jueves, 18 de mayo de 2017

¡BASTA YA DE ENFRENTAMIENTOS! ¡HAGAMOS COMUNIDAD!

A poco que hayáis ojeado este blog, ya sabréis que no soy muy dado a los artículos de opinión. Pero en esta ocasión, me he percatado de que tengo algunas ideas rondando mi mente, y es mi deseo compartirlas con vosotr@s, porque pienso que pudiera ser un ejercicio práctico de aplicación de conceptos Odinistas a nuestro día a día.
Como en realidad no sé por dónde empezar, voy a repetir aquí una cita que leí hace un tiempo, y de la que no conozco ni su autoría ni su contexto (y, de hecho, ni siquiera recuerdo dónde la leí...), pero que me parece muy hermosa y didáctica. Decía algo como lo siguiente: cualquier estado está condenado a fallar en el momento en que separe a los gobernantes de los guerreros, porque estará gobernado por cobardes y defendido por bestias. Quizás no fuese exactamente así, pero es como la recuerdo.
¿Por qué empiezo con esta cita? Bueno, nadie es ajeno a los devenires de las distintas asociaciones Odinistas que, a nivel internacional, buscan la consolidación de nuestras creencias desde sus propios estándares y circunstancias particulares, así como la eliminación del oscurantismo de nuestra Fe. Naturalmente, el hecho de no ser una religión sometida a dogmas de fe supone para el Odinismo una dificultad añadida en lo que respecta a su imagen ante una sociedad mayoritariamente cristiana/atea. Hoy por hoy, la red global es el vehículo de comunicación más utilizado, y en ella se producen verdaderos combates dialécticos entre Odinistas de distintos grupos que, en ocasiones, son muy interesantes, pero en la mayoría de los casos no hacen sino confundir al neófito y cansar al veterano.

...Siempre a tortas entre nosotros,...
(Ilustración: "The battle of Maldon", de Rory W. Stapleton)

Por ejemplo, según mi percepción de la situación actual, he observado una división que está más allá de siglas o de países: por un lado, existe una corriente, fuerte e impetuosa, de jóvenes Odinistas que buscan revivir el concepto de las hermandades guerreras (las conocidas männerbünde Germánicas), que tienden a ver en la figura del sacerdote una especie de cobarde moralista y decrépito, y de la que quieren desentenderse, escudándose en la concepción sesgada de que nuestros dioses son dioses guerreros y que en varias de nuestras tribus no existía ninguna clase de sacerdocio. Por otro lado, en contraposición a éstos, tenemos a una veterana rama de estudiosos Odinistas, quienes sentaron las bases del moderno Odinismo, los cuales, una vez perdida la fogosidad de la juventud, buscan seguir aportando sus conocimientos y sabiduría a nuestra comunidad, y tienden a ver en los jóvenes guerreros una amenaza a nuestro concepto de la fe, viéndolos como una suerte de “falsos creyentes”, más interesados en beber y pelear que en cumplir con la Tradición y con las ceremonias estacionales. ¿Acaso no se dan cuenta, unos y otros, que no existe tal división (salvo en sus cabezas, obviamente)? ¿Acaso no ven que los sabios deben esforzarse en mantener las tradiciones y avivar la faceta marcial de nuestra Fe, del mismo modo que los ardorosos jóvenes necesitan un sacerdote preparado que sea capaz de oficiar las ceremonias de un modo adecuado y que no ofenda a los dioses?
Si nos centramos en la concepción de nuestra Fe, volvemos a observar esa animadversión, principalmente entre las dos corrientes mayoritarias: el Universalismo y la postura Folkish. Los ataques entre ambos grupos no cesan, y se me antojan cada vez más virulentos. Eso me preocupa. Personalmente, todos mis lectores saben que profeso una profunda convicción Folkish. En el pasado Alþing de Invierno del COE, se debatió con intensidad al respecto de lo sucedido en otra gran organización Odinista como es la AFA, al retirarse su Alherjargóði, el señor Stephen McNallen, y al desaparecer súbitamente su delegación española, debido al parecer por diferencias con las posturas de su nuevo líder. Hasta entonces, el sentir mayoritario dentro de COE era la corriente Folkish y, aunque no se excluía a nadie, esto es un hecho, pero comenzó a cundir la preocupación de la mala fama que tomaba esta corriente a nivel nacional, y se buscó una manera de mitigar esa posible mala imagen, por lo que se consensuó definir a nuestra organización como “Tribalista”, una suerte de tercera vía. Y ahora hay quien nos acusa de ser “racialistas”. ¿Y eso debería ser ofensivo? ¿Acaso es lo mismo el término “racialismo” que el término “racismo”? Por supuesto que no, el racialista no cree en ningún género de “supremacismo”. Pero ya se sabe: todo lo que derive de la raíz “raza” es políticamente incorrecto, y como dice el refrán, difama, que algo queda. Por eso yo no soy partidario de ese tipo de terminología: hay que tratar de desvincularse de conceptos que lleven a equívoco. Soy más afín al término “sentimiento identitario”, ya que de eso se trata: luchar contra el mundo globalizado buscando las raíces de nuestro Pueblo, de nuestras tribus.
Y es este tipo de conflicto el que da pábulo a otro frente de batalla, y en éste caso voy a mirarme el ombligo un momento, y a hablar de mi país. En el Odinismo patrio (de forma muy similar a lo que acontece en la sociedad europea en su conjunto) sufrimos una enorme tara, y es la carencia del sentimiento de pertenencia a un colectivo. Los Odinistas españoles (en este caso me voy a meter yo también en el saco) tienden a valorar a otros Odinistas en función de la asociación a la que pertenecen (si acaso pertenecen a alguna), dando preponderancia a prejuicios, originados la mayor parte de las veces por malas relaciones personales, por hechos negativos puntuales, o por simple rumorología. Y en esto TODOS tenemos una parte de responsabilidad. Y, como si de un partido político se tratase, practicamos una especie de “disciplina de partido” que nos nubla la objetividad.
Ahora que tenemos los ingredientes del cóctel, agitemos todo lo anteriormente mencionado, y así daremos lugar a la situación actual, una situación que, personalmente, me abochorna, pero que es tan real como vergonzosa: “hay que ver, que me he enterado que en Nosedónde hay un clan y no tienen sacerdotes... Seguro que no son Odinistas”; “¿Que si conozco a Fulanito? Ni le dirijas la palabra, es Folkish, es un nazi”; “¡Anda, eres Odinista como yo! Pero ¿cómo dices? ¿Perteneces a ESA asociación? Pues vete a la mierda”; “Me va a decir a mí el viejo ése cómo tengo que hacer las ceremonias, ¡lo que me faltaba! Como saque el hacha, se le va a acabar el sermoneo”. Divertidas frases, ¿verdad? Pues son el pan de cada día para muchos Odinistas. Estoy convencido de que algunas os habrán sonado, y de que podríais añadir a la lista unas cuantas más.
Pues le pese a quien le pese, eso no es Odinismo. Ni me gusta ni me representa, pero sí que me importa porque afecta a mi comunidad. Y aunque me duela el reconocerlo, es debido precisamente a que FALTA COMUNIDAD.
Y yo, con sinceridad, creo que todo esto se debe a tal circunstancia. Hay que HACER COMUNIDAD, no me cansaré de repetirlo. Hay que empoderar el papel de los clanes/kindreds como núcleo básico y fundamental  de nuestra fe; hay que recordar que, para el Odinismo, la libertad individual es una máxima irrenunciable; a fin de cuentas, hay que entender que somos muy pocos, que tod@s vamos en un mismo barco y que, a pesar de ello, cada día estamos más desunidos porque damos preponderancia a lo que nos separa, ignorando deliberadamente lo que nos une. ¿Por qué tanta rabia? Pareciera que, para ser Odinista, hay que cumplir la condición de odiar a alguien, sea una persona, una asociación o un colectivo, enarbolando el lema Si no estás conmigo, estás contra mí.
No sé cómo hemos llegado a esto. De hecho, hay quien ha llegado a nuestra comunidad recientemente, y se ha encontrado con todo este tinglado ya montado y asentado. Y no podemos consentirlo. Debemos ser capaces de tender puentes, de estrechar manos y de crear lazos de unión. Respetemos nuestra libertad individual, dejemos que cada clan se autogestione, y desde esas premisas agrupémonos en organizaciones que nos den estabilidad y fuerza, y que dichos organismos se obliguen a trabajar unidos por el bien común, abandonando egos y rencillas personales. Es el tiempo que nos ha tocado vivir, pero me niego a ceder al victimismo y el desánimo. SOMOS COMUNIDAD, hay que interiorizar esa idea como un mantra. Basta ya de enfrentamientos cainitas. El enemigo está frente a nosotros, y no entre los nuestros. Basta ya.
Tenemos al adversario delante, no detrás
(Imagen: fotograma de la serie de TV "Vikings")

