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jueves, 20 de julio de 2017

La verosimilitud de la fe: la "Paradoja Freyfaxi"

     Charlando el otro día con mi Jarl, Kráka, me comentó lo complicado que resultaba argumentar con alguien ajeno a nuestra Fe la fiabilidad de las fuentes históricas en las que nos basamos, pues al parecer no existen textos de autores contemporáneos de nuestros ancestros paganos que resulten objetivos y detallados. Medité profundamente sobre ello, concediendo que así era, en realidad. Pero entonces, ¿cómo estar seguros de que avanzamos por un camino que continúe con la Antigua Senda, y no por uno que sea una versión deformada, o simplemente inventada? Y se dio la casualidad de que, en ese momento, me hallaba enfrascado en el estudio de la Saga de Hrafnkel, dado que se acerca la festividad de Freyfaxi y es en esta saga donde se menciona al célebre caballo. Así, se formó en mi mente una explicación a la cuestión, y decidí llamarla la Paradoja Freyfaxi. La expondré aquí, para que la valoréis vosotr@s mism@s.

Versión manuscrita de la Hrafnkels Saga perteneciente al Sögubók

     Todo el mundo sabe que, aparte de las Eddas, la otra fuente histórica escrita de origen islandés más utilizada en el moderno Odinismo son las sagas. Así pues, las usaremos como ejemplo de fuente histórica. ¿Cómo podríamos medir su "fiabilidad", por llamarlo de un modo simple, en aquellos aspectos susceptibles de ser útiles a nuestras prácticas religiosas, o creencias? Porque, de hecho, la festividad de Freyfaxi debe su nombre a una saga, la Saga de Hrafnkel. ¿Es históricamente correcta dicha saga? Veámoslo:
     En el estudio de las sagas, existen dos corrientes o tendencias principales: la antigua (que denominaremos romántica), que predominó desde el siglo XVIII hasta el segundo tercio del siglo XX, y la moderna (a la que nombraremos como pragmática), que se inició en los años setenta y actualmente es la que más fuerza tiene. Analicemos sus argumentos.
  La tendencia romántica nos explica que las sagas islandesas son historias, que en un principio se transmitían oralmente, y que servían como entretenimiento del pueblo islandés, amante de las historias, pero que a su vez servían para recordar hechos históricos. Según esta tendencia, las sagas se creaban así: una familia se convertía en un elemento importante en su región o en el país entero a causa de sus hazañas, y los escaldos comenzaban a narrar sus historias de forma oral, y es por ello que las sagas contienen elementos de la narración oral, como repeticiones o fórmulas fijas, que servían para ayudar a su memorización. Con el tiempo, a causa de la transmisión oral, se olvidaban partes, se añadían otras, y se cambiaban numerosos detalles, aunque el fondo de la historia se mantenía, y así perduraba durante siglos, manteniendo intacta, entre otros elementos, la exactitud histórica. Un ejemplo: en la Saga de Njal se narra la quema de una casa, indicando dónde estaba exactamente; en los años veinte un equipo de arqueólogos descubrió en aquel lugar los restos de una casa quemada. Aunque el ejemplo indudablemente más famoso es la Saga de Erik el Rojo: en ella hallamos descripciones de asentamientos vikingos en Groenlandia (confirmados con hallazgos arqueológicos), e incluso la descripción geográfica de la costa nordeste de Norteamérica y de sus habitantes indígenas y sus costumbres (como la de dormir bajo una canoa volcada), que a posteriori se confirmaron. Todo ello apunta a la fiabilidad histórica de las sagas. Con ello en mente, leemos en la Saga de Hrafnkel
     Hrafnkel tenía, entre los animales que poseía, uno al que apreciaba más que a cualquier otro. Era un caballo castaño con una franja oscura en el lomo, al que llamaba Freyfaxi. Le había regalado la mitad del caballo a su amigo Frey. Tenía tanto cariño a este caballo, que había hecho juramento de matar al que lo montase sin su permiso.
     Así que llegamos a la conclusión de que, según esta teoría, siendo las sagas un género oral, que, aunque puesto por escrito varios siglos después, mantiene una elevada verosimilitud y fiabilidad históricas, por lo que no nos cabe duda de que existió en Islandia un gódi consagrado a Frey, llamado Hrafnkel, que poseía un caballo llamado Freyfaxi (cuyo nombre significa "Crin de Frey"), y en cuyo honor llamamos así a las celebraciones de inicio de la cosecha. Coherente, ¿no es así?
