lunes, 23 de enero de 2017

MÚSICA Y FE

Ante todo, quiero felicitar el nuevo año a todos los que visitáis mi blog, deseando que sea feliz, próspero y pleno para tod@s. En lo que respecta a este modesto espacio de opinión y difusión de la antigua fe de nuestro Pueblo, debo decir que me complace haber recibido ya más de 10.000 visitas: todo un triunfo, en mi opinión. Si bien es cierto que este pasado 2.016 no he publicado tanto como hubiera sido deseable (por lo que pido disculpas de corazón), trataré de organizar mejor mi exiguo tiempo libre para poder así hacer gala de la periodicidad que este proyecto se merece. Dicho lo cual, es hora de inaugurar este flamante 2.017 con otro artículo.
Desde hace un tiempo, me he percatado de que comienzan a asentarse ciertas opiniones, sobre todo en Odinistas maduros, al respecto de algo que, a priori, parece un asunto menor, y que sin embargo considero importante: la relación entre la música y el Odinismo. Y es que, al parecer, hay un sector de personas que opinan que los medios de comunicación asocian la práctica de nuestras creencias con un estilo musical, concretamente el Viking metal y el Folk Metal: estas personas entienden que la asociación entre nuestra fe y estas manifestaciones musicales dan una imagen de los Odinistas en su conjunto que dista mucho de la realidad. Pues bien, escribo hoy aquí para dar mi opinión al respecto, y, por qué no, leer las vuestras, si deseáis plasmarlas en la sección de comentarios.
En primer lugar, y para no llevar a engaño a los lectores, he de confesar que soy un fanático seguidor de los estilos musicales antes mencionados: en mi caso, fue gracias a esta música que descubrí la fe que hoy profeso con orgullo, y no me da ningún reparo reconocerlo. Sin embargo, y a pesar de esta realidad, es comprensible que haya gente que no comparta mis gustos musicales, cuyas circunstancias no son las mías, y que tienen otra sensibilidad. Supongo que esta empatía surge con la edad, y cuando uno empieza a peinar canas, puede hacer el ejercicio de atender a otros puntos de vista...
En cualquier caso, no voy a hacer aquí un monográfico sobre Viking/Folk metal: si alguien tiene interés, que me lo proponga, y puede que me decida a hacerlo. Pero hoy no quiero desviar la atención del asunto que subyace en la preocupación de nuestros veteranos Odinistas. No hace falta ser muy avispado para entender sus cuitas: según la opinión general, esta música no respeta los cánones clásicos, y las actuaciones en vivo pueden parecer violentas, y en algunos casos propensas a fomentar el consumo compulsivo de alcohol, así como ciertos conceptos asociados a nuestras creencias y que pueden inducir a errores. Amigos “metaleros”, esto es así aunque no nos guste. Y debemos esforzarnos en explicar el porqué de las cosas.
Por ejemplo, la opinión generalizada de que esta música suele tener componentes racistas, xenófobos y/o ultra nacionalistas se debe a la fama que adquirieron ciertos individuos, relacionados con este tipo de música, y el referente más obvio es, sin duda, Varg Vikernes. Pero no olvidemos que su notoriedad la adquirió por asesinar a otro músico y verse involucrado en la quema de iglesias en la Noruega de los noventa. Si alguien escucha los discos de Burzum, banda formada exclusivamente por Varg, descubrirá que, si bien muchos de sus temas son ramplones y repetitivos, en algunos subyace una espiritualidad vibrante. Por ello, apreciar al señor Vikernes como artista no quiere decir justificar sus barbaridades. No olvidemos que el mismísimo Sveinbjörn Beinteinsson, el Alsherjargóði de Islandia que sentó las bases del Odinismo moderno, colaboró en una pieza de Burzum, llamada Hávamál, que recomiendo encarecidamente. Por ello, puedo afirmar que, como músico, respeto a Varg Vikernes y soy un gran seguidor de su grupo Burzum; como ideólogo político y orador panfletario, lo considero como el delincuente que fue y cuyos actos me repugnan.

Sveinbjörn Beinteinsson (fuente: YouTube)

Otro caso completamente distinto sería el del los archiconocidos Amon Amarth. Aquí nos encontramos con una banda que practica un estilo musical que no tiene, a nivel instrumental, ninguna influencia de los sonidos folk otorgados por instrumentos como gaitas o zanfonas: practican un Death Metal técnico y potente: como suele decirse, “sin concesiones”. Sin embargo, sus letras hacen un repaso exhaustivo de nuestros mitos, nuestro panteón y la visión romántica que aún tenemos sobre los vikingos: de ahí, que a sus conciertos no vayan solamente adolescentes Odinistas y amantes del mundo vikingo, sino también aficionados al buen Death Metal, y eso genera un público heterogéneo y con una forma de vestir y de sentir la música apasionada, visceral, y ante todo, un público sediento de vida y pletórico de energía. De ahí esas impresionantes imágenes de conciertos donde miles de jóvenes parecen combatir unos contra otros en un cuerpo a cuerpo desenfrenado y regado con alcohol. Pues bien, yo he estado en muchos conciertos de Death Metal, y de hecho yo mismo soy cantante en un modesto proyecto musical enmarcado en ese estilo, y ya ven, ni he muerto ni he sufrido daños: reconozco que, visto desde fuera con los ojos de alguien lego en estos menesteres, la imagen de un wall of death puede ser impactante, pero se trata de un modo de expresarse y de sentir la música y la vida. Con respecto al alcohol, y teniendo en cuenta los precios de las bebidas en un festival medio, la norma es que no se pueda beber en exceso, así que tal vez haya gente que se haya llevado a engaño sobre este asunto: naturalmente que se bebe, sobre todo cerveza, pero nada fuera de lo normal, en mi opinión. Volviendo específicamente a los Amon Amarth, tal vez su mayor mérito con respecto a nuestra Fe se halle en la labor de difusión que realizan (consciente o inconscientemente) hacia un público que, de otro modo, no conocerían la Historia de nuestro Pueblo. Dicho lo cual, no olvidemos dos cosas: primero, que Johan Hegg, cantante y frontman de Amon Amarth, se ha declarado en varias ocasiones como un ateo convencido y que simplemente es un entusiasta de la cultura y tradiciones precristianas nórdicas, por lo que a nivel personal no le tengo aprecio en absoluto aunque su música me guste. Segundo, la visión de Amon Amarth de nuestros mitos y dioses es una visión personal de su autor, un tanto estereotipada, al igual que el uso que hacen de la imaginería bárbara y vikinga (en la última gira, su escenario estaba decorado con un enorme yelmo... coronado por dos enormes cuernos).