Bueno, esto era lo que hoy quería compartir con vosotr@s. Tal vez el texto sea un tanto confuso, tal vez no sea mi escrito más brillante, pero era algo que llevaba dentro y debía exteriorizar, por muy políticamente incorrecto que sea. Y recordad que se trata de una mera opinión personal: sólo hablo en mi nombre, aunque sé que muchas personas estarán de acuerdo conmigo.

¡Hasta el próximo post!

miércoles, 29 de marzo de 2017

POR QUÉ NO RINDO CULTO A LOKI

Este año, fui invitado a oficiar la ceremonia de Ostara por un clan de Cádiz (precisamente formado en torno a la pareja a quienes casé hará cosa de dos primaveras). Fue un fin de semana inolvidable, y no sólo por la ceremonia, que fue hermosa, ni por el reencuentro con viejos conocidos, que cargó el evento de emotividad, sino por la intensa jornada de convivencia, que me permitió conversar con un nutrido grupo de Odinistas y de personas interesadas en nuestra fe, entre quienes encontré un joven que me comentó su caso: se sentía muy interesado en la figura de Loki, pero algunos Odinistas veteranos le habían prevenido sobre ello, recomendándole que fuese con cuidado al tratar sobre el tema, y el muchacho se hallaba perdido.
Entonces me di cuenta de la desinformación que existe en los círculos Ásatrú/Vanatrú sobre la figura del Embaucador, y también tuve la certeza de la responsabilidad que de ello tenemos quienes precisamente pretendemos divulgar nuestra Fe, que en ocasiones pasamos de puntillas sobre algunos temas, bien sea por descuido, o por manifiesta incomodidad. Y naturalmente he sido el primero en evitar este asunto; es más: tenía preparado este artículo desde hacía algún tiempo, pero siempre encontraba una excusa para posponer su publicación. Se han acabado las evasivas. Es el momento de hablar sobre Loki.

Loki con una red (invento suyo), en un manuscrito medieval islandés

Aunque el título del presente ya deja clara mi postura, es necesario desarrollar tan categórica aseveración. Y al contrario que otros, que pretenden deslumbrar por la vastedad de sus conocimientos sobre mitología, mi idea es realizar un ejercicio de síntesis, dejar claros los principales motivos de mi animadversión por el Astuto desde el punto de vista de la Fe, intentando resolver dos cuestiones: 1º) ¿qué es Loki para el Odinismo?, y 2º) ¿por qué yo no le rindo culto? En uno de los primeros artículos que escribí en mi blog, ya traté el asunto del culto específico a Loki y su parentela en la actualidad, por lo que no hablaré en esta ocasión sobre ello (para los que quieran ponerse en antecedentes os dejo un enlace al artículo en cuestión en este enlace), y me centraré en la relación del Odinismo convencional con este ser. Pues bien, entremos en materia.
Si pensamos un instante en nuestro panteón, no tardaremos en ver que Loki no encaja: ni es un valeroso guerrero, ni una encarnación de sabiduría o de fertilidad. Es más, tampoco representa ninguno de los valores de la sociedad tradicional Germánica, como el honor, el coraje o la laboriosidad. Así pues, ni encaja con los Æsir ni con los Vanir, y a pesar de ello, está presente en toda nuestra mitología. ¿Qué hacer con él? ?¿Qué papel desempeña en el moderno Odinismo? Loki impide una comprensión sencilla de su esencia porque, al igual que otros seres divinos, se compone de muchas facetas, pero en su caso algunas de dichas facetas de contraponen claramente, y así, tenemos dos factores que se unen: ni Loki lo pone fácil a la hora de conocerlo, ni el Odinista medio tiene interés en hacerlo. A nivel intelectual es, pues, un problema, pero es aún peor a nivel espiritual porque la mayoría de Odinistas entendemos que su comportamiento es censurable. ¿Podrías honrar a una deidad que lleva a cabo actos que te resultan repugnantes?
Para muchos, su peor crimen fue el asesinato de Balder. Sin embargo, hay que reseñar que la descripción más extendida sobre Balder, la que le debemos a Snorri Sturlusson, está a todas luces muy cristianizada y se aleja del concepto de dios guerrero que era para los Germanos continentales. Diré aún más: si Balder hubiese sido realmente esa especie de hippie pacifista, la acción de Loki habría tenido una justificación: evitar el debilitamiento de Asgarð.
Pero en su expediente constan otras atrocidades. Por ejemplo, es el padre de Jörmunganðr, la Sierpe de Midgarð, y del terrible lobo monstruoso Fenrir y Hel, la Diosa Cadáver; eso sin contar que también es la “madre” de Sleipnir, el corcel de ocho patas de Odín. Pero aquí surge una cuestión: los hijos que tuvo con su otra esposa, Sygin, son geniales, así que ¿por qué son monstruosos los que tuvo con la giganta Angrbóða? Recordemos que existen otros gigantes a quienes rendimos culto sin mayor problema, como por ejemplo Skáði, esposa de Njorð, Señor de los Vanir. Entonces,¿se deberá al hecho de que él mismo es un gigante, y por tanto, de su unión con otro de su especie sólo puede salir Caos?

Así ven al Embaucador sus seguidores...