     Pero hoy día predomina la teoría pragmática, que hace unas décadas puso en evidencia a su predecesora. Según esta corriente, la saga sería un género escrito, y sus autores las habrían creado de un modo similar al proceso de creación de una novela actual. Esta corriente sostiene que las sagas se crearon a causa del interés de los islandeses por la literatura en general y por su historia y cultura ancestrales en particular, siempre al servicio del sentimiento nacionalista y separatista que imperaba en la región en aquel momento a causa de las ansias de anexión que dominaban los reinos de Noruega y Dinamarca. Al ser un país de reciente creación en aquel momento, apenas tenían historia escrita, por lo que dependían de fuentes orales; con el paso del tiempo, combinaron ambas fuentes. De este modo, las sagas narraban las vidas de islandeses notables: solían ser redactadas por monjes o personas relacionadas con monasterios (¡oh sorpresa!), usando fuentes orales y escritas para documentarse, por lo que no serían narraciones orales pasadas a pergaminos, sino obras literarias escritas. Al respecto de su fiabilidad histórica, la teoría pragmática dicta que es relativa, porque los autores se basan en hechos y lugares reales, pero introducen elementos y personajes de ficción para desarrollar su historia, puesto que partimos de la base de que la saga tiene fines literarios, y es por ello que en las sagas se pueden hallar temas y argumentos repetidos. El autor puede inventar personajes y aventuras, pero también los toma prestados de otras sagas. En casos extremos, TODA LA OBRA ES FICCIÓN, como es el caso de... la Saga de Hrafnkel, sí, lo habéis adivinado. En esta saga, tal y como ya demostró hace algunos años Sigurdur Nordal, ni los personajes ni los sucesos narrados pudieron tener lugar, si atendemos a las fuentes históricas de las que disponemos hoy día.  Y entonces ¿cuál sería el propósito de una obra enteramente de ficción? Pues por lo que se sabe, la Saga de Hrafnkel fue posiblemente escrita (o al menos encargada) por un obispo islandés, de nombre Brand Jónsson, que vivió en el siglo XIII: la obra muestra un claro sentido cristiano, así que se trata de pura ficción con fines puramente ejemplarizantes. ¿Cómo puede ser, os preguntareis? Veamos algunos pasajes del texto. En el capítulo 2, se ataca al politeísmo original de Islandia con esta frase:
Hrafnkel no amaba a otro dios sino a Frey.
     De igual modo, había que atacar las antiguas creencias y a sus seguidores, pero sin olvidar que se trataba de un supuesto compatriota; lo observamos en esta frase:
Era un hombre muy injusto, aunque noble.
     La guinda del pastel la encontramos en el momento en que Hrafnkel, habiendo perdido todo y luchando por recuperarse, pierde su fe, y este proceso de catarsis se resume en el siguiente pasaje:
Entonces dijo Hrafnkel: "Me parece que es una tontería creer en los dioses", y añadió que nunca volvería a creer en ellos, y lo cumplió,...
     A partir de su renuncia a la antigua fe de sus antepasados, milagrosamente, todo comienza a irle bien, como apreciamos en los siguientes pasajes:
Consiguió una gran reputación en la comarca.


...Era un hombre mucho más amigable que antes.
     Pero entonces, ¿qué está ocurriendo, nos estamos basando en mentiras que nunca tuvieron lugar? ¿En historias cristianas creadas para adoctrinar? No desesperéis tan pronto. Nosotros, al contrario que las "religiones del libro", no nos basamos únicamente en textos antiguos, del mismo modo que no aceptamos lo que nos indica una fuente sin hacer antes un trabajo de estudio y contrastado de la información. 
     Los festejos a los que llamamos Freyfaxi (conocidos como Loaf-mass en territorio anglosajón, o Lammas en su forma céltica) no son más que la fiesta de inicio de la cosecha, una fiesta tradicional bien documentada. En Islandia, incluso tras la introducción del cristianismo, en estas fechas se celebraban carreras de caballos y peleas de sementales. Aquí tenemos la conexión histórica probada: la cosecha suele estar auspiciada por tres dioses, siendo menos importantes para este evento Thor y su esposa Sif, y siendo Frey la deidad principal. Por otra parte, en los festejos que han perdurado hasta nuestros días, es una celebración marcada por dos elementos principales: trigo y caballos. Dicho lo cual, llegamos por fin a la Paradoja Freyfaxi: sea Freyfaxi un animal real o el invento de un sacerdote, personifica ejemplarmente los elementos básicos de esta fecha. Y no hay falsedad en la celebración, ni tampoco deshonra en el nombre.
     Aún podría daros más muestras de la Paradoja Freyfaxi. Por ejemplo, en algunas zonas de Noruega, al llegar el inicio de la cosecha y sus festejos, se engalana a los caballos con unos curiosos tocados. Observad:

Fuente: Google

     Mucha gente podría pensar que no se trata más que de la exageración extrema de un tópico tan manido y rancio como es el tema de los cascos con cuernos que la cultura pop pretende asignar a los pueblos paganos escandinavos. Pues bien, a continuación os voy a mostrar una sección del grabado contenido en una piedra rúnica, datada por los arqueólogos entre los siglos V y VII de la Era Común, conservada en una iglesia de Häggeby (Suecia):


     ¿Es necesario añadir algo más? 
     Si tuviese que reducir la Paradoja Freyfaxi a unas pocas palabras, la enunciaría así: si algo se puede demostrar con la aportación de varias pruebas derivadas de fuentes fiables, se puede incorporar a nuestra Tradición, aunque estas fuentes sean subjetivas o pretendan dañar la imagen del Paganismo Germánico
     Pues ahí tenéis mi teoría. Por eso es tan importante estudiar mucho sobre nuestro Pueblo y nuestras tradiciones, en diversos campos y disciplinas, para poder separar el grano de la paja, y más en una época como la que vivimos, donde, como suele decirse, la sobreinformación genera desinformación. Y NUNCA JAMÁS temáis estudiar fuentes cristianas, o autores que claramente trataron de atacar nuestras creencias, como Saxo Grammaticus o Adam de Bremen, de cuyos textos hemos aprendido tanto, siempre desde el prisma de nuestra Fe. Y es que en sus ataques nuestra Fe se crece, y medra en esa lucha. Y esto se debe a que nuestra Fe y nuestra Tradición portan la luz de la razón.
     ¡Os veo en el próximo artículo!
     



 

miércoles, 24 de agosto de 2016

EL BARCO, EL TIMÓN,… Y ALGO MÁS: LAS SEIS METAS

“Goberné los barcos,
Y estando en proa,
Fui el señor único de todo el pueblo.”
Völsa Þáttr, estrofa 12

Hoy, para ilustrar la cuestión que deseo tratar, me serviré de un símil marinero. Se me ocurrió hace algunas semanas, cuando mantuve una animada charla con un veterano Odinista, llamado Jean-Pierre, que me aconsejó redactar y publicar esta entrada en mi blog.
Imaginad por un momento el océano. Inmenso y fascinante, fuente de alimento y de muerte. El océano es una metáfora perfecta para representar nuestras vidas. Al principio, en la playa de nuestra niñez, nos sentimos seguros, acompañados y siempre curiosos. Cuanto más avanzamos, más fría se vuelve el agua, y cuando dejamos de hacer pie, nos damos cuenta de que es muy difícil avanzar: las corrientes pueden arrastrarnos, la hipotermia es un peligro constante, y casi de modo instintivo, buscamos algo a lo que aferrarnos, una tabla que nos impida hundirnos. Y, en el caso de los Odinistas, contamos con algo mejor que una tabla: todo un barco. Nuestra fe.
Así que tenemos el soporte perfecto para mantenernos a flote, un majestuoso långskip, con una tripulación leal. Nuestro barco es sólido, tanto como nuestra fe lo sea, y no es fácil hundirlo. Pero el océano sigue siendo poderoso e indómito, y sin una guía, nuestros remeros pueden hacer que nuestra bella embarcación navegue en círculos. Todo långskip necesita un styri, un timón, que nos permita gobernar el barco a voluntad. ¿Qué podríamos considerar como nuestro timón en la fe? Para muchos Odinistas, la respuesta es clara: las Nueve Nobles Virtudes. Nos posibilitan darle una dirección a nuestro barco en el proceloso mar, pues actúan como un auténtico timón. No son obligaciones, sino guías, y eso es lo que permite enmarcar la ruta que deseamos tomar. Si no conocéis las Nueve Nobles Virtudes, hallaréis mucha información en la red: no voy a hablar sobre ellas hoy, aunque de momento nos baste con saber que tienen una función de guía recomendada.