Bonito casco gigante... y preciosos cuernos...

Como ya digo, a poco que uno indague y se documente, la perspectiva sobre estos estilos musicales puede cambiar, y aunque no se pueda llegar a apreciar su sonido, el investigador intuitivo podrá descubrir que los aficionados a este tipo de sonidos y de temática no son todos una horda descerebrada de brut@s violentos y engullidores de cerveza, y que este tipo de música puede llegar a ser muy espiritual y aportar conocimientos y remover conciencias: a nadie se le escapa que, aunque sean un puñado de grupos los que copan las noticias y se llevan todo el prestigio, tras ellos hay una verdadera legión de bandas con un saber hacer y unas ganas tremendas, y por supuesto con un respeto y cariño hacia nuestra Fe y tradiciones que expresan mediante su arte. En el caso de España, gente tan sobresaliente como los madrileños Pimeä Metsä (a quienes he tenido el placer de conocer y de comprobar su simpatía y humanidad), o los catalanes Northland, que son verdaderos artistas, o la promesa incipiente de los granadinos Wyrmslayer, que con potencia y alegría saben transmitir las ideas y valores de la Antigua Senda.

Atentos a este nombre, amantes del Viking Metal, porque dará que hablar

Y aún habrá quien se plantee: “de acuerdo, pero a mí no me gusta el rock: ¿dónde están los compositores de música clásica Odinistas?” Bien, pues dejad que os diga que el resurgir del auténtico Folk y los sonidos tradicionales es un hecho. Y casi parece innecesario mentar a grupos como Wardruna o Faun, pero es comprensible que los amantes de este estilo musical, más pausado e introspectivo que el rabioso Metal, no puedan encontrar muchos exponentes de ese sonido: tal vez se deba al hecho de que nuestra juventud se identifica más con el sonido eléctrico fusionado con el tradicional, que aporta melodía y contundencia a partes iguales. Pero yo pienso que, en el futuro, cuando ya tengamos una tercera o cuarta generación de Odinistas, que hayan nacido y crecido en el seno de clanes y educados en las tradiciones de nuestro Pueblo, tendremos la ventura de ver Odinistas componiendo óperas, realizando series de animación, dando clases en la Universidad... y quién sabe, puede que hasta dirigiendo un país... El tiempo lo dirá.

¡Hasta el próximo artículo!

Wardruna en directo

miércoles, 24 de agosto de 2016

EL BARCO, EL TIMÓN,… Y ALGO MÁS: LAS SEIS METAS

“Goberné los barcos,
Y estando en proa,
Fui el señor único de todo el pueblo.”
Völsa Þáttr, estrofa 12

Hoy, para ilustrar la cuestión que deseo tratar, me serviré de un símil marinero. Se me ocurrió hace algunas semanas, cuando mantuve una animada charla con un veterano Odinista, llamado Jean-Pierre, que me aconsejó redactar y publicar esta entrada en mi blog.
Imaginad por un momento el océano. Inmenso y fascinante, fuente de alimento y de muerte. El océano es una metáfora perfecta para representar nuestras vidas. Al principio, en la playa de nuestra niñez, nos sentimos seguros, acompañados y siempre curiosos. Cuanto más avanzamos, más fría se vuelve el agua, y cuando dejamos de hacer pie, nos damos cuenta de que es muy difícil avanzar: las corrientes pueden arrastrarnos, la hipotermia es un peligro constante, y casi de modo instintivo, buscamos algo a lo que aferrarnos, una tabla que nos impida hundirnos. Y, en el caso de los Odinistas, contamos con algo mejor que una tabla: todo un barco. Nuestra fe.
Así que tenemos el soporte perfecto para mantenernos a flote, un majestuoso långskip, con una tripulación leal. Nuestro barco es sólido, tanto como nuestra fe lo sea, y no es fácil hundirlo. Pero el océano sigue siendo poderoso e indómito, y sin una guía, nuestros remeros pueden hacer que nuestra bella embarcación navegue en círculos. Todo långskip necesita un styri, un timón, que nos permita gobernar el barco a voluntad. ¿Qué podríamos considerar como nuestro timón en la fe? Para muchos Odinistas, la respuesta es clara: las Nueve Nobles Virtudes. Nos posibilitan darle una dirección a nuestro barco en el proceloso mar, pues actúan como un auténtico timón. No son obligaciones, sino guías, y eso es lo que permite enmarcar la ruta que deseamos tomar. Si no conocéis las Nueve Nobles Virtudes, hallaréis mucha información en la red: no voy a hablar sobre ellas hoy, aunque de momento nos baste con saber que tienen una función de guía recomendada.

Nuestro metafórico barco espiritual. Autora: Kráka Gúnnarrsdóttir (Instagram: Fiskrart)

Así pues, nos hallamos en este punto de nuestra metáfora: nosotros tomamos el rol de capitán (o Styrimaðr en nórdico antiguo) de nuestro hermoso långskip, nuestra fe, surcando el inclemente océano que es la vida y sorteando tormentas gracias a nuestra pericia con el timón (styri), que son las Nueve Nobles Virtudes. Estamos listos, sin duda. Pero ¿listos para qué? Aquí es adonde pretendía llegar. Muchos Odinistas se quedan en este punto, y si uno de sus marineros les preguntan “¿hacia dónde vamos, capitán?”, se quedan en blanco, o tienen respuestas genéricas, del tipo “¡pues a Valhalla!”, respuestas que no han meditado, que no se han planteado realmente. ¿Cuál es el objetivo en la vida de un/a Odinista? ¿Dónde está nuestro puerto?
Es por esto que hoy os hablaré de las Seis Metas. En un primer momento, fue Edred Þorsson quien las enunció en una de sus obras, aunque hoy día han tomado gran relevancia entre varios autores. ¿Y qué son las Seis Metas? Las podríamos entender como reflejos de las cualidades representadas en los dioses y diosas de nuestro Pueblo, cualidades por las que verdaderamente merece la pena luchar y morir. Nuestra fe, sus valores y principios, están enfocados sin duda a mantener y fomentar éstas. Ahora pasaré a enunciarlas y explicarlas, siquiera someramente, puesto que sólo adquirirán la profundidad en vuestra alma que vosotros queráis darle.

