía en la creación de lazos entre un jefe de clan y sus guerreros mediante juramentos, que obligaban al guerrero a seguir a su líder hasta la propia muerte, y que obligaba al jefe a honrar a sus guerreros mediante prebendas y beneficios sociales (estatus elevado en la jerarquía del clan). Estas “bandas de guerra” ya estaban familiarizadas con la figura de la Valkyrja, debido a que, como seres humanos, buscaban respuestas a su Destino tras la muerte en batalla, y la imagen de la Valkyrja les transmitiría cierto grado de seguridad y valor, convirtiéndose en una seña de identidad de esta élite guerrera, tan importante a nivel espiritual como podían serlo el caballo o la espada en el plano físico.

Nuestro Panteón no es sino el reflejo espiritual de nuestra sociedad material, por lo que evoluciona junto a nosotr@s a lo largo de los siglos. En la Edad del Hierro, los gobernantes de las tribus Germánico-Nórdicas vivían en “salones”, y así nuestros Dioses y Diosas lo hacen también. Siguiendo este patrón, los destinos de las almas tras la muerte también tenían que poseer un orden o jerarquía similar al orden terrenal de la sociedad, pero, para extenderme a este respecto, tengo que mencionar a un viejo conocido de este blog…

¿NOS LA VUELVE A JUGAR EL BUENO DE SNORRI?

Ay, Snorri, Snorri,…

Escribe así el señor Sturlusson en la estrofa 36 de su Grímnismál:

Hrist y Mist

El cuerno me llevarán;

Skeggöld y Skögul,

Hlökk y Herfjötur,

Hildi y Þrúði,

Göll y Geirölul,

Randgrid y Radgrid

Y Reginleif,

Éstas llevan cerveza a los Einherjar.

Según Snorri, como veis, las Valkyrjur sirven la cerveza y las viandas en el Valhöll, y son enviadas por Odín a las batallas para escoger a los valientes que han de convertirse en Einherjar. Pero en ese orden. En otras palabras, Snorri les asigna el rol de “camareras celestiales” en primer lugar, y les deja como rol secundario su papel de psicopompoi. Pero es que este cambio es aún más acentuado si tenemos en cuenta que Snorri ni siquiera las describe con armas o armaduras. En cambio, disponemos de muchas otras fuentes donde sí que mantienen su estética guerrera y sus atributos marciales: por ejemplo, en el Hákonarmál, donde se especifica que las Valkyrjur llevan lanzas, o en el Helgaqviða Hundingsbána I, donde leemos que su armadura “está cubierta de sangre”.

Desde mi humilde opinión, y como ya intuiréis, creo que este tipo de omisiones son deliberadas, porque ya hemos asistido más de una vez a este tipo de… “licencias creativas” en la obra de Snorri. Pero ¿por qué hacer este cambio? Bueno, podríamos darle una explicación, y es que Snorri busca imágenes que les resulten familiares a su audiencia, y dicha audiencia no somos nosotr@s, sino los primigenios consumidores de poesía escáldica, o dicho de otro modo, una pandilla de cortesanos Nórdicos, ya profundamente cristianizados, aunque sucesores de la tradición guerrera de sus ancestros paganos; y, así como ya “olimpizó” nuestro Panteón, ahora nos presenta unas Valkyrjur que no escandalicen a su audiencia y que resulten familiares a la misma. A este respecto, ya escribí un artículo desgranando la interpretación de Snorri sobre la Antigua Fe, y os dejo el enlace al mismo a continuación, por si queréis ojearlo: AQUÍ.

Así pues, si nos quitamos de encima el consabido presentismo, podemos comprender por qué Snorri trata de dar a entender que su interpretación de los mitos es la única válida, con ese Panteón unificado y estandarizado, con un Hél lóbrego e incómodo (que no malo, pero sí desasosegante), un Valhöll brillante y próspero, o un Náströnd terrible, última morada de quienes desafían el orden establecido. Detengámonos ahora en el Valhöll que nos describe: nos lo presenta como el reflejo celestial e idealizado de las castas guerreras, la cristalización de  la ideología guerrera patriarcal: y, en dicho contexto, ser servido en banquetes por mujeres de alto estatus social (no por esclavas, no os equivoquéis), ayuda a la cohesión social y al fortalecimiento de la jerarquía.

Y, para no cargaros en exceso, lo dejaremos en este punto. Dentro de muy poco publicaré la segunda parte de este artículo, donde trataremos el rol de las Valkyrjur como enlace entre lo humano y lo divino, su rol en el campo de batalla, y donde también hablaremos de SEXO. ¿He aumentado el hype? A ver si es verdad. ¡Os espero en la segunda parte!


[i] L.J. Murphy, Herjans Dísir: Valkyrjur, Supernatural Feminities and Elite Warrior Culture in the Late Pre-Christian Iron Age.

[ii] J. de Vries, Altgermanische Religiongeschichte, vol. 2.

viernes, 21 de mayo de 2021

ESPECIAL ANIVERSARIO: Algunos pensamientos sobre el sacerdocio Odinista

 

A finales del presente mes de mayo, este humilde rincón Odinista cumple siete años. Cómo pasa el tiempo,... Y tras este tiempo transcurrido, y después de más de 55.000 visitas (las cuales os agradezco encarecidamente), creo que es bueno detenerse siquiera un instante, echar la vista atrás con el orgullo de ver cómo ha crecido lo que, allá por el 2.014, dio su primer paso vacilante, sin saber si a alguien le podría ser de ayuda lo que tenía la pulsión de compartir; muchos artículos, algunos más exitosos y otros algo menos, pero sobre todo lo que más me animó a continuar fueron las muestras de ánimo y apoyo que me habéis brindado a lo largo de todo este periplo. Las palabras se quedan cortas para poder expresar toda mi gratitud, así que creo que el mejor modo de hacerlo es continuar escribiendo y publicando, con la misma ilusión del primer día.

Pero no es esta la única efeméride que quiero celebrar con el presente artículo, ya que hace poco caí en la cuenta de que llevo ya 20 años ejerciendo de Góði, y eso sí que es un aniversario redondo. Y, precisamente por eso, he creído conveniente hablaros un poquito sobre lo que es la labor sacerdotal en el Odinismo, habida cuenta del interés que suscita la figura del sacerdote entre las nuevas generaciones de Odinistas: saber lo que significa ser Góði, de dónde viene esta figura y cuál es mi visión personal del sacerdocio enmarcado en nuestra Fe. Tal vez, este artículo sea un poco más denso que de costumbre, pero creo que os gustará. Vamos a ello.


Seis años ha de esta foto, en otros lugares, en otro contexto, pero con la misma ilusión entonces que ahora  


El término Góði, en la obra A Concise Dictionary of Old Icelancic, es definido como “sacerdote pagano, jefe”. Podemos encontrar esta palabra en textos tan antiguos como una piedra rúnica hallada en Northuglen (Noruega) y datada en el siglo V de la Era Común, donde puede leerse la palabra GUDIJA, que es la transcripción fonética del término Gótico Gudja, palabra de la que proviene el término Góði, y que también se traduce como “sacerdote”. La palabra Nórdica, que es la que más se ha extendido, tiene el plural Goðar, y el femenino Gyðja (que, a su vez, tiene el plural Gýdjur). Os comento todo esto porque estoy bastante cansado de escuchar a hispanohablantes referirse al plural de la palabra como “godis”, o referirse a una sacerdotisa como “la godi”, y creo que deberíamos usar el lenguaje con propiedad. No quiero decir con esto que todo el mundo debiera saber hablar Norreno, pero al menos sí que deberíamos intentar utilizar bien la terminología cotidiana en la que usemos estas palabras: por ello siempre abogo por castellanizar la terminología Odinista en la medida en que sea posible, y así evitar actitudes pedantes.