Nuestro metafórico barco espiritual. Autora: Kráka Gúnnarrsdóttir (Instagram: Fiskrart)

Así pues, nos hallamos en este punto de nuestra metáfora: nosotros tomamos el rol de capitán (o Styrimaðr en nórdico antiguo) de nuestro hermoso långskip, nuestra fe, surcando el inclemente océano que es la vida y sorteando tormentas gracias a nuestra pericia con el timón (styri), que son las Nueve Nobles Virtudes. Estamos listos, sin duda. Pero ¿listos para qué? Aquí es adonde pretendía llegar. Muchos Odinistas se quedan en este punto, y si uno de sus marineros les preguntan “¿hacia dónde vamos, capitán?”, se quedan en blanco, o tienen respuestas genéricas, del tipo “¡pues a Valhalla!”, respuestas que no han meditado, que no se han planteado realmente. ¿Cuál es el objetivo en la vida de un/a Odinista? ¿Dónde está nuestro puerto?
Es por esto que hoy os hablaré de las Seis Metas. En un primer momento, fue Edred Þorsson quien las enunció en una de sus obras, aunque hoy día han tomado gran relevancia entre varios autores. ¿Y qué son las Seis Metas? Las podríamos entender como reflejos de las cualidades representadas en los dioses y diosas de nuestro Pueblo, cualidades por las que verdaderamente merece la pena luchar y morir. Nuestra fe, sus valores y principios, están enfocados sin duda a mantener y fomentar éstas. Ahora pasaré a enunciarlas y explicarlas, siquiera someramente, puesto que sólo adquirirán la profundidad en vuestra alma que vosotros queráis darle.

·         DERECHO. Meta auspiciada y alentada por Tyr. Se refiere al juicio de la tradición de nuestro Pueblo, enriquecido con nuestra propia inteligencia y sentido común. Es una meta racional: buscamos el gobierno de la racionalidad y la iluminación. Es el deseo de ver a nuestro Pueblo gobernado racionalmente.
·         SABIDURÍA. Meta guardada por Odín. Se refiere a la búsqueda del conocimiento, la curiosidad por saber qué se oculta en nuestra alma, en lo desconocido, aquello con la habilidad de mantener unidas todas las cosas, y que debe ser preservado a toda costa. Si la Sabiduría sobrevive, el resto del conjunto puede regenerarse. Es nuestro sentido de la aventura y nuestra curiosidad.
·         PODER. Meta promovida por Þor. Es una Meta “pivote” por así decirlo, pues sustenta dos metas unidas: la Victoria y la Defensa. El Poder siempre debe ser gobernado por la meta del Derecho y dirigido por la meta de la Sabiduría. No hay un beneficio en el Poder por sí mismo. Aquí se enmarca la alegría de la victoria, nuestra ansia de conquista y nuestro deseo de poder.
·         COSECHA. Meta auspiciada por toda la tribu Vanir. Es la recolección de los frutos de cualquier ciclo natural, aquello que mantiene saludable a la gente. También incluye los frutos de los ciclos económicos, la riqueza, el bienestar físico.
·         FRIÞ. Dominado por Frey y Freya. Es el estado de “calma” o “paz” que se alcanza al perseguir las Seis Metas y completar algunos ciclos. Es la esencia de la libertad, el crecimiento personal autogestionado y desarrollado de modo voluntario. El Friþ usualmente implica ausencia de guerra, pero no de conflicto, pues el crecimiento siempre requiere algún tipo de lucha.
·         AMOR. Ley vital vigilada por Odín y Freya. Es el amor completo, la lujuria y el erotismo. Es nuestro sentido del placer. Todo en esta meta es, por sí mismo, natural y bueno, pero sin su aspecto espiritual pierde su sentido. Aquí experimentamos el gusto por la vida, ese pozo de deseo desenfrenado que, si lo meditamos, descubriremos que se halla íntimamente ligado a la meta de la Sabiduría.

Ya veis que las Seis Metas están muy ligadas unas con otras, y no son más que los indicadores que deben sustentar los valores de nuestra fe.