Loki también tiene fama de ladrón, provocando con sus hurtos la ira de los dioses, quienes no se conforman con castigarle, sino que, conscientes de su astucia, le exigen que resuelva el problema, cosa que suele lograr, pero que no hace por lealtad, sino para evitar un castigo mayor. Ahora bien, en ocasiones, cuando devuelve lo robado, lo hace mejorando el objeto, como hizo con la cabellera de Sif, o como cuando entregó a los dioses el Martillo de Þórr o la lanza Gungnir. Y en ello se basan quienes lo honran: según ellos, Loki te roba, sí, pero después devuelve lo robado con intereses. Yo lo pongo en duda: no niego lo que nuestra mitología nos transmite, pero no seré yo quien acuda al Caos en busca de premios o beneficios, porque es imposible saber si el resultado será el esperado (y sería una muestra de soberbia creer lo contrario). Quienes lo siguen, entienden que la Senda de Loki es transformar la vida propia en una suerte de “rebelión divina”, intentando conectar la figura del Embaucador y el concepto de libertad, y tal vez por eso les parece tan horrible el castigo al que los dioses han sometido a Loki.
Pero los elementos negativos no se ciñen sólo al plano espiritual. Si acudimos al registro histórico / arqueológico, sólo hallamos silencio, más allá de lo expuesto sobre él en las Eddas. ¿Qué sabemos de él? Que es un Ettin (“gigante”) que se hermanó por juramento de sangre con Odín (“honrando” después ese juramento al matar al hijo de su hermano). Aparte de sus fechorías y parte de su familia, no conocemos casi nada de él. No existen pruebas históricas de un culto organizado a Loki, ni topónimos que hagan referencia a su nombre. Nada. Snorri dice de él que es hermoso, pequeño y delgado, con una rebelde cabellera pelirroja. ¿Pequeño? ¿Delgado? ¿Pero no es un gigante? Es más, nos consta que es incapaz de defenderse físicamente, circunstancia que Þórr aprovecha siempre que puede atormentándolo y castigando su cuerpo. Y sin embargo, será capaz de matar a Heimdall en el Ragnarök. No es que inspire confianza, ¿verdad?
Y aparte de devolver (a veces) lo que él mismo roba, ¿qué otras tareas tiene, o dicho de otro modo, cuál es su campo? Su interpretación como dios del fuego data del siglo XIX, y deriva de la falsa etimología de la palabra lógi (“llamas”); pero el fuego es algo positivo para la Humanidad, la familia de los dioses. Si seguimos ese símil, Loki no sería el fuego, sino quien lo provoca, el relámpago o la chispa que cae sobre la hojarasca e inicia el fuego en el bosque. Aunque ese concepto no está tan equivocado como puede parecer al principio: de hecho es pelirrojo (su cabello crespo se asemejaría a una hoguera), y sin duda es familia del gigante de fuego Surtr. Además, su comportamiento también es similar al del fuego natural: si hace pequeñas hogueras, está controlado, pero si no hace acto de presencia durante mucho tiempo, puede provocar una devastación absoluta. También, remitiéndonos a nuestra mitología, tenemos constancia de que, en ocasiones, ha ayudado a resolver conflictos que no eran obra suya, aunque siempre instigado por los dioses, que saben de su ingenio y lo aprovechan. Y en algún que otro caso, ha resultado útil para los dioses de modo involuntario. Por ello, algunos estudiosos opinan que es el personaje ideal a quien rezar en situaciones peliagudas. Como he dicho antes, no seré yo quien lo haga. ¿Llamar su atención y mostrarle puntos débiles? No, queridos lectores, no contéis conmigo para eso.

...aunque esta ilustración se acerca más a la realidad
(ilustración por Ladynorthstar- fuente: Deviantart)

Asimismo siempre se muestra encantador y simpático... hasta la llegada del Ragnarök: entonces podemos ver su poder en plenitud, cuando, a la cabeza de su clan (los gigantes) y de sus ejércitos de muertos sin descanso, sellarán el destino de los dioses. Sí, pero tampoco vencerán: simplemente cumplirán con su propio destino y perecerán, para que una nueva era de luz y armonía surja de toda esa destrucción. Con ello en mente, muchos Odinistas (entre quienes me incluyo) lo consideran el responsable de los desastres naturales. Terremotos, incendios, tsunamis, todos estos fenómenos se los debemos a él, quien se retuerce en su cautiverio, intentando desembarazarse de sus grilletes, resentido y furioso con los dioses y su parentela en este mundo. ¿Rendirle culto a un ser así? No, gracias.
Y he aquí el por qué yo no rindo culto a Loki. Repito: YO. Quien desee hacerlo, es libre de intentarlo. Ahora bien, si es tu caso, te ruego que me permitas darte algún consejo (más allá del consabido “no lo hagas”), a modo de colofón: cuando se trata con Loki, no hay seguridades. No hay certezas, ni normas. Es la antítesis de las reglas sociales (por eso en el Ragnarök se enfrentará a Heimdall, el Guardián de Asgarð, en lugar de enfrentarse a Þórr o al propio Odín), por lo que no hay, por mucho que puedas leer en la red, un ceremonial mecanizado o una estructura coherente en la que basarse. Al trabajar con él, lo que hay que tener presente por encima de todo es que, aunque no es malvado (en el sentido cristiano del término, no es una especie de “Satanás vikingo”), tiene un lado tenebroso y maligno, un horrible sentido del humor y una esencia caótica y entrópica. Y JAMÁS lo honréis de noche, pues sólo atraeréis la desgracia a vuestras personas. Sus adeptos dicen que no honrarlo puede enfurecerlo. ¡Pues adelante! Prefiero afrontar su ira que recibir sus atenciones.

¡Nos vemos en el próximo post!

lunes, 23 de enero de 2017

MÚSICA Y FE

Ante todo, quiero felicitar el nuevo año a todos los que visitáis mi blog, deseando que sea feliz, próspero y pleno para tod@s. En lo que respecta a este modesto espacio de opinión y difusión de la antigua fe de nuestro Pueblo, debo decir que me complace haber recibido ya más de 10.000 visitas: todo un triunfo, en mi opinión. Si bien es cierto que este pasado 2.016 no he publicado tanto como hubiera sido deseable (por lo que pido disculpas de corazón), trataré de organizar mejor mi exiguo tiempo libre para poder así hacer gala de la periodicidad que este proyecto se merece. Dicho lo cual, es hora de inaugurar este flamante 2.017 con otro artículo.
Desde hace un tiempo, me he percatado de que comienzan a asentarse ciertas opiniones, sobre todo en Odinistas maduros, al respecto de algo que, a priori, parece un asunto menor, y que sin embargo considero importante: la relación entre la música y el Odinismo. Y es que, al parecer, hay un sector de personas que opinan que los medios de comunicación asocian la práctica de nuestras creencias con un estilo musical, concretamente el Viking metal y el Folk Metal: estas personas entienden que la asociación entre nuestra fe y estas manifestaciones musicales dan una imagen de los Odinistas en su conjunto que dista mucho de la realidad. Pues bien, escribo hoy aquí para dar mi opinión al respecto, y, por qué no, leer las vuestras, si deseáis plasmarlas en la sección de comentarios.
En primer lugar, y para no llevar a engaño a los lectores, he de confesar que soy un fanático seguidor de los estilos musicales antes mencionados: en mi caso, fue gracias a esta música que descubrí la fe que hoy profeso con orgullo, y no me da ningún reparo reconocerlo. Sin embargo, y a pesar de esta realidad, es comprensible que haya gente que no comparta mis gustos musicales, cuyas circunstancias no son las mías, y que tienen otra sensibilidad. Supongo que esta empatía surge con la edad, y cuando uno empieza a peinar canas, puede hacer el ejercicio de atender a otros puntos de vista...
En cualquier caso, no voy a hacer aquí un monográfico sobre Viking/Folk metal: si alguien tiene interés, que me lo proponga, y puede que me decida a hacerlo. Pero hoy no quiero desviar la atención del asunto que subyace en la preocupación de nuestros veteranos Odinistas. No hace falta ser muy avispado para entender sus cuitas: según la opinión general, esta música no respeta los cánones clásicos, y las actuaciones en vivo pueden parecer violentas, y en algunos casos propensas a fomentar el consumo compulsivo de alcohol, así como ciertos conceptos asociados a nuestras creencias y que pueden inducir a errores. Amigos “metaleros”, esto es así aunque no nos guste. Y debemos esforzarnos en explicar el porqué de las cosas.
Por ejemplo, la opinión generalizada de que esta música suele tener componentes racistas, xenófobos y/o ultra nacionalistas se debe a la fama que adquirieron ciertos individuos, relacionados con este tipo de música, y el referente más obvio es, sin duda, Varg Vikernes. Pero no olvidemos que su notoriedad la adquirió por asesinar a otro músico y verse involucrado en la quema de iglesias en la Noruega de los noventa. Si alguien escucha los discos de Burzum, banda formada exclusivamente por Varg, descubrirá que, si bien muchos de sus temas son ramplones y repetitivos, en algunos subyace una espiritualidad vibrante. Por ello, apreciar al señor Vikernes como artista no quiere decir justificar sus barbaridades. No olvidemos que el mismísimo Sveinbjörn Beinteinsson, el Alsherjargóði de Islandia que sentó las bases del Odinismo moderno, colaboró en una pieza de Burzum, llamada Hávamál, que recomiendo encarecidamente. Por ello, puedo afirmar que, como músico, respeto a Varg Vikernes y soy un gran seguidor de su grupo Burzum; como ideólogo político y orador panfletario, lo considero como el delincuente que fue y cuyos actos me repugnan.