Así pues, hablar del Góði actual, o de la figura histórica, es hablar de un sacerdote pagano Germánico-Escandinavo, pero, como siempre sucede, no podemos generalizar un asunto tan complejo, puesto que no todas las tribus Germánicas tenían el mismo concepto del sacerdocio, y sus propios conceptos van evolucionando con el discurrir de los siglos y las circunstancias geográfico-históricas de cada tribu concreta. Por ejemplo, durante la Edad Media, en Islandia y en Noruega los Goðar eran líderes religiosos pero también políticos, aunque en Dinamarca y Suecia parecieron delimitarse al ámbito religioso en exclusiva.

 

ANTES DEL GÓÐI: EL SACERDOCIO GERMÁNICO PRECRISTIANO

Pero antes de hablar del  Góði que tod@s tenemos en mente, debemos remontarnos al antiguo sacerdocio Germánico, para lo cual hemos de remitirnos a textos escritos por los Pueblos que cohabitaron con nuestras tribus, como el famoso Germania de Tácito, donde se nos cuenta que los sacerdotes Germánicos tenían la misión de reunir a la Asamblea, imponer castigos, guardar los símbolos sagrados y los lugares de culto (tales como arboledas sagradas) y, aunque Tácito no lo mencione expresamente, podemos leer entre líneas su conexión con los sacrificios públicos, ya fueran estos de animales o humanos.

El soldado Romano Ammianus Marcellinus, quien vivió en el siglo IV de nuestra Era, escribe en su obra Rerum Gestarum que los Burgundios tenían un “sacerdote jefe”, cuyo cargo era vitalicio. Jordanes, historiador del siglo VI, nos cuenta que los Godos elegían a sus sacerdotes de acuerdo con su nobleza, y el monje Beda el Venerable explica que los sacerdotes de los Anglos no podían llevar armas o montar a lomos de caballos, sino sólo yeguas.

El propio César nos hace ver que el sacerdocio Germánico no estaba tan eficientemente organizado como sí lo estaban los Druidas Celtas: si bien, parece que había cierto grado de organización, bajo la presidencia de un sacerdote “jefe” (de nuevo este término, que no me gusta: Tácito lo escribía como sacerdos civitatis), aunque las dos mayores diferencias con los Druidas serían:

                     Mientras que, en los Germanos, el sacerdote sólo ejecutaba las decisiones de la Asamblea de su tribu, los Druidas tenían en sus manos la administración de justicia.

                     Los sacerdotes Germánicos tenían responsabilidades públicas y estaban atados a su tribu; los Druidas, no.

 

EL GÓÐI  ESCANDINAVO

Los Goðar Nórdicos tenían asignadas unas zonas de influencia, llamadas goðorð, en las cuales desarrollaban sus funciones sacerdotales y sociales. Dichas zonas eran consideradas como posesiones materiales, así que se podían heredar, regalar o compartir. En su propio  goðorð, ya fuese exclusivo o compartido con otros  Goðar, el sacerdote generaba y fomentaba fuertes lazos con la comunidad adscrita a dicha zona, y no sólo oficiando ceremonias, sino también organizando banquetes y concediendo regalos a su gente, porque de esta manera se aseguraba de compartir la riqueza de su  goðorð. Además, el  Góði presidía el Þing, el sagrado Consejo, intermediaba en disputas entre sus seguidores a modo de árbitro o juez, oficiaba ceremonias y realizaba sacrificios para honrar a los Dioses. A cambio, los integrantes de su  goðorð acudían a él buscando protección, consejo o beneficios materiales. Esta preeminente posición se hacía patente en que el  Góði era el guardián del Anillo de los Juramentos, que solía guardarse en un templo y que el  Góði portaba en las Asambleas y ante el que, cualquiera que quisiera intervenir, debía realizar un juramento ritual invocando a Freyr y a Njörðr.

Representación de una ceremonia pagana Nórdica, por J. L. Lund (Fuente: Wikipedia)


Con la llegada del cristianismo en el período de la conversión Islandesa, los  Goðar pudieron retener su poder político y sus funciones de jueces y protectores de sus comunidades, pero perdieron el poder religioso, que les fue arrebatado por los curas cristianos. Pero antes de que Islandia sucumbiera a dicha fe, podemos ver que este rol dual del sacerdote (político y religioso a la vez) venía de muy lejos, ya que, para las antiguas tribus Germánicas, la ley, la sociedad y la religión estaban íntimamente relacionadas y no se podía concebir una sin las otras.

En cualquier caso, es obvio que una de las principales atribuciones del  Góði era mantener su propio templo “privado”, en torno al cual se celebraban las ceremonias religiosas en beneficio de su comunidad. Un ejemplo de esto lo encontramos en la piedra rúnica Glavendrup, en Dinamarca: este monumento, datado en torno al 900-950 de la Era Común, recuerda a un  Góði llamado Alli, “respetado jefe del templo”, y pide a Þórr que santifique estas runas, enfatizando el vínculo entre el dios y dicho sacerdote.

Durante varios siglos, Islandia no fue gobernada por ninguna monarquía, y el mecanismo de gobierno tradicional eran las Asambleas. Durante todo este tiempo, era misión de los  Goðar dirigir las ceremonias estacionales y los ritos de paso de sus comunidades, y también presidir las sagradas Asambleas, adquiriendo así el papel de canal de comunicación entre la comunidad y sus dioses.

Asimismo, también tenemos constancia de la existencia de la versión femenina del sacerdote: la sacerdotisa o Gyðja. Al parecer, ellas enfocaban su labor a realizar ceremonias “privadas”, es decir, en hogares de familias que así lo solicitasen, para llevar a cabo, por ejemplo, ritos de paso familiares o sacrificios puntuales, en oposición al culto público que realizaban sus contrapartidas masculinas.

 

EN RESUMEN...

Tras todo lo expuesto, se puede ver claramente que el sacerdocio, ya fuera el primigenio sacerdocio Germánico o el posterior Escandinavo, era una institución tribal con responsabilidades públicas o comunitarias, como reunir a la Asamblea, mantener los lugares de culto, o impartir justicia.

 

EL GÓÐI HOY

Hasta ahora hemos tratado la figura histórica del sacerdote/sacerdotisa, pero ¿somos lo mismo hoy día que hace mil quinientos años? ¿En que se asemejan nuestras funciones de las de nuestros primigenios predecesores? ¿En qué diferimos? Obviamente, a partir de aquí se perderá la objetividad de lo expuesto, ya que lo que a continuación escribiré es una opinión, y os aseguro que podréis encontrar modos variopintos de ejercer el sacerdocio y, en algunos casos, hasta contradictorios los unos con los otros. Pero ya sabéis que nuestra Fe huye de verdades absolutas, que todo depende de la experiencia vital de cada cual y de sus puntos de vista, y es mi deseo que conozcáis los míos propios.