Jean-Pierre (a la derecha), durante una agradable charla en el Templo de Gaut (Albacete)

Y así, de repente, cobra sentido el barco, su timón, su capitán y la lucha que mantiene contra el océano, que no es sino la senda que debe seguir… para llegar al puerto que son las Seis Metas.
Espero no haberme extendido en exceso. Comprendo que el tema es denso y puede ser un tanto críptico, y como siempre hago, me pongo a vuestra disposición para solventar cuantas dudas os surjan al respecto de las Seis Metas.Y, para acabar este artículo, me gustaría finalizar como empecé: con un fragmento de inspiración vikinga, y que creo que tiene mucho que ver con lo que hoy os he contado:

“Íbamos cabalgando,
Cada uno en nuestro barco,
Tomando el curso que quería el Destino,
Hasta que el Este alcanzamos.”

Atlakvída, estrofa 99

viernes, 1 de abril de 2016

REIVINDIQUEMOS EL TRISQUEL


Trisquel de barro. Obra de Fiskr Art               

Hace ya bastante tiempo, tuve una animada charla con un Odinista al respecto de simbología pagana. Mi contertulio, un Ásatrúar noble, pero de cortas miras, se obcecaba en la idea de que los Odinistas no debían usar el trisquel como un símbolo propio, puesto que se trataba, sin asomo de duda, de un elemento exclusivamente celta. Nunca conseguí que aceptara mis explicaciones al respecto, y reconozco que se trata de una espina que aún llevo clavada en mi conciencia y, por qué no admitirlo, en mi orgullo. Pasó el tiempo, y hoy día es bastante común que nuestros hermanos y hermanas en la Antigua Senda luzcan orgullosos ruedas solares de seis y ocho brazos, de un estilo eminentemente eslavo, sin que a nadie le haya molestado la adopción de este símbolo, en lugar de usar el tradicional germánico de cuatro brazos, debido sin duda al miedo que hoy provoca lucir un elemento considerado nazi por la mayor parte de la sociedad. Bien, no se oyen objeciones ante la adopción de esta interpretación de tan sagrado ideograma. Sin embargo, también abundan aquellos que suelen lucir un trisquel, ya sea estampado en una prenda, a modo de colgante, o tatuado en su cuerpo: ante estas personas yo sí que he escuchado objeciones. Este artículo está dedicado a aquellos de vosotros que penséis que se trata de un símbolo ajeno a la cultura germánico-escandinava. No, no, no pienso escribir un tratado arqueológico, que generalmente sólo conduce al tedio y no solventa dudas ni remueve conciencias. Porque lo que pretendo es eso: tocar alguna fibra de vuestro interior con un símbolo que aún denostamos, siendo uno de los más potentes en cuanto a mensaje y carga espiritual. ¿Queréis una explicación Odinista del trisquel? Seguid leyendo, entonces.

Rueda solar eslava o kolovrat (fuente: Wikipedia)