Sveinbjörn Beinteinsson (fuente: YouTube)

Otro caso completamente distinto sería el del los archiconocidos Amon Amarth. Aquí nos encontramos con una banda que practica un estilo musical que no tiene, a nivel instrumental, ninguna influencia de los sonidos folk otorgados por instrumentos como gaitas o zanfonas: practican un Death Metal técnico y potente: como suele decirse, “sin concesiones”. Sin embargo, sus letras hacen un repaso exhaustivo de nuestros mitos, nuestro panteón y la visión romántica que aún tenemos sobre los vikingos: de ahí, que a sus conciertos no vayan solamente adolescentes Odinistas y amantes del mundo vikingo, sino también aficionados al buen Death Metal, y eso genera un público heterogéneo y con una forma de vestir y de sentir la música apasionada, visceral, y ante todo, un público sediento de vida y pletórico de energía. De ahí esas impresionantes imágenes de conciertos donde miles de jóvenes parecen combatir unos contra otros en un cuerpo a cuerpo desenfrenado y regado con alcohol. Pues bien, yo he estado en muchos conciertos de Death Metal, y de hecho yo mismo soy cantante en un modesto proyecto musical enmarcado en ese estilo, y ya ven, ni he muerto ni he sufrido daños: reconozco que, visto desde fuera con los ojos de alguien lego en estos menesteres, la imagen de un wall of death puede ser impactante, pero se trata de un modo de expresarse y de sentir la música y la vida. Con respecto al alcohol, y teniendo en cuenta los precios de las bebidas en un festival medio, la norma es que no se pueda beber en exceso, así que tal vez haya gente que se haya llevado a engaño sobre este asunto: naturalmente que se bebe, sobre todo cerveza, pero nada fuera de lo normal, en mi opinión. Volviendo específicamente a los Amon Amarth, tal vez su mayor mérito con respecto a nuestra Fe se halle en la labor de difusión que realizan (consciente o inconscientemente) hacia un público que, de otro modo, no conocerían la Historia de nuestro Pueblo. Dicho lo cual, no olvidemos dos cosas: primero, que Johan Hegg, cantante y frontman de Amon Amarth, se ha declarado en varias ocasiones como un ateo convencido y que simplemente es un entusiasta de la cultura y tradiciones precristianas nórdicas, por lo que a nivel personal no le tengo aprecio en absoluto aunque su música me guste. Segundo, la visión de Amon Amarth de nuestros mitos y dioses es una visión personal de su autor, un tanto estereotipada, al igual que el uso que hacen de la imaginería bárbara y vikinga (en la última gira, su escenario estaba decorado con un enorme yelmo... coronado por dos enormes cuernos).

Bonito casco gigante... y preciosos cuernos...

Como ya digo, a poco que uno indague y se documente, la perspectiva sobre estos estilos musicales puede cambiar, y aunque no se pueda llegar a apreciar su sonido, el investigador intuitivo podrá descubrir que los aficionados a este tipo de sonidos y de temática no son todos una horda descerebrada de brut@s violentos y engullidores de cerveza, y que este tipo de música puede llegar a ser muy espiritual y aportar conocimientos y remover conciencias: a nadie se le escapa que, aunque sean un puñado de grupos los que copan las noticias y se llevan todo el prestigio, tras ellos hay una verdadera legión de bandas con un saber hacer y unas ganas tremendas, y por supuesto con un respeto y cariño hacia nuestra Fe y tradiciones que expresan mediante su arte. En el caso de España, gente tan sobresaliente como los madrileños Pimeä Metsä (a quienes he tenido el placer de conocer y de comprobar su simpatía y humanidad), o los catalanes Northland, que son verdaderos artistas, o la promesa incipiente de los granadinos Wyrmslayer, que con potencia y alegría saben transmitir las ideas y valores de la Antigua Senda.

Atentos a este nombre, amantes del Viking Metal, porque dará que hablar

Y aún habrá quien se plantee: “de acuerdo, pero a mí no me gusta el rock: ¿dónde están los compositores de música clásica Odinistas?” Bien, pues dejad que os diga que el resurgir del auténtico Folk y los sonidos tradicionales es un hecho. Y casi parece innecesario mentar a grupos como Wardruna o Faun, pero es comprensible que los amantes de este estilo musical, más pausado e introspectivo que el rabioso Metal, no puedan encontrar muchos exponentes de ese sonido: tal vez se deba al hecho de que nuestra juventud se identifica más con el sonido eléctrico fusionado con el tradicional, que aporta melodía y contundencia a partes iguales. Pero yo pienso que, en el futuro, cuando ya tengamos una tercera o cuarta generación de Odinistas, que hayan nacido y crecido en el seno de clanes y educados en las tradiciones de nuestro Pueblo, tendremos la ventura de ver Odinistas componiendo óperas, realizando series de animación, dando clases en la Universidad... y quién sabe, puede que hasta dirigiendo un país... El tiempo lo dirá.

¡Hasta el próximo artículo!