El sacerdote Hilmar Orn Hilmarsson oficia una ceremonia en Reykjavik (Islandia) en 2.012 (Fuente: El País)


1.                  El Góði / la Gyðja de una comunidad determinada es, por encima de cualquier otra consideración, EL LÍDER ESPIRITUAL de dicha comunidad, con la inmensa responsabilidad que tal tarea conlleva. Pero recordad que el sacerdote o sacerdotisa lo son porque SU COMUNIDAD ASÍ LOS RECONOCEN: sin comunidad, no hay sacerdocio. Si alguien dice ser sacerdote, pero no tiene a su lado individuos que lo respalden, entonces no es nada, y coincidiréis conmigo si atendemos a las diferentes labores sacerdotales (porque esto de ser sacerdote o sacerdotisa es algo dinámico e implica un compromiso, no vale con decir “lo soy” y ya está), labores que ahora explicaré, si acaso de forma superficial.

2.                  El Góði / la Gyðja tienen la sagrada labor de COMPARTIR SUS CONOCIMIENTOS CON SU COMUNIDAD. Esto incluye resolver dudas sobre las Eddas o las Sagas, poder explicar conceptos cotidianos como la muerte o nuestro concepto cíclico del tiempo, aconsejar siempre que alguien lo solicite, etc. Pero no sólo es esto, puesto que hoy día esta labor de compartir conocimientos puede hacerse mediante la música o los podcasts, así como mediante la escritura, ya sea ficción, ensayo,... o un humilde blog.

3.                  Si estamos de acuerdo en que El Góði / la Gyðja son líderes espirituales y deben compartir su saber, entonces es obvio que deben, en primer lugar, TENER LOS CONOCIMIENTOS (el estudio de nuestra Fe nunca acaba), y, en segundo lugar, deben SER CAPACES DE APLICARLOS, y esto se logra con dosis de liderazgo, mucha empatía y y cierta habilidad de comunicación.

4.                  Ya que son los transmisores de nuestros valores ancestrales y nuestras creencias, El Góði / la Gyðja tienen la obligación de EDUCAR A SU COMUNIDAD, del modo que consideren más oportuno. El orgullo de quienes ejercemos el sacerdocio es tener a nuestro alrededor gente instruida en materia espiritual que hayan aprendido gracias a nuestra labor. El buen hacer de un sacerdote o sacerdotisa se mide por los conocimientos que posea el individuo más ignorante de su comunidad.

5.                  Parecerá una perogrullada, pero El Góði / la Gyðja deben PROMOVER LA POTENCIA ESPIRITUAL DE SU COMUNIDAD, mediante el oficio de las ceremonias estacionales y los ritos de paso, pero también animando a su gente a tener un altar doméstico cuidado y atendido, y ayudándoles a confeccionar sus ceremonias y ofrendas privadas, o enseñando a los más pequeños oraciones para que aprendan a hablar con los Dioses con respeto y confianza, ya que una comunidad activa espiritualmente es una comunidad con una hamingja poderosa (para saber lo que significa este término, os paso el enlace a un artículo donde lo expliqué: pinchad aquí), y eso repercute en las vidas de todos los individuos de una forma positiva, como un escudo espiritual ante las entidades malvadas.

6.                  Aún se mantienen ciertas atribuciones de juez en el cargo de sacerdote, por lo cual El Góði / la Gyðja tienen el deber de OFRECER GUÍA Y CONSEJO ANTE POSIBLES CONFLICTOS INTERNOS, dando siempre el punto de vista que refleje nuestros valores tradicionales y nuestra concepción vital, y buscando la reconciliación entre l@s implicad@s para evitar la disgregación de su comunidad, siendo (en la medida de sus posibilidades) ecuánimes en sus consejos y evitando tomar partido por uno de los bandos en conflicto.

7.                  Una importante tarea es la de MANTENER LAS ZONAS DE CULTO, ya sea un templo, un local (en el caso de clanes urbanitas) o cualesquiera zonas de culto que sean utilizadas por la comunidad, aunque, en esta tarea, El Góði / la Gyðja deberían ser ayudados por todos los participantes en las ceremonias, y por lo general esto sucede así, pero no veo mal el recordarlo.

8.                  Como ya hemos señalado a lo largo del artículo, el sacerdocio era institución no sólo religiosa, sino también política y económica. Por ello, es bueno señalar que, en el mundo actual, LAS FACETAS POLÍTICA Y ECONÓMICA DEL SACERDOCIO ESTÁN OBSOLETAS. El Góði / la Gyðja ni pueden ni deben entrometerse en las opiniones políticas de su comunidad, ni tampoco en la administración de las finanzas de cada individuo: lo que prima en la relación del sacerdote o sacerdotisa con su gente es la confianza y la máxima de la libertad individual, que es irrenunciable: si se pierden cualquiera de las dos, la comunidad está abocada al fracaso, y con ella su guía espiritual.

9.                  Naturalmente, una labor que aún se mantiene es el deber de CONVOCAR Y PRESIDIR EL ÞING, sacralizándolo de un modo adecuado, asegurándose de que las personas que intervengan lo hacen de buena fe, sin animosidad entre ellos y tomando los juramentos que se requieran, si fuese preciso.

 

Bueno, espero haberos enseñado algunas cosas sobre nuestro sacerdocio, o al menos sobre cómo lo entiendo y lo vivo yo. Como siempre, espero vuestros comentarios, dudas, o lo que se os ofrezca. ¡Mil gracias por seguir visitando este blog!

 

NOTA: Este artículo está dedicado con cariño para Hrafna Hrafnhófði Gúnnarsson. La gente como tú está forjando el Odinismo que viene: nunca te rindas, Cabeza de Cuervo.

lunes, 12 de abril de 2021

Pálnatóki: la pervivencia del mito

 

Hace ya algunos años, decidí que sería provechoso escribir un artículo sobre el asunto que hoy os presento, y os diré por qué: se suele hablar mucho sobre las relaciones e influencias de determinados sistemas de creencias sobre otros, y el Odinismo no es una excepción. Y, aunque puede que algún día escriba algo sobre la influencia judeocristiana sobre algunos elementos de nuestra Fe  (que sería otro de esos artículos que me granjean enormes simpatías entre algunas personas, ya sabéis), hoy me voy a centrar en algo que está presente en cualquier religión y que, aunque nace en el seno de una cultura determinada, puede llegar a trascender y escaparse de su marco histórico-geográfico inicial: me refiero al mito.

¿A qué denominamos mito? Esta palabra viene del griego μūθoς, y significa “relato” o “cuento”. El mito siempre se refiere a un hecho excepcional , o a un conjunto de hechos prodigiosos, cuyos personajes son igualmente excepcionales en algún sentido. Dicho relato forma parte del acervo cultural/religioso del Pueblo en el cual surge, y suele tener una intención ejemplarizante (una forma de explicar las consecuencias de tal o cual comportamiento, o de ensalzar la conducta ejemplar), aunque en ocasiones el mito busca dar explicación a ciertos fenómenos o sucesos que no se puedan explicar de otro modo.

Ahora que hemos definido el mito, yo os planteo la cuestión que me motivó a escribir estas líneas: ¿puede algún mito Germánico pagano haber llegado a nuestros días, aunque haya evolucionado con el correr de los siglos? Indudablemente, la respuesta es sí, y tenemos muchos ejemplos de dicha pervivencia, algunos más obvios que otros, pero para ejemplificar esta idea he escogido un mito que os sonará a tod@s, un personaje conocido por gente de todas las edades, al que se le han dedicado canciones, películas, series animadas y un largo etcétera. Efectivamente, me estoy refiriendo a la figura de… Pálnatóki.