Según nuestra sagrada tradición, el mundo humano no es sino el reflejo del mundo divino. Pero actualmente, por desgracia, nuestro pueblo forma parte de una sociedad que persigue la “impersonalización”: todo es todo, nada es algo, todos somos todos, nadie es alguien,... Globalización, a fin de cuentas. Universalismo.
Como todos sabemos, existen diferentes tipos de dioses y diosas, del modo en que existen diversos tipos de personas, con distintas capacidades o aptitudes. Los dioses trabajan en conjunto persiguiendo un fin más elevado que sus motivaciones personales, y para llegar a ese Bien Común forjan relaciones armoniosas entre ellos, basadas en un antiguo y bien conocido concepto de jerarquía triple. Así pues, y según esta interpretación, podemos dividir a los dioses en tres grandes grupos (obviando, como es natural, su pertenencia a los Æsir o los Vanir, que en este caso es irrelevante), en función de sus capacidades: llamaremos a estos grupos Soberanía, Fuerza y Generación, usando la terminología de Edred Thorsson.
                     Soberanía. Se trata del poder del conocimiento, de saber qué es lo adecuado o lo correcto, y la capacidad de llevarlo a cabo satisfactoriamente.
                     Fuerza. El poder físico, empleado para reforzar el objetivo de la Soberanía y defenderlo de fuerzas hostiles que pretendan llevarlo al fracaso.
                     Generación. El poder de mantener el sustento esencial, la existencia continuada y el puro placer de la existencia, sin los cuales sería imposible que la Soberanía y la Fuerza cumpliesen con sus respectivos cometidos.
Estos tres grupos se mantienen en equilibrio del siguiente modo: la Soberanía debe guiar a la Fuerza, y la Generación sirve a los intereses de los tres grupos bajo la dirección de la Soberanía. Tal vez sea más fácil de comprender esta correlación con un ejemplo: el Sabio/Gobernante manda sobre el Guerrero, y el Trabajador provee para todos. Si este equilibrio se rompe, el desastre es inevitable. Si el Guerrero crece por encima del Sabio/Gobernante y el Trabajador, como pudo suceder en la Alemania nazi, sólo habrá guerra, destrucción y caos. Si lo hace el Trabajador, como ocurriera tal vez en la Unión Soviética, se produce rigidez y estancamiento. Si esto ocurre con el Sabio/Gobernante, las otras dos fuerzas reaccionan con caos hasta el restablecimiento del equilibrio, de modo similar a lo ocurrido durante la Revolución Francesa. Tres brazos de una misma figura, y los tres iguales, girando en la misma dirección para mantener la armonía del conjunto por encima de los intereses de cada brazo. ¿Veis por dónde voy?
No debemos interpretar estos patrones como “leyes naturales”, sino divinas: son las normas de los dioses que gobiernan la consciencia humana. Estas normas fueron inculcadas en nuestro pueblo con el triple regalo de Odín, Vili y Vé (Edda prosaica, capítulo 9), y la creación de los diferentes tipos de humanidad por Odín-Rig (Rigsthúla).
Si lo planteamos como un esquema “macrocósmico”,  dioses como Týr y Odín representan la Soberanía; Thor, la Fuerza; Freya y Frey, la Generación.
Pero también podemos plantearlo a un nivel “microcósmico”, individual y espiritual (como hiciera Platón con su concepción de las “tres almas”: irascible, racional y concupiscible): cada uno de nosotros tenemos una parte de Soberano, otra de Guerrero y otra de Trabajador. Está en nuestra naturaleza, como seres humanos, que sea uno de los brazos del trisquel el que apunte hacia arriba: el militar es Guerrero, el académico es Soberano, y el jornalero, Trabajador; también hay casos en los que hay dos brazos apuntando hacia arriba, invirtiendo el trisquel de nuestra alma: el artista marcial es Soberano-Guerrero, o el maestro de escuela es Soberano-Trabajador. ¿Cuál es nuestro propio campo o campos? Sin duda, para responder a esa cuestión es vital la guía de los dioses.
El reflejo de este concepto representado en el trisquel puede observarse incluso en nuestras ceremonias: el Góði/Gyðja representa el Soberano, la Valkiria o el Guardián representan al Guerrero, y los asistentes que ofrecen sus productos, al Trabajador. Y los tres son igualmente necesarios, actuando en conjunto para asegurar el éxito de la ceremonia.
Y de este modo, asumiendo el trisquel como esa representación tanto del orden cósmico como de nuestra propia alma y su triple identidad, estaremos persiguiendo, tal vez de modo inconsciente, la plenitud personal, así como el equilibrio de este mundo nuestro, tan dañado por conceptos universalistas que los cristianos impusieron a nuestro pueblo, robándole su soberanía espiritual, su poder físico y su apetito por la vida. Retomarlos es derrotar al Cristo Blanco en el único campo de batalla que debería importarnos: ¡nuestro corazón!.
¿Es suficiente motivo para lucir el trisquel?

¡Nos vemos en el próximo artículo!