Wardruna en directo

miércoles, 24 de agosto de 2016

EL BARCO, EL TIMÓN,… Y ALGO MÁS: LAS SEIS METAS

“Goberné los barcos,
Y estando en proa,
Fui el señor único de todo el pueblo.”
Völsa Þáttr, estrofa 12

Hoy, para ilustrar la cuestión que deseo tratar, me serviré de un símil marinero. Se me ocurrió hace algunas semanas, cuando mantuve una animada charla con un veterano Odinista, llamado Jean-Pierre, que me aconsejó redactar y publicar esta entrada en mi blog.
Imaginad por un momento el océano. Inmenso y fascinante, fuente de alimento y de muerte. El océano es una metáfora perfecta para representar nuestras vidas. Al principio, en la playa de nuestra niñez, nos sentimos seguros, acompañados y siempre curiosos. Cuanto más avanzamos, más fría se vuelve el agua, y cuando dejamos de hacer pie, nos damos cuenta de que es muy difícil avanzar: las corrientes pueden arrastrarnos, la hipotermia es un peligro constante, y casi de modo instintivo, buscamos algo a lo que aferrarnos, una tabla que nos impida hundirnos. Y, en el caso de los Odinistas, contamos con algo mejor que una tabla: todo un barco. Nuestra fe.
Así que tenemos el soporte perfecto para mantenernos a flote, un majestuoso långskip, con una tripulación leal. Nuestro barco es sólido, tanto como nuestra fe lo sea, y no es fácil hundirlo. Pero el océano sigue siendo poderoso e indómito, y sin una guía, nuestros remeros pueden hacer que nuestra bella embarcación navegue en círculos. Todo långskip necesita un styri, un timón, que nos permita gobernar el barco a voluntad. ¿Qué podríamos considerar como nuestro timón en la fe? Para muchos Odinistas, la respuesta es clara: las Nueve Nobles Virtudes. Nos posibilitan darle una dirección a nuestro barco en el proceloso mar, pues actúan como un auténtico timón. No son obligaciones, sino guías, y eso es lo que permite enmarcar la ruta que deseamos tomar. Si no conocéis las Nueve Nobles Virtudes, hallaréis mucha información en la red: no voy a hablar sobre ellas hoy, aunque de momento nos baste con saber que tienen una función de guía recomendada.

Nuestro metafórico barco espiritual. Autora: Kráka Gúnnarrsdóttir (Instagram: Fiskrart)

Así pues, nos hallamos en este punto de nuestra metáfora: nosotros tomamos el rol de capitán (o Styrimaðr en nórdico antiguo) de nuestro hermoso långskip, nuestra fe, surcando el inclemente océano que es la vida y sorteando tormentas gracias a nuestra pericia con el timón (styri), que son las Nueve Nobles Virtudes. Estamos listos, sin duda. Pero ¿listos para qué? Aquí es adonde pretendía llegar. Muchos Odinistas se quedan en este punto, y si uno de sus marineros les preguntan “¿hacia dónde vamos, capitán?”, se quedan en blanco, o tienen respuestas genéricas, del tipo “¡pues a Valhalla!”, respuestas que no han meditado, que no se han planteado realmente. ¿Cuál es el objetivo en la vida de un/a Odinista? ¿Dónde está nuestro puerto?
Es por esto que hoy os hablaré de las Seis Metas. En un primer momento, fue Edred Þorsson quien las enunció en una de sus obras, aunque hoy día han tomado gran relevancia entre varios autores. ¿Y qué son las Seis Metas? Las podríamos entender como reflejos de las cualidades representadas en los dioses y diosas de nuestro Pueblo, cualidades por las que verdaderamente merece la pena luchar y morir. Nuestra fe, sus valores y principios, están enfocados sin duda a mantener y fomentar éstas. Ahora pasaré a enunciarlas y explicarlas, siquiera someramente, puesto que sólo adquirirán la profundidad en vuestra alma que vosotros queráis darle.

·         DERECHO. Meta auspiciada y alentada por Tyr. Se refiere al juicio de la tradición de nuestro Pueblo, enriquecido con nuestra propia inteligencia y sentido común. Es una meta racional: buscamos el gobierno de la racionalidad y la iluminación. Es el deseo de ver a nuestro Pueblo gobernado racionalmente.
·         SABIDURÍA. Meta guardada por Odín. Se refiere a la búsqueda del conocimiento, la curiosidad por saber qué se oculta en nuestra alma, en lo desconocido, aquello con la habilidad de mantener unidas todas las cosas, y que debe ser preservado a toda costa. Si la Sabiduría sobrevive, el resto del conjunto puede regenerarse. Es nuestro sentido de la aventura y nuestra curiosidad.
·         PODER. Meta promovida por Þor. Es una Meta “pivote” por así decirlo, pues sustenta dos metas unidas: la Victoria y la Defensa. El Poder siempre debe ser gobernado por la meta del Derecho y dirigido por la meta de la Sabiduría. No hay un beneficio en el Poder por sí mismo. Aquí se enmarca la alegría de la victoria, nuestra ansia de conquista y nuestro deseo de poder.
·         COSECHA. Meta auspiciada por toda la tribu Vanir. Es la recolección de los frutos de cualquier ciclo natural, aquello que mantiene saludable a la gente. También incluye los frutos de los ciclos económicos, la riqueza, el bienestar físico.
·         FRIÞ. Dominado por Frey y Freya. Es el estado de “calma” o “paz” que se alcanza al perseguir las Seis Metas y completar algunos ciclos. Es la esencia de la libertad, el crecimiento personal autogestionado y desarrollado de modo voluntario. El Friþ usualmente implica ausencia de guerra, pero no de conflicto, pues el crecimiento siempre requiere algún tipo de lucha.
·         AMOR. Ley vital vigilada por Odín y Freya. Es el amor completo, la lujuria y el erotismo. Es nuestro sentido del placer. Todo en esta meta es, por sí mismo, natural y bueno, pero sin su aspecto espiritual pierde su sentido. Aquí experimentamos el gusto por la vida, ese pozo de deseo desenfrenado que, si lo meditamos, descubriremos que se halla íntimamente ligado a la meta de la Sabiduría.

Ya veis que las Seis Metas están muy ligadas unas con otras, y no son más que los indicadores que deben sustentar los valores de nuestra fe.

Jean-Pierre (a la derecha), durante una agradable charla en el Templo de Gaut (Albacete)

Y así, de repente, cobra sentido el barco, su timón, su capitán y la lucha que mantiene contra el océano, que no es sino la senda que debe seguir… para llegar al puerto que son las Seis Metas.
Espero no haberme extendido en exceso. Comprendo que el tema es denso y puede ser un tanto críptico, y como siempre hago, me pongo a vuestra disposición para solventar cuantas dudas os surjan al respecto de las Seis Metas.Y, para acabar este artículo, me gustaría finalizar como empecé: con un fragmento de inspiración vikinga, y que creo que tiene mucho que ver con lo que hoy os he contado:

“Íbamos cabalgando,
Cada uno en nuestro barco,
Tomando el curso que quería el Destino,
Hasta que el Este alcanzamos.”