¿Pero cómo que no os suena? Venga, haced memoria. ¿No caéis en quién es? Bueno, os voy a dar algunos datos biográficos sobre este señor, para ver si consigo refrescaros la memoria.

Aunque en Norreno se le conoce como Pálnatóki (que se podría traducir como Tóki el Arquero), también recibe otros nombres, como Palnatoke o Tord Palnasson. Por los datos que sobre él han llegado a nuestros días, sabemos que nació en torno al 970 de nuestra era en la isla de Fionia (Dinamarca). Su padre, el Jarl Pallig Tokesson, le inculcó un profundo fervor por la Antigua Fe. Pálnatóki llegó a ser tutor del rey Svend I de Dinamarca, hijo de Harald Blåtand. Y aunque desconozco la fecha y las circunstancias de su muerte, dichos datos no son relevantes en esta exposición, ya que nos interesan mucho más sus acciones en vida.

Imagino que, aun con estos datos en mente, la figura de Pálnatóki sigue sin deciros nada, ¿verdad? Bueno, entonces os voy a contar con un poco más de detenimiento un par de pasajes de su vida, y a ver si así os refresco la memoria.

Una de las cosas por las que aún recordamos a Pálnatóki es porque, según nos cuenta la Saga Jomsvikinga, fue él quien fundó la hermandad mercenaria conocida como los Jomsvikingos, y quien instituyó y redactó sus leyes. Si no conocéis a los Jomsvikingos, os recomiendo que investiguéis sobre el tema porque es apasionante; de todas formas, me gustaría escribir sobre ellos en alguna ocasión, así que si queréis que lo haga, dejaos caer por los comentarios y me lo decís.

La segunda acción notable de Pálnatóki es que se le atribuye la muerte del rey Harald Blåtand (conocido en lengua castellana como Harald Dienteazul, cuyas iniciales en rúnico forman el símbolo de la tecnología bluetooth), mediante un flechazo certero. Al parecer, el abuelo de Pálnatóki, el Jarl Ottar, fue asesinado por Harald cuando éste invadió Götaland. Si a esto le sumamos que Harald fue un gran impulsor del cristianismo (o, más bien, de una suerte de sincretismo, aunque eso lo dejaré para otro momento) y que Pálnatóki era un pagano convencido, puede entenderse el odio que albergaba Pálnatóki contra el rey Harald, y que cristalizó cuando se convirtió en tutor de Svend Barba Ahorquillada, el propio hijo de Harald, a quien convenció para declarar la guerra contra su padre, recibiendo el mismo Pálnatóki la orden de ejecutar a Harald, y que, como ya sabemos, cumplió con eficiencia y (me imagino) con sumo placer.


Pálnatóki se prepara para matar al rey Harald Dienteazul, por Jenny Nyström (1895). Fuente: Wikipedia


Y estos dos hitos vitales, la fundación de los Jomsvikingos y el asesinato de Harald Dienteazul, aunque nos demuestran la sagacidad, la valentía y la ambición de Pálnatóki, no son precisamente los motivos de la fama de este arquero. ¿Y si os dijera que, si os cuento una anécdota de Pálnatóki, de repente sabréis quién es? Seguid leyendo, y ya veréis.

Según leemos en el Gesta Danorum (la historia de los reyes daneses escrita en el siglo XII por el monje Saxo Grammaticus), en cierta ocasión, el rey Harald pretende castigar y humillar a Pálnatóki por su negativa a convertirse al cristianismo, y le ordena que dispare una flecha a una manzana depositada sobre la cabeza de su hijo, mientras el chiquillo corría por una pendiente cuesta abajo. Como no podía ser de otro modo, Pálnatóki hace honor a su fama de buen arquero: dispara y da en el blanco, pero entonces Harald observa que Tóki guardaba otra flecha en la mano, y le pregunta por qué. El arquero responde: si hubiese errado el disparo, esta flecha era para ti.


Pálnatóki, por SparklinBurgndy. Fuente: DeviantArt


¡Por fin! Ahora sí que lo habréis recordado con total seguridad, ¿a que sí? Sólo que, hoy día, no lo conocemos con ese nombre, sino como… Agilaz, un personaje de la Þiðrekssaga. ¿No? ¿Tal vez como Guillermo de Cloudesley, de la famosa balada inglesa? ¿Quizás como Hemming Wolf, en la zona de Holstein? ¿O podría sonaros más con el nombre del héroe mítico más famoso de Suiza: Guillermo Tell? Vaya, ha costado pero al fin nos entendemos.

Al margen de bromas, ya veis que el tema del arquero y la manzana es recurrente a lo largo de los siglos en muchos territorios donde se asentaron tribus  Germánicas en algún momento de la Historia, aunque cambien tanto el nombre del héroe como sus circunstancias. Algo tiene esta historia que nos apasiona, el hombre justo que es forzado por un poderoso tirano a realizar un acto que parece imposible y que pone en riesgo lo más valioso, y el héroe cumple con su destino logrando la hazaña y frustrando las intenciones del malvado. Algo que inspira y que divierte, y que nos transmite una serie de valores ancestrales.

¿Hubo otro arquero infalible antes de Pálnatóki, tal vez en algún relato Indoeuropeo? No puedo afirmarlo ni desmentirlo, aunque parecería plausible. Lo que sí es cierto es que os he mostrado cómo el mito puede resistir el paso del tiempo y transmitirse de generación en generación, ignorando espacio y tiempo. Creedme cuando os digo que aún persisten muchos mitos de nuestro Pueblo, y es responsabilidad nuestra identificarlos y transmitirlos, como hemos hecho hoy con Pálnatóki, el primigenio Guillermo Tell.

¡Nos vemos en el próximo artículo!

lunes, 11 de enero de 2021

De panteones interesados, poetas tramposos y una cosa que se llama “henoteísmo”

 Vamos a empezar esta alocada década de los años veinte con uno de esos artículos que levantan ampollas entre quienes no gustan de complicarse la vida. En realidad, hoy había planeado escribir un artículo sobre los cambios religiosos que tuvieron lugar entre las tribus Germánicas durante la Era de las Migraciones y la Era Vikinga, para mostrar la evolución de la Antigua Fe a lo largo de dichos periodos, pero mientras me documentaba sucedió, como a veces ocurre que, entre la madeja de datos, hallé algunos hilos muy llamativos de los que podía tirar, y que discurrían de forma paralela a mi propuesta original, y pensé: bueno, puedo hablar sobre ello, pero buscando el enfoque actual, y, de repente, algo se iluminó en mi mente, y decidí rehacer el artículo, para escribir sobre un fenómeno que se da en nuestros días y que, por desgracia, es más que común. Enseguida sabréis a lo que me refiero.

Mucha gente con inquietudes espirituales se acerca al Odinismo con curiosidad e interés; pero, cuando empiezan a buscar material de estudio, una miríada de voces les sugieren estudiar las Eddas de Snorri Sturlusson. Y es entonces cuando, sin tener claro el contexto histórico del autor, ni la intencionalidad del texto (que la tiene), se leen aquello y empiezan a tener la idea de que el corpus de creencias Odinistas se halla en dichas obras: si lo preferís, para decirlo de otro modo y salvando las distancias, comienzan a ver en las Eddas una especie de “biblia Nórdica”. Y es por eso que escribo estas líneas: yo propongo huir de semejante simplificación. Cuando llevas estudiando tu Fe durante muchos años, y compruebas que este comportamiento está más que extendido y aceptado (y, en algunos casos, hasta alentado), puedes plantearte lo siguiente: ¿de verdad hay tantas personas que reducen nuestra Fe a esto, a creer que todas las tribus Germánico-Escandinavas creían en un Panteón conformado por dos familias (Æsir y Vanir), viviendo juntas en Asgarđ bajo el mandato de Odín? ¿O pensar que todos los guerreros van al Valhalla cuando mueren?