miércoles, 11 de marzo de 2015

TEODISMO: Ortodoxia pagana

     En mi anterior artículo, en el que exponía una serie de definiciones al respecto del paganismo germánico, mencioné de pasada la palabra "Teodismo", identificándola así:
-El grupo minoritario al que he hecho referencia antes es el Teodismo, que es el Odinismo practicado en tierras anglosajonas y que tiene sus particularidades.
     Tal vez pequé de parquedad en esta definición. Creo que este tema merece que nos detengamos un poco para analizarlo de forma un tanto más extensa. Y es que la filosofía teodista tiene una serie de particularidades que merecen ser estudiadas por los odinistas hispanohablantes, para poder formarnos una opinión al respecto del fenómeno teodista, tarea complicada ante la escasez de material en castellano sobre Teodismo. Mis conocimientos al respecto son bastante pobres, pero tal vez sirvan para arrojar un poco de luz sobre esta curiosa manera de vivir la espiritualidad odinista.
     Pero exactamente ¿qué es el Teodismo? Porque si nos ceñimos a la sucinta definición que hice en mi anterior artículo, parecería que estamos hablando de nuestra misma concepción de la fe. Sin embargo, las particularidades del Teodismo son tan marcadas que algunas personas piensan que estamos hablando de otra religión diferente al Odinismo, aunque ambas compartan el mismo panteón. De hecho, son los propios teodistas los que alientan esa separación como un modo de autoafirmación frente al Odinismo practicado, por ejemplo, por la corriente Ásatrú. 
     Pasemos a analizar el Teodismo. Al parecer, el movimiento se originó en torno a 1.976. Su fundador, un enigmático personaje conocido como Gárman Lord, decide ese año escindirse del coven wiccano en el que practicaba una suerte de Wicca nórdica junto con otras personas, y crear una comunidad que practicase un paganismo germánico lo más fiel posible a lo reflejado en los registros históricos. Y es esa determinación por revivir la antigua fe lo que hace único al Teodismo.


 Portada del primer libro escrito por Gárman Lord sobre Teodismo

     Pero ¿no son entonces lo mismo el Odinismo que tod@s conocemos y el Teodismo? Bien, lo cierto es que compartimos numerosos elementos, y antes de hablar de las diferencias, me gustaría enumerar algunos puntos que tenemos en común:
-El más obvio es el culto a los Aesir y a los Vanir, aunque en lugar de utilizar su nomenclatura escandinava, suelen usar el inglés antiguo: por ejemplo, llaman Fréo a Freya, Ing a Frey o Wóden a Odín. Puede parecer algo irrelevante, pero no lo es tanto: luego descubriréis por qué.
-Las dos ramas realizan rituales con ofrendas a los dioses, aunque las ofrendas pueden variar.
-El Teodismo también honra a los ancestros y a los héroes de nuestro pasado.
-El honor es un valor predominante en el Teodismo así como lo es en Ásatrú.
-Los teodistas, como nosotros, estudian el folklore y la Historia para recrear su culto de un modo apropiado.
     Bien, teniendo en cuenta lo expuesto, hay quien podría pensar que estamos hablando de lo mismo cuando nos referimos al Teodismo y a Ásatrú. Así que veamos ahora las diferencias. 

Icono representando a Ing (Frey)