·         DERECHO. Meta auspiciada y alentada por Tyr. Se refiere al juicio de la tradición de nuestro Pueblo, enriquecido con nuestra propia inteligencia y sentido común. Es una meta racional: buscamos el gobierno de la racionalidad y la iluminación. Es el deseo de ver a nuestro Pueblo gobernado racionalmente.
·         SABIDURÍA. Meta guardada por Odín. Se refiere a la búsqueda del conocimiento, la curiosidad por saber qué se oculta en nuestra alma, en lo desconocido, aquello con la habilidad de mantener unidas todas las cosas, y que debe ser preservado a toda costa. Si la Sabiduría sobrevive, el resto del conjunto puede regenerarse. Es nuestro sentido de la aventura y nuestra curiosidad.
·         PODER. Meta promovida por Þor. Es una Meta “pivote” por así decirlo, pues sustenta dos metas unidas: la Victoria y la Defensa. El Poder siempre debe ser gobernado por la meta del Derecho y dirigido por la meta de la Sabiduría. No hay un beneficio en el Poder por sí mismo. Aquí se enmarca la alegría de la victoria, nuestra ansia de conquista y nuestro deseo de poder.
·         COSECHA. Meta auspiciada por toda la tribu Vanir. Es la recolección de los frutos de cualquier ciclo natural, aquello que mantiene saludable a la gente. También incluye los frutos de los ciclos económicos, la riqueza, el bienestar físico.
·         FRIÞ. Dominado por Frey y Freya. Es el estado de “calma” o “paz” que se alcanza al perseguir las Seis Metas y completar algunos ciclos. Es la esencia de la libertad, el crecimiento personal autogestionado y desarrollado de modo voluntario. El Friþ usualmente implica ausencia de guerra, pero no de conflicto, pues el crecimiento siempre requiere algún tipo de lucha.
·         AMOR. Ley vital vigilada por Odín y Freya. Es el amor completo, la lujuria y el erotismo. Es nuestro sentido del placer. Todo en esta meta es, por sí mismo, natural y bueno, pero sin su aspecto espiritual pierde su sentido. Aquí experimentamos el gusto por la vida, ese pozo de deseo desenfrenado que, si lo meditamos, descubriremos que se halla íntimamente ligado a la meta de la Sabiduría.

Ya veis que las Seis Metas están muy ligadas unas con otras, y no son más que los indicadores que deben sustentar los valores de nuestra fe.

Jean-Pierre (a la derecha), durante una agradable charla en el Templo de Gaut (Albacete)

Y así, de repente, cobra sentido el barco, su timón, su capitán y la lucha que mantiene contra el océano, que no es sino la senda que debe seguir… para llegar al puerto que son las Seis Metas.
Espero no haberme extendido en exceso. Comprendo que el tema es denso y puede ser un tanto críptico, y como siempre hago, me pongo a vuestra disposición para solventar cuantas dudas os surjan al respecto de las Seis Metas.Y, para acabar este artículo, me gustaría finalizar como empecé: con un fragmento de inspiración vikinga, y que creo que tiene mucho que ver con lo que hoy os he contado:

“Íbamos cabalgando,
Cada uno en nuestro barco,
Tomando el curso que quería el Destino,
Hasta que el Este alcanzamos.”

Atlakvída, estrofa 99

viernes, 1 de abril de 2016

REIVINDIQUEMOS EL TRISQUEL


Trisquel de barro. Obra de Fiskr Art               

Hace ya bastante tiempo, tuve una animada charla con un Odinista al respecto de simbología pagana. Mi contertulio, un Ásatrúar noble, pero de cortas miras, se obcecaba en la idea de que los Odinistas no debían usar el trisquel como un símbolo propio, puesto que se trataba, sin asomo de duda, de un elemento exclusivamente celta. Nunca conseguí que aceptara mis explicaciones al respecto, y reconozco que se trata de una espina que aún llevo clavada en mi conciencia y, por qué no admitirlo, en mi orgullo. Pasó el tiempo, y hoy día es bastante común que nuestros hermanos y hermanas en la Antigua Senda luzcan orgullosos ruedas solares de seis y ocho brazos, de un estilo eminentemente eslavo, sin que a nadie le haya molestado la adopción de este símbolo, en lugar de usar el tradicional germánico de cuatro brazos, debido sin duda al miedo que hoy provoca lucir un elemento considerado nazi por la mayor parte de la sociedad. Bien, no se oyen objeciones ante la adopción de esta interpretación de tan sagrado ideograma. Sin embargo, también abundan aquellos que suelen lucir un trisquel, ya sea estampado en una prenda, a modo de colgante, o tatuado en su cuerpo: ante estas personas yo sí que he escuchado objeciones. Este artículo está dedicado a aquellos de vosotros que penséis que se trata de un símbolo ajeno a la cultura germánico-escandinava. No, no, no pienso escribir un tratado arqueológico, que generalmente sólo conduce al tedio y no solventa dudas ni remueve conciencias. Porque lo que pretendo es eso: tocar alguna fibra de vuestro interior con un símbolo que aún denostamos, siendo uno de los más potentes en cuanto a mensaje y carga espiritual. ¿Queréis una explicación Odinista del trisquel? Seguid leyendo, entonces.

Rueda solar eslava o kolovrat (fuente: Wikipedia)