Atlakvída, estrofa 99

viernes, 1 de abril de 2016

REIVINDIQUEMOS EL TRISQUEL


Trisquel de barro. Obra de Fiskr Art               

Hace ya bastante tiempo, tuve una animada charla con un Odinista al respecto de simbología pagana. Mi contertulio, un Ásatrúar noble, pero de cortas miras, se obcecaba en la idea de que los Odinistas no debían usar el trisquel como un símbolo propio, puesto que se trataba, sin asomo de duda, de un elemento exclusivamente celta. Nunca conseguí que aceptara mis explicaciones al respecto, y reconozco que se trata de una espina que aún llevo clavada en mi conciencia y, por qué no admitirlo, en mi orgullo. Pasó el tiempo, y hoy día es bastante común que nuestros hermanos y hermanas en la Antigua Senda luzcan orgullosos ruedas solares de seis y ocho brazos, de un estilo eminentemente eslavo, sin que a nadie le haya molestado la adopción de este símbolo, en lugar de usar el tradicional germánico de cuatro brazos, debido sin duda al miedo que hoy provoca lucir un elemento considerado nazi por la mayor parte de la sociedad. Bien, no se oyen objeciones ante la adopción de esta interpretación de tan sagrado ideograma. Sin embargo, también abundan aquellos que suelen lucir un trisquel, ya sea estampado en una prenda, a modo de colgante, o tatuado en su cuerpo: ante estas personas yo sí que he escuchado objeciones. Este artículo está dedicado a aquellos de vosotros que penséis que se trata de un símbolo ajeno a la cultura germánico-escandinava. No, no, no pienso escribir un tratado arqueológico, que generalmente sólo conduce al tedio y no solventa dudas ni remueve conciencias. Porque lo que pretendo es eso: tocar alguna fibra de vuestro interior con un símbolo que aún denostamos, siendo uno de los más potentes en cuanto a mensaje y carga espiritual. ¿Queréis una explicación Odinista del trisquel? Seguid leyendo, entonces.

Rueda solar eslava o kolovrat (fuente: Wikipedia)

Según nuestra sagrada tradición, el mundo humano no es sino el reflejo del mundo divino. Pero actualmente, por desgracia, nuestro pueblo forma parte de una sociedad que persigue la “impersonalización”: todo es todo, nada es algo, todos somos todos, nadie es alguien,... Globalización, a fin de cuentas. Universalismo.
Como todos sabemos, existen diferentes tipos de dioses y diosas, del modo en que existen diversos tipos de personas, con distintas capacidades o aptitudes. Los dioses trabajan en conjunto persiguiendo un fin más elevado que sus motivaciones personales, y para llegar a ese Bien Común forjan relaciones armoniosas entre ellos, basadas en un antiguo y bien conocido concepto de jerarquía triple. Así pues, y según esta interpretación, podemos dividir a los dioses en tres grandes grupos (obviando, como es natural, su pertenencia a los Æsir o los Vanir, que en este caso es irrelevante), en función de sus capacidades: llamaremos a estos grupos Soberanía, Fuerza y Generación, usando la terminología de Edred Thorsson.
                     Soberanía. Se trata del poder del conocimiento, de saber qué es lo adecuado o lo correcto, y la capacidad de llevarlo a cabo satisfactoriamente.
                     Fuerza. El poder físico, empleado para reforzar el objetivo de la Soberanía y defenderlo de fuerzas hostiles que pretendan llevarlo al fracaso.
                     Generación. El poder de mantener el sustento esencial, la existencia continuada y el puro placer de la existencia, sin los cuales sería imposible que la Soberanía y la Fuerza cumpliesen con sus respectivos cometidos.
Estos tres grupos se mantienen en equilibrio del siguiente modo: la Soberanía debe guiar a la Fuerza, y la Generación sirve a los intereses de los tres grupos bajo la dirección de la Soberanía. Tal vez sea más fácil de comprender esta correlación con un ejemplo: el Sabio/Gobernante manda sobre el Guerrero, y el Trabajador provee para todos. Si este equilibrio se rompe, el desastre es inevitable. Si el Guerrero crece por encima del Sabio/Gobernante y el Trabajador, como pudo suceder en la Alemania nazi, sólo habrá guerra, destrucción y caos. Si lo hace el Trabajador, como ocurriera tal vez en la Unión Soviética, se produce rigidez y estancamiento. Si esto ocurre con el Sabio/Gobernante, las otras dos fuerzas reaccionan con caos hasta el restablecimiento del equilibrio, de modo similar a lo ocurrido durante la Revolución Francesa. Tres brazos de una misma figura, y los tres iguales, girando en la misma dirección para mantener la armonía del conjunto por encima de los intereses de cada brazo. ¿Veis por dónde voy?
No debemos interpretar estos patrones como “leyes naturales”, sino divinas: son las normas de los dioses que gobiernan la consciencia humana. Estas normas fueron inculcadas en nuestro pueblo con el triple regalo de Odín, Vili y Vé (Edda prosaica, capítulo 9), y la creación de los diferentes tipos de humanidad por Odín-Rig (Rigsthúla).
Si lo planteamos como un esquema “macrocósmico”,  dioses como Týr y Odín representan la Soberanía; Thor, la Fuerza; Freya y Frey, la Generación.
Pero también podemos plantearlo a un nivel “microcósmico”, individual y espiritual (como hiciera Platón con su concepción de las “tres almas”: irascible, racional y concupiscible): cada uno de nosotros tenemos una parte de Soberano, otra de Guerrero y otra de Trabajador. Está en nuestra naturaleza, como seres humanos, que sea uno de los brazos del trisquel el que apunte hacia arriba: el militar es Guerrero, el académico es Soberano, y el jornalero, Trabajador; también hay casos en los que hay dos brazos apuntando hacia arriba, invirtiendo el trisquel de nuestra alma: el artista marcial es Soberano-Guerrero, o el maestro de escuela es Soberano-Trabajador. ¿Cuál es nuestro propio campo o campos? Sin duda, para responder a esa cuestión es vital la guía de los dioses.
El reflejo de este concepto representado en el trisquel puede observarse incluso en nuestras ceremonias: el Góði/Gyðja representa el Soberano, la Valkiria o el Guardián representan al Guerrero, y los asistentes que ofrecen sus productos, al Trabajador. Y los tres son igualmente necesarios, actuando en conjunto para asegurar el éxito de la ceremonia.
Y de este modo, asumiendo el trisquel como esa representación tanto del orden cósmico como de nuestra propia alma y su triple identidad, estaremos persiguiendo, tal vez de modo inconsciente, la plenitud personal, así como el equilibrio de este mundo nuestro, tan dañado por conceptos universalistas que los cristianos impusieron a nuestro pueblo, robándole su soberanía espiritual, su poder físico y su apetito por la vida. Retomarlos es derrotar al Cristo Blanco en el único campo de batalla que debería importarnos: ¡nuestro corazón!.
¿Es suficiente motivo para lucir el trisquel?