Pues hoy tengo intención de invalidar esa idea. Y paso a explicar por qué.



Retrato de Snorri Sturlusson (Fuente: Wikipedia)

Hoy día hay ciertos autores (1) que ven el proceso de evolución religiosa desde un prisma diferente. Es cierto que las tribus Germánicas compartían conceptos espirituales y tenían un vocabulario cultural común, pero la Antigua Senda no se puede comparar, por ejemplo, al Islam o al Budismo, ya que cada tribu era ferozmente independiente y no se pretendía homogeneizar dichas tribus bajo un elemento “aglutinante” como la religión, pues no había un líder religioso supremo ni dogmas que defender; así pues, en lugar de pensar en un único cuerpo de creencias, se debería hablar de algo así como una serie de “sistemas religiosos”, independientes entre sí pero con una raíz común y numerosos elementos idénticos (y, de hecho, desde hace unos años se empieza a hablar de religiones Germánicas). La prueba de esto la tenemos en que las creencias y su práctica religiosa varían en el tiempo y el espacio, amoldándose al entorno y las prácticas sociales, dependiendo de si la gente vivía en la montaña o el prado, en la costa o en el bosque, si eran agricultores, guerreros o cazadores, y del contacto que tuvieran con otros Pueblos vecinos.

De este modo, al igual que sucede con las leyendas populares, los mitos Germánicos también varían en su forma, que no en su fondo. Pondré algunos ejemplos:

·         la pertenencia de Skiđbláđnir a Odín o a Freyr;

·         la pertenencia del traje de pájaro a Freya o a Frigg;

·         la diosa más cercana a Odín, ya sea Frigg, Sága, Freya, Skáđi, etc.

Otro elemento que influye en esta mutabilidad de los mitos (y esto le va a escocer a algun@s) es la fluidez del intercambio cultural entre varias tribus Germánicas y sus vecinos, como los Celtas, los Sami, las tribus bálticas, Roma, Bizancio o el Imperio Carolingio. Así pues, en lo que respecta a la religión, no es fácil hablar de fronteras. Y este difuminado en el aspecto social también se aplica a los períodos históricos. Voy a tratar de explicarme: por ejemplo, aunque los petroglifos de la Era del Bronce en Escandinavia cesan abruptamente en la Era del Hierro Celta (500-350 A.E.C.), las imágenes del Sol y del barco como motivos religiosos sobreviven más de un milenio después.

Aparte de lo que hemos señalado hasta ahora, conviene incidir en un hecho que influye en el devenir del sentimiento religioso de nuestros ancestros. Y es que, en torno al año 500 A.E.C. (la fecha es meramente orientativa) se produjo un gran cambio en las creencias religiosas de los habitantes del Sur de Escandinavia. Esta evidencia comienza a ser ampliamente aceptada en los círculos académicos. Sea lo que sea lo que provocó dicho cambio, llevó a una reducción en las ofrendas de armas, joyas y alimentos que se realizaban en lagos, pantanos o a las afueras de asentamientos, y a un crecimiento en la “centralización” del culto, principalmente en torno a edificaciones controladas por una nueva generación de gobernantes/sacerdotes: las ofrendas, ahora, se solían depositar en torno a los salones destinados al culto. Curiosamente, este cambio coincide con un aumento de los conceptos patriarcales en la sociedad Germánica, y por tanto, un énfasis en la importancia de los Dioses varones asociados a la guerra, y una progresiva reducción en la importancia de las deidades protectoras femeninas asociadas a la fertilidad y a los espacios naturales con gran presencia acuática, como los mencionados lagos o pantanos. Dicho cambio de paradigma coincide con el desarrollo de una nueva élite militar aristocrática en el Sur de Escandinavia, con crecientes ambiciones nacionalistas que sobrepasaban el concepto de familia, clan o tribu, y unos nuevos gobernantes que pretendían perpetuar su poder incluso cuando no estuviesen físicamente presentes.



Cimientos de un templo dedicado a Thor y Odín en Noruega, datado en torno al siglo V (fuente: Archaeology News Network)


Esto debe llevarnos a sacar algunas lecciones de imperios como el Bizantino, o de religiones con vocación universalista como el cristianismo, que resuelven este asunto deificando a sus gobernantes. Y, claro, a poco que tengamos todo lo expuesto hasta ahora en cuenta, hay buenas razones para cuestionar la visión cosmológica presentada por Snorri.

El académico Terry Gunnell (2) planteó argumentos de que no hay evidencias suficientes para pensar que la mayoría de la población de la Escandinavia precristiana viesen a Odín como el dios más importante, porque el material arqueológico y toponímico apunta más bien a Þórr o a Freyr, dependiendo del lugar. Y, precisamente por eso, pienso que la visión del panteón que Snorri recoge habría sido conservada y transmitida por los escaldos, que eran el vehículo de la información de su época y que, no lo olvidemos, estaban al servicio de los gobernantes. En otras palabras, lo que yo entiendo es lo siguiente: los gobernantes pagan a los escaldos para extender y fomentar una determinada visión del panteón que fuese favorable a sus intereses terrenales, y que, a imagen y semejanza de los imperios vecinos, pretendía unificar las creencias de todo el territorio, presentando una visión de unos Dioses que conviven en un Asgarð “olimpizado”, bajo el mandato del cacique supremo, Odín.

Ahora bien, ¿querría esto decir que la población sólo adoraba a determinadas deidades en función de su lugar de residencia, estatus u oficio? Del mismo modo que sería ingenuo no creer que la gente no conocía a la mayoría de Dioses y Diosas, también lo sería el pensar que todas las deidades vivían juntas en una gran familia, como los mitos grecolatinos. Hay autores, como Philip Shaw (3), que sugieren que hay motivos para ver a ciertos Dioses asociados a una tribu, un área o un clan concretos, así como a una clase social determinada, y dichas deidades eran adoradas con múltiples propósitos. Si esto fuera así, los dioses predominantes para un pescador Sueco serían diferentes que los de un cazador Noruego, aunque ambos probablemente conocerían a los mismos Dioses y Diosas.

Pensemos ahora en la idea de “familia” de los Æsir que nos transmite Snorri. En realidad, en sus textos apenas se nos muestra como un clan unido, salvo en el Grímnismál, el Völuspá, el Lokasenna y el Þrymskvída: en el resto de textos, los Dioses aparecen llevando sus propias vidas privadas y gestionando sus propios intereses. Es más: podemos afirmar que los Dioses raramente trabajan juntos, salvo contadas excepciones en las que se reúnen dos o tres con algún objetivo común. Y es que, si nos ponemos a revisar los textos desde ese prisma, hasta el mismo Ragnarök parece algo desestructurado (y casi diría que forzado), Donde algunos Dioses mueren, otros se retiran y algunas deidades, como Freya, ni siquiera aparecen.