Según nuestra sagrada tradición, el mundo humano no es sino el reflejo del mundo divino. Pero actualmente, por desgracia, nuestro pueblo forma parte de una sociedad que persigue la “impersonalización”: todo es todo, nada es algo, todos somos todos, nadie es alguien,... Globalización, a fin de cuentas. Universalismo.
Como todos sabemos, existen diferentes tipos de dioses y diosas, del modo en que existen diversos tipos de personas, con distintas capacidades o aptitudes. Los dioses trabajan en conjunto persiguiendo un fin más elevado que sus motivaciones personales, y para llegar a ese Bien Común forjan relaciones armoniosas entre ellos, basadas en un antiguo y bien conocido concepto de jerarquía triple. Así pues, y según esta interpretación, podemos dividir a los dioses en tres grandes grupos (obviando, como es natural, su pertenencia a los Æsir o los Vanir, que en este caso es irrelevante), en función de sus capacidades: llamaremos a estos grupos Soberanía, Fuerza y Generación, usando la terminología de Edred Thorsson.
                     Soberanía. Se trata del poder del conocimiento, de saber qué es lo adecuado o lo correcto, y la capacidad de llevarlo a cabo satisfactoriamente.
                     Fuerza. El poder físico, empleado para reforzar el objetivo de la Soberanía y defenderlo de fuerzas hostiles que pretendan llevarlo al fracaso.
                     Generación. El poder de mantener el sustento esencial, la existencia continuada y el puro placer de la existencia, sin los cuales sería imposible que la Soberanía y la Fuerza cumpliesen con sus respectivos cometidos.
Estos tres grupos se mantienen en equilibrio del siguiente modo: la Soberanía debe guiar a la Fuerza, y la Generación sirve a los intereses de los tres grupos bajo la dirección de la Soberanía. Tal vez sea más fácil de comprender esta correlación con un ejemplo: el Sabio/Gobernante manda sobre el Guerrero, y el Trabajador provee para todos. Si este equilibrio se rompe, el desastre es inevitable. Si el Guerrero crece por encima del Sabio/Gobernante y el Trabajador, como pudo suceder en la Alemania nazi, sólo habrá guerra, destrucción y caos. Si lo hace el Trabajador, como ocurriera tal vez en la Unión Soviética, se produce rigidez y estancamiento. Si esto ocurre con el Sabio/Gobernante, las otras dos fuerzas reaccionan con caos hasta el restablecimiento del equilibrio, de modo similar a lo ocurrido durante la Revolución Francesa. Tres brazos de una misma figura, y los tres iguales, girando en la misma dirección para mantener la armonía del conjunto por encima de los intereses de cada brazo. ¿Veis por dónde voy?
No debemos interpretar estos patrones como “leyes naturales”, sino divinas: son las normas de los dioses que gobiernan la consciencia humana. Estas normas fueron inculcadas en nuestro pueblo con el triple regalo de Odín, Vili y Vé (Edda prosaica, capítulo 9), y la creación de los diferentes tipos de humanidad por Odín-Rig (Rigsthúla).
Si lo planteamos como un esquema “macrocósmico”,  dioses como Týr y Odín representan la Soberanía; Thor, la Fuerza; Freya y Frey, la Generación.
Pero también podemos plantearlo a un nivel “microcósmico”, individual y espiritual (como hiciera Platón con su concepción de las “tres almas”: irascible, racional y concupiscible): cada uno de nosotros tenemos una parte de Soberano, otra de Guerrero y otra de Trabajador. Está en nuestra naturaleza, como seres humanos, que sea uno de los brazos del trisquel el que apunte hacia arriba: el militar es Guerrero, el académico es Soberano, y el jornalero, Trabajador; también hay casos en los que hay dos brazos apuntando hacia arriba, invirtiendo el trisquel de nuestra alma: el artista marcial es Soberano-Guerrero, o el maestro de escuela es Soberano-Trabajador. ¿Cuál es nuestro propio campo o campos? Sin duda, para responder a esa cuestión es vital la guía de los dioses.
El reflejo de este concepto representado en el trisquel puede observarse incluso en nuestras ceremonias: el Góði/Gyðja representa el Soberano, la Valkiria o el Guardián representan al Guerrero, y los asistentes que ofrecen sus productos, al Trabajador. Y los tres son igualmente necesarios, actuando en conjunto para asegurar el éxito de la ceremonia.
Y de este modo, asumiendo el trisquel como esa representación tanto del orden cósmico como de nuestra propia alma y su triple identidad, estaremos persiguiendo, tal vez de modo inconsciente, la plenitud personal, así como el equilibrio de este mundo nuestro, tan dañado por conceptos universalistas que los cristianos impusieron a nuestro pueblo, robándole su soberanía espiritual, su poder físico y su apetito por la vida. Retomarlos es derrotar al Cristo Blanco en el único campo de batalla que debería importarnos: ¡nuestro corazón!.
¿Es suficiente motivo para lucir el trisquel?

¡Nos vemos en el próximo artículo!

jueves, 17 de marzo de 2016

DESENREDANDO EL CONCEPTO FOLKISH

El artículo que publico hoy aquí trata de un tema sobre el que debía haber escrito hace tiempo. Al tratarse de un asunto complejo y espinoso, he estado remoloneando para no escribirlo de forma precipitada, pero ya ha pasado demasiado tiempo desde que publiqué aquí por última vez, y creo que es importante que deje mi postura bien clara al respecto, dado que, de un tiempo a esta parte, se han sucedido en mi entorno interesantes debates sobre mi posicionamiento en referencia al Odinismo. Así que trataré, como siempre hago, de explicar esa forma de vivir mi fe que muchos tachan de intolerante o sectaria.
Estoy hablando de la corriente Folkish.
Todos los pueblos de este mundo tienen una religión que se interrelaciona con otros aspectos de su identidad, como la lengua o la cultura, que es propia de sus gentes y que, podríamos considerar, es el cauce más natural para la expresión de su espiritualidad. Por desgracia, y desde hace varios siglos, estas religiones nativas han sido desplazadas, asimiladas o, en el peor de los casos, directamente eliminadas por otras creencias espiritualmente “imperialistas”, foráneas en aquellos territorios donde se practicaba otro sistema de creencias que diese a un pueblo ese matiz de independencia y autodeterminación que tan molesto resulta para quien trata de dominar y controlar. Sin embargo, mientras la identidad étnica de un pueblo se mantenga, aunque sea de un modo leve, siempre existe la posibilidad de un renacer de su propia corriente ética.
El cristianismo, seamos claros, no es más que una cubierta artificial en nuestra sociedad. Posiblemente, a causa de ello, el mundo entero sufre hoy una profunda crisis de valores. Cunde el desánimo entre la población, que ya no considera la religión (da igual la que sea, hablo de modo genérico del sentimiento religioso) como algo útil para su desarrollo personal, aferrándose a ese feroz materialismo que pretende taponar con cosas la hemorragia de su alma.
El Odinismo de la corriente Folkish dice simplemente: regresa a la fe de tus ancestros. Sólo eso. No hay supremacismo, no hay revancha ni tampoco odio. Regresa a la fe de tus ancestros, seas de donde seas, pertenezcas al pueblo que pertenezcas. Retornando a la senda ancestral, el individuo simplemente está volviendo a un modus vivendi que funcionó para su pueblo durante miles de años antes de la llegada de esa cubierta artificial que conocemos como cristianismo. No se trata de adoptar un culto exótico que nunca ha sido practicado por tu cultura, como lo fue el cristianismo en su momento. La vuelta a las creencias de nuestros antepasados Odinistas, para el pueblo que dio origen a este modo de entender la vida, es como retornar al hogar materno tras años de ausencia. Es como poder mirar en nuestro interior, y ver nuestro corazón.
Pero para retomar esa senda, es perentorio rechazar otras formas de pensamiento que, aunque exóticas y a menudo interesantes, no nos pertenecen en modo alguno, y de este modo restablecer nuestra propia senda. Porque el Odinismo es la religión de nuestro pueblo. Eso quiere decir que el Odinismo es particular de este pueblo, de este grupo étnico (que lo somos, como cualquier otro, le pese a quien le pese), de todas las tribus germánicas que dieron origen a nuestra cultura: suevos, vándalos y godos en la Península Ibérica, y sajones, jutos, anglos, lombardos, escandinavos, y tantas otras que no enumeraré por no extenderme de modo innecesario. En primer lugar y de un modo preeminente, hay que profundizar en las sendas de nuestros antepasados, largamente olvidadas, aprender (o recordar) su sabiduría y su visión del mundo, y seguir su ejemplo. De nuevo, observamos que hacer lo que ya se ha hecho antes es algo que nos beneficia como cultura o como pueblo (y, de hecho, es la base de nuestro ordenamiento jurídico hoy día: Lo correcto es lo que ya se ha hecho antes). En un plano netamente espiritual, un individuo sólo debería hacer lo que es correcto. Apreciar lo propio no es despreciar lo ajeno, pero para discernir qué es eso que denominamos propio hay que desprenderse de lo que no lo sea. Nos enseñaron que aglutinar era lo correcto, porque quien enseñaba era un aglutinador nato: nuevamente me refiero al cristianismo.