     La principal diferencia entre ambas ramas es que los teodistas se acercan a la religiosidad pagana germánica como una comunidad, y cuando hablo de comunidad me refiero a una unidad comunitaria, y no como un grupo de individuos que rinden culto a los dioses. Es decir, un ásatrúar puede realizar rituales en soledad y desarrollar su espiritualidad de modo individual: por el contrario, no hay teodistas solitarios. Si no eres parte de un Theod ("tribu"), podrás seguir las tradiciones teodistas, pero no serás uno de ellos. De ahí el nombre que recibe la confesión en inglés antiguo, Theodisc Geleafa, que significa "la fe de la tribu". Así pues, hablamos de una fe comunitaria. Los miembros de un Theod se atan unos a otros mediante juramentos y regalos, con lo que se conoce como "red de juramentos". Cuando celebran una ceremonia, el clan como un todo envía a los dioses un único mensaje: en Ásatrú, cada individuo puede mandar su propio "mensaje" a los dioses. 
     En una comunidad odinista "estándar", todos los individuos tienen el mismo estatus sea cual sea su papel en la comunidad: en un thing, todas las voces tienen el mismo peso, y el voto de un gothi vale exactamente igual que el de cualquier otro individuo, incluso en el caso del Jarl, que a pesar de ser la cabeza del clan, no es sino el Primus inter pares ("primero entre iguales"). Esto no es así en el caso del Teodismo. La jerarquía en un Theod es una rígida estructura, en la que existe un líder, que se le supone escogido por los propios dioses, aconsejado en sus decisiones por un consejo consultivo (Witan). Todo el Theod está estratificado por varios rangos: el rango más bajo se llama Céorl (similar al inglés moderno thrall, osea "esclavo"), sometidos al siguiente rango, denominado Thegn (algo así como thane, u "hombre libre"); al señor se le llama Hláford si es varón o Hláfidge si es mujer, aunque en algunas comunidades usan la palabra neutra Ealdorman. Estos rangos o niveles (denominados árungs, traducido como "honores") se determinan de diversas formas: en algunos Theods, es el Ealdorman quien lo determina, en función de los servicios que el individuo preste a la comunidad. En otros, el la comunidad en conjunto quien determina el árung de un individuo. Los sacerdotes o sacerdotisas pueden pertenecer a cualquier árung. La "red de juramentos" que he mencionado algo más arriba funciona del siguiente modo: cada miembro del Theod está juramentado con alguien de mayor nivel social. Asimismo, los miembros de mayor árung tienen el deber de velar por aquellos que se juramentan con ellos. En última instancia, el líder vela por todos. Así pues, vemos que el Teodismo sostiene la teoría de la "comunidad sagrada" frente al "culto del individuo sagrado" que propugna el Ásatrú. El ásatrúar puede conectar con los dioses de forma individual, mientras que el teodista pretende crear y mantener un vínculo entre la divinidad y la comunidad mortal, siendo el líder del Theod el conducto entre los dioses y su comunidad. Debido a esto, se entiende que es muy difícil ascender en la jerarquía de una comunidad, y de igual modo, los teodistas ven los conceptos de igualdad, democracia y libertad individual como algo ajeno a nuestra fe. Por ello, del mismo modo que una comunidad odinista se rige por  las leyes del Thing y del Althing, el Teodismo no tiene tal concepción de equidad asamblearia, pues aunque efectivamente se reúnen para consensuar algunos aspectos organizativos del Theod, los individuos de más bajo rango no tendrían voto (aunque sí opinión y voz), y los votos del Witan y del Ealdorman pesarían más que los de los thanes, por lo que se observa el enorme peso que adquieren los árungs en estas asambleas.
     Como hemos visto, el Teodismo se originó como un movimiento tribalista anglo-sajón, pero actualmente lo forman comunidades descendientes de muchos pueblos europeos, como los frisones o los jutos. Por este motivo, las comunidades teodistas celebran sus ceremonias en el idioma arcaico del pueblo del que son descendientes, como el inglés antiguo o el frisio. En Ásatrú, podemos utilizar el idioma nativo de cada comunidad, aunque algunos puristas introducen términos en nórdico antiguo o alto alemán. 
     En lo referente al aspecto ético, frente a las Nueve Nobles Virtudes ásatrúars, el Teodismo propone el sistema de "Las Tres Wynns": Sabiduría, Generosidad y Honor. Se basan en la "libertad de conciencia" y en una "correcta buena voluntad". Además, el Teodismo practica habitualmente sacrificios de sangre, que no son tan comunes en el Odinismo. 

 Icono representando a Thunor (Thor)

     Así pues, podemos concluir con que la diferencia más notable entre ambas ramas del Odinismo es la siguiente: de igual modo que Ásatrú pretende revivir las antiguas tradiciones en la época actual, el Teodismo pretende reconstruirlas del modo más fiel. El teodista no cree en la igualdad ni en la democracia, sino que pretende seguir a su caudillo, que lo es por voluntad de los dioses; no cree que ofrecer vino, hidromiel o pan en una ceremonia sea digno, sino que se ciñe al término Blót (que significa indistintamente "sacrificio" y "sangre") y sacrifica animales como hace veinte siglos; condena la individualidad en pro de la comunidad; usa el idioma de sus ancestros en los rituales, porque no intenta que el ritual sea comprensible, sino fiel a los celebrados en la Antigüedad.
     He tratado de ser objetivo con la información, pero ha llegado la hora de dar mi opinión al respecto. Y es la siguiente: de igual modo que algunos medios califican la fe odinista como un movimiento "neopagano", yo llamaría al Teodismo un movimiento "retropagano", que busca la pureza sin tener en cuenta su contexto histórico. Tan lícito como cualquier otra rama del paganismo nórdico, puedo estar o no de acuerdo con sus postulados, pero indudablemente hay aspectos del Teodismo que creo que merecen ser tenidos en consideración, puesto que bien entendidos pueden sernos de utilidad a cualquier comunidad pagana que pretenda medrar. Y, naturalmente, abogo desde aquí por el entendimiento entre teodistas y ásatrúars: podemos y debemos entendernos. Cada uno vive la fe a su manera, pero aunque sean ramas distintas, pertenecen al mismo tronco. No incidamos en las diferencias: abundemos en lo que nos une y respetemos nuestros espacios, y de este modo saldremos fortalecidos todos.
     Espero que os haya resultado interesante el tema de hoy. ¡Os espero en el próximo artículo!