Llegados, pues, a este punto, casi que nos podríamos preguntar si todos nuestros mitos provienen del mismo entorno cultural, o por qué hallamos diferentes mitos en entornos distintos, donde los guerreros siguen el mito Odínico de grupos jerárquicos que se reúnen, festejan y combaten, mientras que la mayoría del pueblo, que vive en entornos rurales, cultivan los mitos centrados en, por ejemplo, Freyr y Þórr.

Pero es que aún podríamos rizar el rizo. Supongamos que aceptamos esta premisa, y demos por válido que, en lugares como Islandia o el Oeste de Noruega, existían unos mitos centrados en Þórr como señor supremo del resto de Dioses: estos mitos deberían explicar el origen del mundo y la Humanidad en términos referidos a Þórr. Pero entonces ¿qué pasó con esos mitos? Vamos a pensar en Þórr por un momento: mata gigantes con su martillo, cierto, pero a la vez dicho martillo consagra, ya sean runas, un sacrificio o un lugar determinado; también se le asocia a árboles, playas y cursos de agua (esto lo sabemos gracias a la toponimia); y también vemos que, en las historias de Þórr hay una patente ausencia de otros Dioses, lo que nos habla de su nula dependencia de otras fuerzas, y podemos entender que sus habilidades y funciones son muchas y muy variadas, dominando el aire o el rayo del mismo modo que el ganado, y siendo invocado tanto para proteger a viajeros como para consagrar un matrimonio. Es un gran protector, y los Islandeses paganos usaron su figura para oponerse a los misioneros cristianos (y por eso hoy muchísimos Odinistas llevan al cuello precisamente un Mjölnir, y no otro símbolo).

He puesto como ejemplo a Þórr por ser el más obvio, pero podría hacer lo mismo, por ejemplo, con Freyr: señor de las cosechas, del matrimonio, de la paz, señor supremo de los Elfos, supuesto ancestro del linaje de los Ynglingos y de la tribu de los Ingvaeones. ¿Sucedería lo mismo con otros Dioses, como Týr, Njörð o Ullr?

Debemos reconocer algo: nuestra visión actual de los Dioses está bastante predeterminada por los escritos de autores como Snorri Sturlusson, o Adán de Bremen, y por los estudios de académicos como Dumézil. Pero la verdad es que no existía una rigidez en las clases sociales de la Escandinavia precristiana, como en ocasiones parece que estos autores se empeñan en presuponer, ni en las profesiones ni en el rol social de cada individuo (por ejemplo, un granjero podía hacer las veces de jefe tribal, sacerdote o juez, en función del momento y las necesidades de su comunidad). Y ese es el motivo de que nuestros Dioses y Diosas sean tan polifacéticos. Y esa, la causa de que muchos autores (y yo mismo) ya no se refieran a la antigua religión Germánica como “politeísmo”, sino que se empieza a hablar del término “henoteísmo”, un curioso palabro que define a una creencia religiosa con multitud de Dioses, en la que el fiel decide a cuántos de dichos dioses adora.

Exactamente lo que ocurría en la sociedad Germánica precristiana.

Y exactamente como lo hacemos hoy en día, pensadlo: en nuestras familias y clanes, cada núcleo religioso suele adorar a los Dioses y Diosas que más tengan que ver con su lugar de residencia, o con las profesiones de sus integrantes, y el/la sacerdote/sacerdotisa de la comunidad, aunque conozca casi todo el panteón, tenderá a enfocar sus ceremonias a unos Dioses concretos.

Nada nuevo bajo el Sol. Pero, en ocasiones, obviamos lo que tenemos delante precisamente porque se trata de una actitud cotidiana, y me llamó mucho la atención que, sin pretenderlo, siguiésemos emulando a nuestros ancestros en este aspecto, lo que me hace pensar que el Odinismo, como religión que pretende reconstruir la Antigua Fe Germánica, sigue avanzando de forma positiva. Vamos, que algo estamos haciendo bien... aunque sea de forma inconsciente.

En fin, me pareció algo interesante que contaros, ya me diréis si os ha resultado entretenida su lectura (4).

¡Nos vemos en el siguiente artículo!





(1): Thomas A. DuBois, Nordic Religions in the Viking Age, 1.999

(2): Terry Gunnell, How High Was the High One? The Roles of Oðinn and Þórr in Pre-Christian Icelandic Society , 2.018

(3): Philip Shaw, Pagan Goddesses in the Germanic World: Eostre, Hreda and the Cult of Matrons, 2.011

(4): Si deseáis ampliar información, os recomiendo la lectura del artículo que dio pie a este texto: Terry Gunnell, Pantheon? What Pantheon? Concepts of a Family of Gods in Pre-Christian Scandinavian Religions, 2.015

viernes, 18 de diciembre de 2020

Una perspectiva diferente de Yule

 En ocasiones, me percato de que doy por sentado ciertos elementos básicos de nuestra Fe, dándose la circunstancia de que no siempre son tan conocidos (o sería más correcto decir "entendidos") como yo pueda presuponer. Y el mejor ejemplo que puedo dar sobre esto es nuestra más grande celebración: Yule. Creo que ha llegado el momento de escribir sobre ella.

Antes de entrar en materia, deseo a agradecer a K.L.B. que me propusiera la realización del presente texto: fuiste muy certera al sugerirme que escribiese sobre el tema. Confío en que las siguientes líneas os ayuden a quienes, como tú, sentís interés en el porqué y en el cómo de esta celebración.

Y es que, si nos ceñimos al porqué, habrá quien diga sin pensarlo en exceso "es una celebración eminentemente solsticial". Para estas personas, dejaré a continuación los enlaces a un extenso artículo que escribí hace tiempo en el que analizo mi punto de vista sobre este asunto, es decir, que no se trate de una celebración solsticial:

PARTE I

PARTE II

PARTE III

Y luego vendría el asunto del cómo, y, a poco que indaguéis en la red, descubriréis miles de páginas y blogs que hablan sobre el tema... y cada uno da una información distinta, y en ciertos casos hasta contradictoria. Hay quien propone una sola ceremonia, y hay quien habla de tres días, o doce, o trece; unos clanes honran a Balðr durante este tiempo, y otros a Freyr; hay quien celebra las uniones nupciales durante esta festividad, o quien organiza su þing anual enmarcado en estas fechas. Y, flotando en medio de todo, la ya habitual amalgama de luces, abetos, muérdago, regalos, alcoholes varios, y personajes tan dispares como el demoníaco Krampus o el orondo "Santa Klaus".

Sea como fuere, lo que es indudable es que se trata de una festividad muy importante para el Odinismo. Me dispongo, pues, a añadir mi tenue voz a esta inmensa cacofonía contándoos lo que Yule significa para mí. Huelga decir que quiero evitar la hipocresía de pretender que lo que os voy a contar a continuación sea una especie de "compendio de mínimos" en referencia al Odinismo a nivel mundial: ese barco ya zarpó hace mucho, y, quienes me seguís desde hace tiempo, sabéis que defiendo la independencia de las comunidades religiosas y la generación de tradiciones propias que se adapten a cada grupo, a su particular forma de pensar, de vivir la Fe, así como a sus circunstancias geográficas y personales. Obviamente, tod@s profesamos la misma Fe, y con ese marco como referente, os voy a dar mi versión de la fiesta, adquirida con los años de estudio y comprensión de la Antigua Senda. 

Acercaos, pues, al fuego, niños y niñas, que os voy a contar mi cuento de Yule...