El psicólogo Carl Jung, en su ensayo titulado Wotan, nos da un claro ejemplo del modo en que nuestros dioses permanecen en la sociedad aún hoy día, y cómo pueden volverse más presentes:
Los arquetipos son como cauces que se secan cuando el agua desaparece, pero que pueden hallarse nuevamente en cualquier momento. Un arquetipo es como una vieja corriente de agua por donde el agua de la vida ha fluido durante siglos, excavando un profundo canal para sí misma. Cuanto más haya fluido por ese canal, más fácil es que, antes o después, el agua vuelva a su propio cauce.

 Y así es como los dioses de nuestros ancestros han estado siempre con nosotros, y lo sencillo que resulta el hecho de que vuelvan. Son como una especie de código inscrito en cada fibra de nuestro ser: otros pueblos tienen otros códigos, eso es innegable, y éste es el nuestro. Nuestro código es beneficioso para nosotros, por la sencilla razón de que es exclusivamente nuestro -valga la redundancia -. De algún modo, en un contexto religioso, se trata de seguir nuestros patrones internos, en lugar de seguir sendas antinaturales para el individuo, por las que sólo puede uno abrirse camino siguiendo un dogma dictado desde fuentes externas.
En resumen, el Odinismo de la corriente Folkish enseña a tomar lo cercano para buscar lo sagrado que hay en ello. Debemos ser lo suficientemente sabios para darnos cuenta de que aquello que nos han vendido como “nuestra herencia” no es más que un culto oriental a la muerte, y hasta que no prescindamos de esas anteojeras, no podremos entender con plenitud lo que nos quiere decir el corazón. Nuestro rechazo no va contra una religión, ni contra una cultura, sino contra el sincretismo. Tenemos la noción de que somos un pueblo, formado por multitud de tribus, en un mundo formado por muchos pueblos, cada uno con su cultura y su fe autóctonas, y queremos reivindicarlo, del mismo modo que hoy día lo hacen el pueblo cherokee, o los mapuches, los inuit o los ainu. Eso suena coherente, ¿verdad? Pues cambiad el término cherokee por “francos”, cambiad mapuches por “alamanes”, inuit por “hérulos” y ainu por “turingios”. ¿Qué tal os suena ahora? Cuidado con la respuesta, no os vayan a tomar por folkish.
¡Os veo en el próximo artículo!

jueves, 3 de diciembre de 2015

GULLVEIG: LA DAMA OSCURA Y BRILLANTE

Bueno, pues al fin retomo la escritura, tras varios meses de ausencia e inactividad en este blog. Debido a diversos acontecimientos, he pasado por un período de introspección, tras haberme separado del que fue mi clan durante quince hermosos años. Como suele pasar, estos hechos obligan al individuo a pensar, a recapacitar sobre las acciones propias y ajenas, los fallos y aciertos en nuestro camino vital. Y como suele acontecer, tras el final de un ciclo se atisba el nacimiento de otro, en mi caso uno brillante y prometedor, pues he aprendido de mis errores y éstos me han fortalecido. Por ello, más que en las causas, deseo centrarme en las consecuencias que tal situación ha generado.
Y es que, mientras meditaba sobre este incidente, buscando como siempre la guía de los dioses, hallé en mis recientes devenires (salvando las distancias, lógicamente) ciertos paralelismos con la figura de una diosa bastante desconocida por el gran público, una figura preñada de oscurantismo y dobles sentidos, y me gustaría enseñar algo sobre ella a aquellos que no la conozcáis, así como comentar algunas de mis pesquisas al respecto. Pues puede que, en ciertas ocasiones, hayáis rezado a la diosa equivocada... ¿No me creéis?
Os presento a la dama Gullveig.
¿Pero quién es esta Gullveig? ¿Cuál es su papel en nuestra cosmogonía, por qué la recordamos? En el Völuspá se la menciona, aunque la referencia no parece ni muy clara ni muy positiva:

Recuerda al gran combate,el primero del mundo,
cuando a Gullveig traspasaron con lanzas,
y en la mansión de Hár la quemaron;
tres veces la quemaron, tres veces renació,
de nuevo, sin cesar, y aún sigue viviendo.

Heid la llamaban allí donde iba,
la sabia adivina, hacía conjuros,
hacía magia siempre, hacía magia en trance,
era siempre el deleite de las mujeres viles.

Después profundizaremos más en estas palabras (y, por qué no decirlo, la deficiente traducción al castellano que he escogido). En un primer momento, parece que fue Gullveig la que provocó “el gran combate, el primero del mundo”; también está claro que intentaron matarla, atravesándola con lanzas, y quemándola posteriormente, y ella sobrevivió; asimismo, queda claro que es una diosa fuertemente ligada a la magia.