¡Nos vemos en el próximo artículo!

jueves, 17 de marzo de 2016

DESENREDANDO EL CONCEPTO FOLKISH

El artículo que publico hoy aquí trata de un tema sobre el que debía haber escrito hace tiempo. Al tratarse de un asunto complejo y espinoso, he estado remoloneando para no escribirlo de forma precipitada, pero ya ha pasado demasiado tiempo desde que publiqué aquí por última vez, y creo que es importante que deje mi postura bien clara al respecto, dado que, de un tiempo a esta parte, se han sucedido en mi entorno interesantes debates sobre mi posicionamiento en referencia al Odinismo. Así que trataré, como siempre hago, de explicar esa forma de vivir mi fe que muchos tachan de intolerante o sectaria.
Estoy hablando de la corriente Folkish.
Todos los pueblos de este mundo tienen una religión que se interrelaciona con otros aspectos de su identidad, como la lengua o la cultura, que es propia de sus gentes y que, podríamos considerar, es el cauce más natural para la expresión de su espiritualidad. Por desgracia, y desde hace varios siglos, estas religiones nativas han sido desplazadas, asimiladas o, en el peor de los casos, directamente eliminadas por otras creencias espiritualmente “imperialistas”, foráneas en aquellos territorios donde se practicaba otro sistema de creencias que diese a un pueblo ese matiz de independencia y autodeterminación que tan molesto resulta para quien trata de dominar y controlar. Sin embargo, mientras la identidad étnica de un pueblo se mantenga, aunque sea de un modo leve, siempre existe la posibilidad de un renacer de su propia corriente ética.
El cristianismo, seamos claros, no es más que una cubierta artificial en nuestra sociedad. Posiblemente, a causa de ello, el mundo entero sufre hoy una profunda crisis de valores. Cunde el desánimo entre la población, que ya no considera la religión (da igual la que sea, hablo de modo genérico del sentimiento religioso) como algo útil para su desarrollo personal, aferrándose a ese feroz materialismo que pretende taponar con cosas la hemorragia de su alma.
El Odinismo de la corriente Folkish dice simplemente: regresa a la fe de tus ancestros. Sólo eso. No hay supremacismo, no hay revancha ni tampoco odio. Regresa a la fe de tus ancestros, seas de donde seas, pertenezcas al pueblo que pertenezcas. Retornando a la senda ancestral, el individuo simplemente está volviendo a un modus vivendi que funcionó para su pueblo durante miles de años antes de la llegada de esa cubierta artificial que conocemos como cristianismo. No se trata de adoptar un culto exótico que nunca ha sido practicado por tu cultura, como lo fue el cristianismo en su momento. La vuelta a las creencias de nuestros antepasados Odinistas, para el pueblo que dio origen a este modo de entender la vida, es como retornar al hogar materno tras años de ausencia. Es como poder mirar en nuestro interior, y ver nuestro corazón.
Pero para retomar esa senda, es perentorio rechazar otras formas de pensamiento que, aunque exóticas y a menudo interesantes, no nos pertenecen en modo alguno, y de este modo restablecer nuestra propia senda. Porque el Odinismo es la religión de nuestro pueblo. Eso quiere decir que el Odinismo es particular de este pueblo, de este grupo étnico (que lo somos, como cualquier otro, le pese a quien le pese), de todas las tribus germánicas que dieron origen a nuestra cultura: suevos, vándalos y godos en la Península Ibérica, y sajones, jutos, anglos, lombardos, escandinavos, y tantas otras que no enumeraré por no extenderme de modo innecesario. En primer lugar y de un modo preeminente, hay que profundizar en las sendas de nuestros antepasados, largamente olvidadas, aprender (o recordar) su sabiduría y su visión del mundo, y seguir su ejemplo. De nuevo, observamos que hacer lo que ya se ha hecho antes es algo que nos beneficia como cultura o como pueblo (y, de hecho, es la base de nuestro ordenamiento jurídico hoy día: Lo correcto es lo que ya se ha hecho antes). En un plano netamente espiritual, un individuo sólo debería hacer lo que es correcto. Apreciar lo propio no es despreciar lo ajeno, pero para discernir qué es eso que denominamos propio hay que desprenderse de lo que no lo sea. Nos enseñaron que aglutinar era lo correcto, porque quien enseñaba era un aglutinador nato: nuevamente me refiero al cristianismo.

El psicólogo Carl Jung, en su ensayo titulado Wotan, nos da un claro ejemplo del modo en que nuestros dioses permanecen en la sociedad aún hoy día, y cómo pueden volverse más presentes:
Los arquetipos son como cauces que se secan cuando el agua desaparece, pero que pueden hallarse nuevamente en cualquier momento. Un arquetipo es como una vieja corriente de agua por donde el agua de la vida ha fluido durante siglos, excavando un profundo canal para sí misma. Cuanto más haya fluido por ese canal, más fácil es que, antes o después, el agua vuelva a su propio cauce.

 Y así es como los dioses de nuestros ancestros han estado siempre con nosotros, y lo sencillo que resulta el hecho de que vuelvan. Son como una especie de código inscrito en cada fibra de nuestro ser: otros pueblos tienen otros códigos, eso es innegable, y éste es el nuestro. Nuestro código es beneficioso para nosotros, por la sencilla razón de que es exclusivamente nuestro -valga la redundancia -. De algún modo, en un contexto religioso, se trata de seguir nuestros patrones internos, en lugar de seguir sendas antinaturales para el individuo, por las que sólo puede uno abrirse camino siguiendo un dogma dictado desde fuentes externas.
En resumen, el Odinismo de la corriente Folkish enseña a tomar lo cercano para buscar lo sagrado que hay en ello. Debemos ser lo suficientemente sabios para darnos cuenta de que aquello que nos han vendido como “nuestra herencia” no es más que un culto oriental a la muerte, y hasta que no prescindamos de esas anteojeras, no podremos entender con plenitud lo que nos quiere decir el corazón. Nuestro rechazo no va contra una religión, ni contra una cultura, sino contra el sincretismo. Tenemos la noción de que somos un pueblo, formado por multitud de tribus, en un mundo formado por muchos pueblos, cada uno con su cultura y su fe autóctonas, y queremos reivindicarlo, del mismo modo que hoy día lo hacen el pueblo cherokee, o los mapuches, los inuit o los ainu. Eso suena coherente, ¿verdad? Pues cambiad el término cherokee por “francos”, cambiad mapuches por “alamanes”, inuit por “hérulos” y ainu por “turingios”. ¿Qué tal os suena ahora? Cuidado con la respuesta, no os vayan a tomar por folkish.
¡Os veo en el próximo artículo!

jueves, 3 de diciembre de 2015

GULLVEIG: LA DAMA OSCURA Y BRILLANTE

Bueno, pues al fin retomo la escritura, tras varios meses de ausencia e inactividad en este blog. Debido a diversos acontecimientos, he pasado por un período de introspección, tras haberme separado del que fue mi clan durante quince hermosos años. Como suele pasar, estos hechos obligan al individuo a pensar, a recapacitar sobre las acciones propias y ajenas, los fallos y aciertos en nuestro camino vital. Y como suele acontecer, tras el final de un ciclo se atisba el nacimiento de otro, en mi caso uno brillante y prometedor, pues he aprendido de mis errores y éstos me han fortalecido. Por ello, más que en las causas, deseo centrarme en las consecuencias que tal situación ha generado.
Y es que, mientras meditaba sobre este incidente, buscando como siempre la guía de los dioses, hallé en mis recientes devenires (salvando las distancias, lógicamente) ciertos paralelismos con la figura de una diosa bastante desconocida por el gran público, una figura preñada de oscurantismo y dobles sentidos, y me gustaría enseñar algo sobre ella a aquellos que no la conozcáis, así como comentar algunas de mis pesquisas al respecto. Pues puede que, en ciertas ocasiones, hayáis rezado a la diosa equivocada... ¿No me creéis?
Os presento a la dama Gullveig.
¿Pero quién es esta Gullveig? ¿Cuál es su papel en nuestra cosmogonía, por qué la recordamos? En el Völuspá se la menciona, aunque la referencia no parece ni muy clara ni muy positiva:

Recuerda al gran combate,el primero del mundo,
cuando a Gullveig traspasaron con lanzas,
y en la mansión de Hár la quemaron;
tres veces la quemaron, tres veces renació,
de nuevo, sin cesar, y aún sigue viviendo.