Para empezar, os recordaré que nuestras ceremonias pueden tomar diversas formas, atendiendo a si las celebramos en soledad o en grupo, si lo hacemos en familia o en pareja, en casa o en el campo, etc. Hoy no hablaré sobre las ceremonias que los clanes hagan en su ámbito comunal, pues lógicamente esto depende de su cercanía y disponibilidad de tiempo y medios, y al ser Yule una fiesta de un cariz más familiar, me referiré a esta esfera más íntima de la Fe. De este modo, por poner un ejemplo, mi clan suele festejar una única ceremonia para honrar a l@s Dioses/as y a los espíritus, enmarcada por lo general en un par de días de convivencia y festejos. En cambio, en mi hogar la cosa es diferente, pues yo sigo la corriente que sostiene que Yule consta de TRECE días de duración (en Alemania este período se denomina Weihnachten), y estos días sirven como una especie de barrera entre un año y el siguiente. Por los motivos antes mencionados, no mencionaré ninguna fecha, pues creo que, hasta el momento, el Odinismo actual se ve forzado a enmarcar sus ceremonias tradicionales en ciertas fechas impuestas por un calendario cristiano, pero sí podemos considerar que Yule es el hito en el que se produce la transición entre años, y, por este motivo, podemos decir que es un período en el que se establece nuestro Destino para el año siguiente, determinado por los acontecimientos del anterior. 

La primera noche de Yule suele ser conocida como Noche de la Madre. Para los antiguos Sajones, esta noche sucedía antes del solsticio propiamente dicho, y como habréis intuido por su nombre, es una noche dedicada a Frigg. En ella, la mujer de la casa (si la hubiere) encarna a la Diosa, bendice a los presentes y da inicio a la festividad, ya sea encendiendo el alumbrado de colores, poniendo la última guirnalda al abeto, o simplemente ofreciendo brindis a Frigg y recibiendo las ofrendas familiares. En alguna de las noches siguientes, l@s niñ@s (y no tan niñ@s) de la casa recibirán una visita sobrenatural, que colmará de regalos a quienes hayan sido buenos, pero que también puede castigar a los malos,... La última noche de Yule es la que inicia el nuevo año (hablo de año a nivel espiritual, no del calendario, ya que el año nuevo se inicia, como es normal, el 1 de enero), y es en esta noche donde se forja el  ørlög individual y colectivo para el año próximo (para quienes desconozcan el concepto de ørlög, os invito a ojear este artículo, en el que lo explico al detalle: TERMINOLOGÍA ESCABROSA, PARTE III), y es por ello que es una noche en la que se realizan los juramentos más sagrados de todo el año, ya sea jurando sobre una copa sagrada (bragarfull) o tocando la cabeza del cerdo sacrificial (sonagöltr) -en mi clan no hemos sacrificado nunca un cerdo para Yule, y pido disculpas a quienes se horroricen ante esta práctica, pero es una costumbre que algunos clanes y familias realizan, y por ello he considerado interesante mencionarlo aquí-. Siempre se ha considerado este período como una época de "paz", aunque ya sabéis que los Odinistas no hablamos de paz, sino de equilibrio, y esto se debe a que se trata de una época en la que debe primar la introspección y la alegría, pues en estas fechas suelen suceder cosas extrañas y se pueden recibir mensajes en forma de sueños o señales a las que hay que atender, por lo que sí, es importante evitar conflictos personales que nos impidan atender a lo importante, y tratar de mantener lo que denominamos "la paz de Yule" ( jólafriðr).

Cuando os preguntéis a qué Dios/a debéis honrar en estas fechas, no dudéis de que el más importante es el propio Odín. ¿Cómo puede ser esto, siendo como es un dios de batalla y muerte? Pues así es. No olvidéis que uno de los heitir ("apelativos") de Odín es el de Jólnir: literalmente, es el espíritu de Yule, de esta celebración de cambio de ciclo, de muerte y renacimiento. Durante este período, el Señor de Asgarð sale del salón dorado de Valhalla, montando a su corcel Sleipnir, y seguido por sus fieles Einherjar, los guerreros que componen sus huestes, y acompañado por la diosa Holda, también conocida como Perchte, desciende hasta Midgarð para recorrer los cielos emitiendo terribles gritos de batalla... Esta tradición se ha mantenido hasta la actualidad, a lo largo y ancho del continente Europeo, aunque la gente no suele conectar las leyendas actuales con su origen Germánico: en España, la Cacería Salvaje de Odín dio lugar al mito de la Santa Compaña, leyenda principalmente cantábrica; en Suiza, hay pequeñas aldeas donde en Yule se dejan abiertas la puerta principal y la trasera de las viviendas, para que la Cacería Salvaje atraviese el hogar sin dañar a sus moradores. Para evitar su ira, es tradicional dejar ofrendas, en forma de comida, bebida o regalos, a las afueras de las casas durante todo Yule, bien en el suelo, o bien colgando dichas ofrendas en los árboles cercanos. Y aunque a quienes no son Odinistas esta visión les puede parecer lúgubre y aterradora, no comprenden que la Cacería Salvaje pasa porque al hacerlo deja tras de sí abundancia y fertilidad en los campos: como siempre os digo, en nuestra cosmogonía no existen el bien absoluto ni el absoluto mal, sino que todo tiene una parte luminosa y otra oscura.

Pero claro, ya que Odín toma un papel tan temible, debe haber alguien que nos proteja y nos alegre durante estas celebraciones, ¿y quién puede ser? Pues ni más ni menos que el mismo Señor del Trueno,  Þórr, que en esta época nos visita, con su crespa y rojiza barba, montado en su carro tirado por sus inseparables cabrones, Tanngrísnir y Tangnjóstr, colándose en las casas y dejando regalos... Creo que ya veis de donde viene el mito de Santa Klaus, ¿no? Es por ello que esta fiesta esté muy relacionada, sobre todo en Escandinavia, con la figura de la cabra. Por ejemplo, en Suecia aún hoy es común decorar los árboles de Yule con pequeños adornos que representan a la "cabra de Yule", o Julböcken. Y en Alemania es bien conocida la figura del Krampus, un ser con forma de cabra maligna que secuestra a l@s niñ@s que no se han portado bien, al estilo de un maligno "anti-Klaus". Me consta de clanes en los que algún adulto se disfraza de Krampus y recorre las casas amenazando a los infantes que hayan tenido mal comportamiento durante el año que acaba, pero éstos pueden redimirse enfrentándose al monstruo y mostrándose dignos del favor de Þórr: de esta forma, ya desde bien jóvenes aprenden el valor de la valentía y comprenden que sus actos siempre tienen consecuencias. 



Pero, además de la cabra, hay otra bestia sagrada que tiene gran protagonismo durante estas fechas: el jabalí, como animal sagrado de Freyr, señor de la fertilidad y la luz, y también rey de... los Elfos, exactamente. En algunas zonas del continente, los más jóvenes de un clan se disfrazan de jabalíes y van por las casas regalando espigas de grano bendecidas, que traen prosperidad al nuevo año, y a cambio los moradores les obsequian con dinero, dulces y regalos.