La ejecución de Gullveig, de Lorenz Frolich

Así pues, tenemos a una diosa de la magia, al igual que Freya, que probablemente fuese una Vanir o una giganta, y que provocó el gran conflicto entre Æsir y Vanir. ¿Cuál fue el motivo? Por lo que he investigado, tiene que ver con la utilización que Gullveig hace de sus artes mágicas: al contrario que Freya, quien comparte sus conocimientos con los dioses y los pone al servicio de los Æsir, Gullveig es codiciosa y trabaja a cambio de oro. La prueba de ello la tenemos en su propio nombre: en la primera estrofa del Völuspá en la que se la menciona, se la llama por el nombre de Gullveig, cuya raíz, Gull-, significa “oro”, por lo que su nombre se traduce de muchas formas diferentes, todas ellas relacionadas con este metal: “Rama de oro”, “Bebedora de oro”, y otras muchas interpretaciones; pero hay más, y es que tras los tres intentos de ejecución a los que sobrevive, los dioses comienzan a llamarla Heid, que en nórdico antiguo se escribe Heiðr, y que se traduciría como “brillante”, “reluciente”, o utilizado en sustantivo, “honor”, una palabra relacionada por nuestros ancestros con el prestigio, y también con la riqueza. Como veis, el nombre de esta diosa es revelador, así como la historia que la acompaña, de la que destacaré dos puntos, a mi entender muy importantes.
En primer lugar, por la dicotomía entre su primer y su segundo nombres, observamos cómo los pueblos germánicos juzgaban la riqueza: por una parte la avaricia es mala, porque el acaparador consiente que le sobren los recursos aun cuando el resto de su clan tiene menos, lo que puede significar sufrir carencias por los miembros más desafortunados; por otro lado, la prosperidad económica es un poderoso símbolo de estatus social, algo necesario y deseable, pues cuando la reputación de un miembro de la comunidad crece, lo hace también el prestigio de la misma en su conjunto.
Por otro lado, tenemos el hecho de que, tras demostrarse sobradamente su capacidades mágicas, tan potentes que hasta le otorgan ciertos matices de una “inmortalidad” sui generis, los dioses la destierran fuera de Asgard, tal vez en las cercanías de Niflheim (aunque no en su interior, pues no está muerta), cerca de la arboleda de Mímir. Esto también es un reflejo de la actitud de nuestros antepasados con respecto a los usuarios de magia: a pesar de que eran respetados, y de que sus poderes eran solicitados de manera natural, no es menos cierto que, en la mayoría de ocasiones, estas personas vivían lejos de los núcleos de población, por lo general en páramos o en mitad del bosque. ¿Temor ante su poder? ¿Desprecio ante su supuesta avaricia? ¿O simplemente tradición?

La völva, en un sello de las Islas Feroe

Llegados a este punto, os voy a comentar por dónde iban mis pensamientos: no podía parar de darle vueltas a esa extraña frase al final de la estrofa 22 del Völuspá: “era siempre el deleite de las mujeres viles”. ¿Trataba Snorri Sturlusson de hacer un guiño a la Iglesia, acabando la descripción de una hechicera con una frase despectiva? ¿O acaso era una mala traducción? Busqué varias fuentes, diferentes traducciones, y todas acababan de un modo similar. Así que opté por ir directamente a la fuente, el texto original en Dönsk Túnga. La estrofa 22 dice así:

Héiði hana hétu hvars til húsa kom,
völu velspáa, vitti hon ganda;
seið hon, hvars hon kunni, seið hon hug leikinn,
æ var hon angan illrar brúðar.

Para hablar de la última frase no necesitaba copiar toda la estrofa, lo sé, pero al leerla, descubrí más cosas, que explicaré seguidamente, pero antes, la pregunta: ¿illrar brúðar significa literalmente “mujeres viles”? Pues no. Ni por asomo, según mi opinión. Brúðar se traduciría, según mis escasos conocimientos, como “novias”; illrar, por contra, sí se podría traducir como “viles”, aunque tal vez sería más correcto tomar la acepción “malignas” o “perjudiciales”. Es decir, que si aplicamos una visión odinista a la traducción, se podría hablar de unas mujeres con una serie de compromisos adquiridos similares al matrimonio (es decir, que han superado un rito de paso), y que tienen capacidad para hacer maldades, es decir, que son poderosas. Así visto, mi traducción puede ser más compleja, pero decir simplemente “mujeres viles” me resultaba hasta ofensivo.
Pero si observamos el texto en su conjunto, vemos que la traducción que he usado es igual de infame en toda su extensión, y el texto original oculta interesante información para el lector odinista. Esa extraña reiteración al final de la estrofa 22:

(…) la sabia adivina, hacía conjuros,
hacía magia siempre, hacía magia en trance,...

Donde dice “la sabia adivina” en realidad dice que es una völva que realiza Spå, es decir, que si tomamos el término völva como una generalización de “adivina”, podemos ver que en realidad Gullveig es una Spåkóna; lo de “hacía conjuros” es también inexacto: yo propondría “hacía Galðr”, me parece más cercano al texto original; por último, se menciona dos veces el uso del Sejðr por parte de esta desconocida diosa. Cómo cambian los matices cuando se acude a la fuente, ¿verdad?
Pues bien, ya que hablamos de interpretaciones, algunos expertos tratan de ver distintas facetas para una misma diosa debido a las similitudes entre Gullveig y Freya: ambas son maestras de Sejðr, Vanir, y tienen debilidad por el oro (no olvidemos que Freya es la dueña del collar Brísingamen, y su gusto por el oro es más que notable). ¿Hablamos de dos diosas diferentes? ¿O tal vez una diosa con dos facetas, una luminosa y hermosa y otra oscura y terrible? Es algo en lo que sigo meditando, y me encantaría saber lo que pensáis vosotr@s.
Pues con estos pocos datos espero haber arrojado algo de luz sobre esta interesante, desconocida y misteriosa diosa. Y si además he logrado enseñaros algo, pues mejor que mejor.

Gullveig, por Andrew Valkauskas

Y antes de acabar, os dejo un último pensamiento: el Völuspá, de donde he sacado el texto principal, se supone que es el relato que una augur realiza a petición de Odín, usando un tono grandilocuente y, en ciertos pasajes, decididamente hostil, sobre el origen y el destino de los Nueve Mundos. Esta profetisa no es una Norna, y tampoco es Freya. Conoce el origen del Universo y su final, como si siempre hubiese estado ahí, es decir, con un cierto matiz de... inmortalidad. ¿Quién podrá ser esta mujer? Hala, a leer y a pensar...