Heid la llamaban allí donde iba,
la sabia adivina, hacía conjuros,
hacía magia siempre, hacía magia en trance,
era siempre el deleite de las mujeres viles.

Después profundizaremos más en estas palabras (y, por qué no decirlo, la deficiente traducción al castellano que he escogido). En un primer momento, parece que fue Gullveig la que provocó “el gran combate, el primero del mundo”; también está claro que intentaron matarla, atravesándola con lanzas, y quemándola posteriormente, y ella sobrevivió; asimismo, queda claro que es una diosa fuertemente ligada a la magia.

La ejecución de Gullveig, de Lorenz Frolich

Así pues, tenemos a una diosa de la magia, al igual que Freya, que probablemente fuese una Vanir o una giganta, y que provocó el gran conflicto entre Æsir y Vanir. ¿Cuál fue el motivo? Por lo que he investigado, tiene que ver con la utilización que Gullveig hace de sus artes mágicas: al contrario que Freya, quien comparte sus conocimientos con los dioses y los pone al servicio de los Æsir, Gullveig es codiciosa y trabaja a cambio de oro. La prueba de ello la tenemos en su propio nombre: en la primera estrofa del Völuspá en la que se la menciona, se la llama por el nombre de Gullveig, cuya raíz, Gull-, significa “oro”, por lo que su nombre se traduce de muchas formas diferentes, todas ellas relacionadas con este metal: “Rama de oro”, “Bebedora de oro”, y otras muchas interpretaciones; pero hay más, y es que tras los tres intentos de ejecución a los que sobrevive, los dioses comienzan a llamarla Heid, que en nórdico antiguo se escribe Heiðr, y que se traduciría como “brillante”, “reluciente”, o utilizado en sustantivo, “honor”, una palabra relacionada por nuestros ancestros con el prestigio, y también con la riqueza. Como veis, el nombre de esta diosa es revelador, así como la historia que la acompaña, de la que destacaré dos puntos, a mi entender muy importantes.
En primer lugar, por la dicotomía entre su primer y su segundo nombres, observamos cómo los pueblos germánicos juzgaban la riqueza: por una parte la avaricia es mala, porque el acaparador consiente que le sobren los recursos aun cuando el resto de su clan tiene menos, lo que puede significar sufrir carencias por los miembros más desafortunados; por otro lado, la prosperidad económica es un poderoso símbolo de estatus social, algo necesario y deseable, pues cuando la reputación de un miembro de la comunidad crece, lo hace también el prestigio de la misma en su conjunto.
Por otro lado, tenemos el hecho de que, tras demostrarse sobradamente su capacidades mágicas, tan potentes que hasta le otorgan ciertos matices de una “inmortalidad” sui generis, los dioses la destierran fuera de Asgard, tal vez en las cercanías de Niflheim (aunque no en su interior, pues no está muerta), cerca de la arboleda de Mímir. Esto también es un reflejo de la actitud de nuestros antepasados con respecto a los usuarios de magia: a pesar de que eran respetados, y de que sus poderes eran solicitados de manera natural, no es menos cierto que, en la mayoría de ocasiones, estas personas vivían lejos de los núcleos de población, por lo general en páramos o en mitad del bosque. ¿Temor ante su poder? ¿Desprecio ante su supuesta avaricia? ¿O simplemente tradición?

La völva, en un sello de las Islas Feroe

Llegados a este punto, os voy a comentar por dónde iban mis pensamientos: no podía parar de darle vueltas a esa extraña frase al final de la estrofa 22 del Völuspá: “era siempre el deleite de las mujeres viles”. ¿Trataba Snorri Sturlusson de hacer un guiño a la Iglesia, acabando la descripción de una hechicera con una frase despectiva? ¿O acaso era una mala traducción? Busqué varias fuentes, diferentes traducciones, y todas acababan de un modo similar. Así que opté por ir directamente a la fuente, el texto original en Dönsk Túnga. La estrofa 22 dice así:

Héiði hana hétu hvars til húsa kom,
völu velspáa, vitti hon ganda;
seið hon, hvars hon kunni, seið hon hug leikinn,
æ var hon angan illrar brúðar.

Para hablar de la última frase no necesitaba copiar toda la estrofa, lo sé, pero al leerla, descubrí más cosas, que explicaré seguidamente, pero antes, la pregunta: ¿illrar brúðar significa literalmente “mujeres viles”? Pues no. Ni por asomo, según mi opinión. Brúðar se traduciría, según mis escasos conocimientos, como “novias”; illrar, por contra, sí se podría traducir como “viles”, aunque tal vez sería más correcto tomar la acepción “malignas” o “perjudiciales”. Es decir, que si aplicamos una visión odinista a la traducción, se podría hablar de unas mujeres con una serie de compromisos adquiridos similares al matrimonio (es decir, que han superado un rito de paso), y que tienen capacidad para hacer maldades, es decir, que son poderosas. Así visto, mi traducción puede ser más compleja, pero decir simplemente “mujeres viles” me resultaba hasta ofensivo.
Pero si observamos el texto en su conjunto, vemos que la traducción que he usado es igual de infame en toda su extensión, y el texto original oculta interesante información para el lector odinista. Esa extraña reiteración al final de la estrofa 22:

(…) la sabia adivina, hacía conjuros,
hacía magia siempre, hacía magia en trance,...

Donde dice “la sabia adivina” en realidad dice que es una völva que realiza Spå, es decir, que si tomamos el término völva como una generalización de “adivina”, podemos ver que en realidad Gullveig es una Spåkóna; lo de “hacía conjuros” es también inexacto: yo propondría “hacía Galðr”, me parece más cercano al texto original; por último, se menciona dos veces el uso del Sejðr por parte de esta desconocida diosa. Cómo cambian los matices cuando se acude a la fuente, ¿verdad?
Pues bien, ya que hablamos de interpretaciones, algunos expertos tratan de ver distintas facetas para una misma diosa debido a las similitudes entre Gullveig y Freya: ambas son maestras de Sejðr, Vanir, y tienen debilidad por el oro (no olvidemos que Freya es la dueña del collar Brísingamen, y su gusto por el oro es más que notable). ¿Hablamos de dos diosas diferentes? ¿O tal vez una diosa con dos facetas, una luminosa y hermosa y otra oscura y terrible? Es algo en lo que sigo meditando, y me encantaría saber lo que pensáis vosotr@s.
Pues con estos pocos datos espero haber arrojado algo de luz sobre esta interesante, desconocida y misteriosa diosa. Y si además he logrado enseñaros algo, pues mejor que mejor.

Gullveig, por Andrew Valkauskas

Y antes de acabar, os dejo un último pensamiento: el Völuspá, de donde he sacado el texto principal, se supone que es el relato que una augur realiza a petición de Odín, usando un tono grandilocuente y, en ciertos pasajes, decididamente hostil, sobre el origen y el destino de los Nueve Mundos. Esta profetisa no es una Norna, y tampoco es Freya. Conoce el origen del Universo y su final, como si siempre hubiese estado ahí, es decir, con un cierto matiz de... inmortalidad. ¿Quién podrá ser esta mujer? Hala, a leer y a pensar...

¡Hasta el próximo artículo!