Otro estereotipo de estas fiestas es el hecho de reunirse con la familia en torno a un buen fuego, y sí, esto también tiene un origen pagano, pues, según nuestras creencias, es mejor estar reunidos en un hogar cálido e iluminado cuando se pone el sol...  En las noches de Yule, pululan por el exterior los muertos y fantasmas que se sienten atraídos por la llamada de la Cacería Salvaje, pero que, al no ser dignos de cabalgar junto a Odín, vagan llenos de resentimiento, junto a otros seres espirituales igual de desdichados y peligrosos, como los trolls y los Elfos Negros. Aunque no todos los espíritus que vagan durante las noches de Yule son malignos: los Elfos Oscuros, espíritus familiares atados a algún túmulo o lugar sagrado y encargados de protegerlo (no confundir Elfo Oscuro con Elfo Negro, por favor), se dejan ver en sus moradas, bailando sobre la nieve y festejando, a su manera, la venida de un nuevo año, acercándose a sus familiares vivos y protegiendo a la familia que, durante estas fechas, los recuerdan con amor y los añoran. Pero ¿cómo hacer para mantener a raya a los espíritus malignos sin cerrar la puerta a los espíritus familiares y amistosos? Los clanes islandeses utilizan una ceremonia: durante la Noche de la Madre, la mujer que encarna a Frigg enciende velas en los rincones más oscuros del hogar, abre todas las puertas y ventanas, enciende el fuego y sale al exterior de la casa, donde recita lo siguiente:

Komi þeir sem koma vilja,

Veri þeir sem vera vilja,

Og fari þeir sem fara vilja,

Mér og mínum meinalausu.

Para quienes prefieran el castellano, se podría traducir como "Vengan quienes deseen venir, quédense quienes deseen quedarse, y marchen quienes deseen marcharse, sin daño para mí ni los míos". 

Ya veis que los muertos son, por lo general, bienvenidos en Yule, pero no sólo ellos, sino todos aquellos espíritus familiares y guardianes (como los tomtes, los kóbolds, etc), y estos espíritus también se merecen una ofrenda por cuidar de nosotr@s y nuestras familias durante todo el año, así que para que sigan contentos, no os olvidéis de darles su ofrendas, que os recomiendo sean en forma de dulces, bebidas como el vino especiado o el ponche, o tabaco.

Ahora hablemos de un elemento base en la imaginería de la fiesta: los árboles. Pero en primer lugar no voy a hablar de abetos: a ellos me referiré más adelante, pues hay árboles que son aún más importantes y simbólicos que los propios abetos, como es el caso del manzano. No olvidemos que la bebida típica de Yule es la sidra. Es tradición depositar las sobras de los banquetes de estas fechas junto a estos árboles, lo que garantizará una gran cosecha en el año que está a punto de comenzar. Pero ¿por qué el manzano? Pues porque la manzana es la fruta que representa la inmortalidad y el renacimiento (no os olvidéis de la figura de la Diosa Iðunn durante vuestras ofrendas). 

Antes de seguir repasando la flora típica de Yule, y aprovechando que hemos mencionado la sidra, os contaré que en ciertos lugares se prepara una cerveza muy potente sólo para Yule: una de las cervezas más fuertes del mundo se llama Sanniklaus y tiene 13.5% de alcohol, y sólo se prepara para ser comercializada en Yule. Dichas cervezas tienen un gran poder mágico y se pueden guardar el resto del año para ser utilizadas en ceremonias de Gálðr, Sejðr o videncia rúnica (si no os suenan estos términos, vuelvo a dirigiros a otro artículo bastante antiguo ya que seguro que os ayuda a entender de lo que hablo: HABLEMOS DE MAGIA). 



Pero volvamos al asunto de los árboles. Hay una tradición muy arraigada en algunas partes de Europa que consiste en decorar el interior de las casas con ramas de árboles de hoja perenne. Junto con el manzano, el tejo es otro gran protagonista de Yule, pero dicho esto, debo advertir algo: es mejor no meter sus ramas en casa, porque tanto la corteza como sus bayas y sus hojas son muy venenosas, y deben mantenerse alejadas de niñ@s y animales. Un gran sustituto, bastante más común y conocido, es el muérdago, que tiene un gran potencial simbólico, y que es más seguro que el tejo, aunque sus bayas también sean venenosas,...

Ahora sí, vamos a hablar sobre el famoso abeto, que es utilizado hasta por familias cristianas a lo largo de todo el mundo. El Árbol de Yule es una tradición Germánica continental (y que quede claro que dicha tradición sólo llegó a Escandinavia hace aproximadamente un siglo, al contrario de lo que pueda parecer). En época precristiana, los abetos se dejaban en el exterior, vivos, pero con la cristianización de las tribus Germánicas, llegó la ridiculización de las antiguas tradiciones, y el temor de dejar ofrendas y adornos para honrar a los Dioses y los espíritus a la vista del vecindario, con lo que los árboles eran talados e introducidos en los hogares. Hoy día, el Odinismo prefiere respetar los árboles: si existe la posibilidad de mantener uno vivo en el exterior, es el momento de engalanarlo y darle protagonismo; si no es así, hay muchos modelos de árboles artificiales que podemos adquirir  para meter en casa. La decoración típica puede incluir huesos, piedras talladas con runas, conchas, plumas, cabras hechas de paja o ramitas,... Si sois manitas y se os dan bien las manualidades, podéis recortar en cartón o papel imágenes de cisnes, jabalíes, caballos o pequeños drakkars. Antiguamente, el árbol se iluminaba con velas, pero personalmente recomiendo usar las bonitas ristras de luces eléctricas que se pueden encontrar en cualquier bazar para evitar incendios. En la copa del árbol, hay quien pone un águila (igual que el gran águila que anida en la copa del Yggdrasil), pero puestos a imbuirnos del espíritu de estas fechas, yo os recomiendo poner un dragón o algo similar, para darle un toque más legendario a la decoración típica. Asimismo, la decoración de ruedas solares elaboradas con ramas de pino y piñas también es algo muy tradicional y vistoso.

¿Y qué sucede con los animales domésticos en estas fiestas? En Yule, los perros y gatos deben comer lo mismo que comen las personas, y es tradicional que duerman en el interior de los hogares, pues su presencia suele ahuyentar a los malos espíritus.

Por último, y aunque ya lo hemos mencionado de pasada, el fuego es un elemento muy importante en Yule. En vuestras casas, si no podéis tener una chimenea donde poder quemar el clásico tronco de Yule (un enorme tronco que pueda arder durante toda una noche en los días de las grandes celebraciones), podéis usar velas en su lugar: yo suelo tener una vela encendida continuamente junto al árbol de Yule durante las trece noches que dura Yule, generalmente de color rojo o verde.

Bien, pues creo que con estos datos os he dado una perspectiva ligeramente diferente a lo que podéis encontrar por Internet sobre estas fiestas, y así, os he dado algunos elementos con los cuales enriquecer la visión  que ya tuvieseis de Yule. O, al menos, tal era mi intención... Y, como siempre, si queréis que aclare algún punto, estoy a vuestra disposición en los comentarios. Y, antes de acabar, permitidme desearos a tod@s un feliz Yule y un próspero año nuevo. Pensad que, a pesar de que este año ha resultado pésimo para la Humanidad, eso sólo puede desembocar en que el nuevo año va a ser mejor sin más remedio, así que como suelo decir, lo mejor está por llegar. Reid, disfrutar de la comida y la bebida, pero sobre todo de la cercanía de familiares y amigos (en la medida de vuestras posibilidades y siempre con seguridad, ya sabéis), bailad y recuperad un poco de la ilusión de l@s niñ@s, que estoy seguro que os lo merecéis. En pocos días se tejerá vuestro Destino en el telar de las Nornas, y estoy convencido de que las hebras del 2.021 brillarán como el oro.

¡Mucho ánimo y felicidad! ¡Nos vemos el año que viene!