¡Hasta el próximo artículo!

viernes, 17 de julio de 2015

El Patronazgo de los dioses

     El moderno Odinismo continúa su proceso de crecimiento y de evolución. Al calor de sus distintas corrientes, surgen nuevas formas de espiritualidad, y, en algunos casos, sucede que formas antiguas resurgen en el momento propicio. Una de estas formas es la que hoy os muestro, y a la que nos referiremos como "Patronazgo". Imagino que much@s de vosotr@s os habréis topado en algún momento con alguien que haya afirmado estar "consagrado", por ejemplo, a Freya, o a Týr, y tal vez os hayáis preguntado: ¿qué significará eso de estar consagrado? Pues de eso trata este artículo. Eso sí, voy a evitar la palabra "consagración", porque la considero preñada de connotaciones cristianas (buscadla en el diccionario de la RAE y entenderéis a qué me refiero), y no creo que sea el término más adecuado: sinceramente, creo que la palabra más acertada es "Patronazgo", y es la que voy a usar para referirme a esta práctica. Pasemos ahora a definir qué es el Patronazgo, y para qué sirve.
     Como sabemos bien todos los odinistas, la relación que mantenemos con nuestros dioses y diosas es de familiaridad. Sin olvidar las buenas formas y el respeto debido, la interacción del ser humano con los dioses de nuestro pueblo es la misma que la que pueda haber en una gran familia: ante todo, prima el amor, la lealtad y el respeto de cada uno de los integrantes hacia el resto. Sin embargo, la relación que un individuo concreto tiene con cada uno de los integrantes de la familia no siempre es la misma: habrá familiares más cercanos y más lejanos, incluso algunos totalmente desconocidos; se encontrará con familiares simpáticos, y con otros huraños; unos le caerán genial y congeniará con ellos en seguida... y otros le caerán mal. ¿Y por qué nos sentimos más afines a unos que a otros? Pueden existir varias causas, aunque, por norma general, se conecta fácilmente con alguien a quien consideremos similar a nosotros, con quien compartamos gustos o intereses; tal vez tengamos una trayectoria vital parecida, o incluso puede surgir un feeling inexplicable, como si ambas almas estuviesen conectadas. 
     Dicho esto, vuelvo a retomar la cuestión. El Patronazgo de una deidad concreta es un compromiso sagrado que un individuo toma con esa deidad. La dedicación a un dios o diosa trasciende incluso la sacralidad de un juramento. Sin embargo, y a pesar de tratarse de un voto tan elevado, podríamos hallar similitudes con el sentimiento de amor, en sus facetas de proximidad e inmediatez con el otro. Por norma general, ostentar el Patronazgo de una deidad puede llegar a ser una tarea compleja que dura toda la vida, y personalmente no conozco a nadie que tenga más de un dios o diosa Patrones. No quiero, sin embargo, que alguien pueda pensar que en el Patronazgo se atisba un matiz de desprecio al resto de deidades: nada más lejos de la realidad. Tan solo se trata del paso natural para alguien que siente algo muy profundo por esa deidad concreta, aunque, como es natural, siga amando al conjunto de Æsir y Vanir.
     Es por ello que el Patronazgo no debe tomarse a la ligera. No es un simple juramento, sino un voto de por vida en el que empeñamos el corazón, el alma y la propia vida. Si se toma, se asumen con él tanto las bendiciones que reporta  como las pruebas que conlleva, que las tiene, y suelen ser duras, pues a los dioses les complace poner a prueba la firmeza de nuestras convicciones y nuestra lealtad. 
     De igual modo, no debería usarse el Patronazgo para excusar o encubrir nuestras propias faltas o malas acciones puntuales (por ejemplo: "En plena pelea no fui capaz de controlarme y tuvieron que separarme del otro para que no lo matase a golpes, porque como soy devoto de Thor,..." , o "Soy incapaz de ser fiel a mi pareja, pero es que mi diosa Patrona es Freya."). Tales actitudes son pueriles, vergonzosas y realmente perjudiciales para el alma. Y aunque sean nocivas para el individuo que las lleva a cabo, existe una utilización del Patronazgo aún más dañina y perversa: la de los peligrosos "iluminados", que amparándose en el concepto de conexión íntima con una deidad, tratan de cambiar la visión colectiva de la citada deidad con objeto de ponerla al servicio de sus intereses, sean de la índole que sean (algo similar a lo que intentan los Rökkatrúars con la figura de Lóki: como ya traté el tema con profusión en un artículo anterior, dejo aquí el enlace para los interesados en abundar en este tema concreto: "Rökkatrú: el Caos a través de los Nueve Mundos" ). Ahora bien, aclaremos algo: es normal tener una visión personal de un dios o diosa, y tal visión no tiene por qué encajar en el acervo icónico de la mayoría de odinistas. Lo perverso es imponer esa visión personal, sea ésta real o impostada, con el objeto de sacar algún provecho, léase fama, cierto grado de notoriedad o -los dioses no lo quieran- dinero. 
     Por lo tanto, y atendiendo a lo leído hasta ahora, debemos ser conscientes de que nuestra propia mente, nuestra percepción, nuestras ideas, pueden enturbiar el mensaje que los dioses nos pretendan transmitir. El mejor remedio para evitar esto es, en mi modesta opinión, la meditación: acallar el ruido externo y también el interior, concentrarnos en entender correctamente lo que los dioses nos dicen. No es que esté abogando por volvernos paranoicos, pero tampoco podemos permitirnos el abandono en la autocomplacencia.
     ¿Y qué beneficios podríamos hallar en el voto de Patronazgo? Debo, llegado este punto, recordar que, como politeístas, entendemos que existen diversas formas de guiarse por la vida, y no un único modo válido. Dedicarse a una deidad da un importante punto de apoyo para avanzar en nuestro día a día. De igual modo que lo hace una pareja o un viejo amigo, nuestra deidad Patrona nos dará consejo, guía e inspiración en aquellos momentos en que lo necesitemos. 
     Y ahora que creo que está más claro el concepto de Patronazgo o dedicación a una deidad, la pregunta tal vez sería: ¿lo necesito en mi vida? Y si es así, ¿por qué? La búsqueda de una deidad patrona debería iniciarla el deseo de tener una relación más próxima, más íntima, con los dioses. Si tal fuera el caso, yo recomiendo lo siguiente: analizar la raíz de ese deseo, asegurarnos de que no se trata de un mero deseo de "sobresalir" (o, en casos puntuales, "encajar"). Asimismo, no os forcéis a ataros con estos votos. Quiero decir que la mayoría de odinistas no lo hacen, simplemente porque no lo ven necesario para su crecimiento espiritual. La búsqueda de una deidad Patrona era más común en el paganismo germánico precristiano que en la acualidad (todos recordamos, por ejemplo, a Erik Thorvaldsson, Erik el Rojo, devoto de Thor). Así que, si no tienes un interés claro en ello, no te preocupes: no es algo que tú necesites.
     Pero si se da el caso contrario, y este artículo ha despertado en ti el deseo de buscar un Patrón o Patrona, puede que te estés preguntando: ¿cuál podría ser?" . Esto puede parecer una perogrullada, pero no lo es tanto: hay gente que lo tiene muy claro desde un primer momento, en cuyo caso no hay que investigar más, pero ¿y si no es así? ¿Qué hacer? Bueno, aquí os presento unos consejos que espero os sean de utilidad:

  • Busca señales y augurios en tu entorno. Los dioses nos hablan más de lo que en ocasiones creemos. Por eso hablaba antes de la importancia de la meditación: una mente en calma y alerta puede percibir los mensajes con claridad.
  • Apóyate en tu clan, si perteneces a uno. Comenta tus inquietudes con tu goði/gydja: estarán encantados de aconsejarte y guiarte. Si además tenéis völva/vitki, expón tu caso y que hablen las Nornas. O, quién sabe, puede que tengas acceso a una spåkona. Aprovecho para reiterar lo que siempre digo: un clan es sinónimo de fuerza.
  • Infórmate y estudia mucho sobre los dioses y diosas, sus leyendas, sus esferas de influencia, y todo lo relativo a los Æsir y Vanir. Tal vez, la solución provenga de la comprensión.
     Y si es el caso de que ya tengáis una deidad Patrona, también voy a permitirme daros un par de consejos: es bueno tener en el hogar un altar particular para el dios o diosa Patrones, al margen, naturalmente, de nuestro altar doméstico, para realizar ofrendas cotidianas menos formales aunque más personales. ¡Y no os avergoncéis de vuestros votos! Lucidlos con orgullo, pues a buen seguro que es algo que complace a nuestros dioses.
     ¡Os espero en el próximo artículo!

lunes, 6 de julio de 2015

Mi primera ceremonia nupcial

     Una de las obligaciones que comporta el cargo de goði es la de personalizar y oficiar ceremonias y rituales, sean estacionales o ritos de paso. En el caso que hoy nos ocupa, debo decir que tal responsabilidad se convirtió en un verdadero placer, un orgullo y una alegría. Y es que aún hay muchas ceremonias que no he tenido ocasión de oficiar, sobre todo en lo que respecta a ritos de paso, habida cuenta que mi clan tiene una media de edad de unos veinticinco años, y por tanto aún no ha habido ocasión de oficiar ningún rito de paso. Ahora bien, mis responsabilidades como goði no acaban en mi clan, como casi tod@s sabéis ya, sino que, desde hace un tiempo, se amplían al ámbito de Andalucía, como goði afiliado al COE que soy. Por ello, en cuanto se me pidió hacerme cargo, junto con mi völva Virginia, de la confección de la ceremonia nupcial de una pareja odinista afincada en Cádiz, nos pusimos manos a la obra con enorme ilusión. Pasamos semanas recabando información, documentándonos y preparando la ceremonia con seriedad y cariño, al tiempo que manteníamos un contacto permanente con la pareja, para atender a su idea de cómo querían la ceremonia, de sus gustos y sus preferencias. Todo ese tiempo de nervios, de preocupaciones y de dudas, dieron al final sus frutos. El trabajo duro y la dedicación siempre tienen recompensa, y en este caso, el resultado fue más que satisfactorio. Sería inútil intentar reflejar con palabras los sentimientos que afloraron antes, durante y después de la ceremonia, y como tengo un bonito reportaje fotográfico, quiero compartir con vosotr@s algunas imágenes de lo que fue el evento. ¡Disfrutadlas!

Este era el aspecto que presentaba el altar. Debajo del escudo, sobre la hierba, se observan dos falcatas, que también cumplirían su papel en la ceremonia.

Una vista más cercana de la parte central del altar. En primer término, el Mjölnir con el que se sacraliza el lugar, y sobre él, los anillos de juramentos.

Aquí se observa el atuendo ceremonial que lucí, inspirado en la vestimenta de los varegos de Kiev, con predominancia del color azul en honor a Freya, patrona de mi clan.

Esta instantánea se sacó mientras explicaba a los asistentes los elementos del altar, momentos antes de la ceremonia. A la derecha, Virginia, völva de mi clan y que me asistió como gydja, y Ernesto García, presidente del COE, que presidió la ceremonia.

El aspecto de la novia era verdaderamente encantador.

Los novios son presentados ante el altar por los padrinos.

Momento en que se solicita la protección de los dioses sobre la pareja.

Después, se realizó un intercambio simbólico de armas entre los novios. Al no tener armas propias, utilizamos las dos falcatas de entrenamiento que Ernesto nos prestó amablemente.

Momento de la preparación de las ofrendas a los dioses y los ancestros.

Bendiciendo la libación de hidromiel (obsérvese la posición que adopto, denominada "postura Algiz" por su semejanza con la runa homónima).

Ernesto derrama en la tierra la ofrenda, ante la atenta mirada de los niños.

Los novios realizan sus votos asiendo con la mano derecha un anillo de juramentos. Es el momento más solemne de la ceremonia, aunque nada podía borrarles la sonrisa del rostro. Un momento muy emotivo.

Sus manos se entrelazan con una tira de tela azul, representando el entrelazado de sus destinos.

A sus pies, la völva había formado un círculo con piedras blancas inscritas con runas, invocando la benevolencia de las Nornas.

Momento final del ritual, en el que los declaro formalmente marido y mujer.

     Tras la ceremonia, un opíparo banquete nos reconfortó, y la cerveza logró atemperar el calor que reinaba en el paraje. Pero aún no habían acabado las emociones: los recién casados habían contratado los servicios de un grupo recreacionista, la Guardia del Cuervo, que con su saber hacer nos entretuvieron del modo que más nos gusta a todos: ¡luchando!

Aquí el grupo al completo, brindando con los novios. Las armas eran de entrenamiento, todo acolchado, pero las armaduras eran reales, como puede observarse.

Una simpática instantánea de estas dos guerreras (la de la izquierda es Sofía, hermana de mi clan, fotógrafa del evento -¡gracias por las fotos!- y poderosa skjaldmö), que ofrecieron un espectáculo soberbio.

     Como puede suponerse, el evento ha tenido cierta repercusión en odinismo español: por desgracia, no celebramos tantos matrimonios como sería deseable, así que cuando se celebra uno, siempre es un motivo para alegrarse. Seguimos avanzando, lentos pero seguros. 
     ¡Hasta el próximo post!