viernes, 8 de mayo de 2015

EL CLAN HÁVAMÁL EN GRANADA: el recreacionismo educativo y emocionante

     Llevo ya un tiempo sin publicar nada por aquí, y es que últimamente tengo una agenda bastante apretada. Sin embargo, llevaba unos días madurando la idea de compartir con vosotros unas cuantas imágenes que, a buen seguro, os gustarán. 
     Os pondré en situación. Hace menos de un mes, concretamente los días 16, 17 y 18 de abril, tuvo lugar en la hermosa ciudad de Granada la celebración de las II Jornadas de Cultura Vikinga, organizadas por la Universidad de Granada. El año pasado generaron bastante expectación entre los aficionados al tema, y aunque no pude asistir por motivos laborales, supe por los asistentes al evento que mereció la pena de sobra. Como es obvio, me prometí asistir este año. Sin embargo, nuevamente el trabajo y sus complicados horarios me impidieron asistir a las conferencias de los días 16 y 17, jueves y viernes respectivamente: en ellas se trataron diversos temas sobre el mundo vikingo, desde su espiritualidad hasta su cristianización, pasando por sus relaciones comerciales y culturales con otros pueblos o el estudio de los pueblos "pre-vikingos", como los hérulos. Hubo debates, presentaciones y firmas de libros, y varias actividades más. Como ya he contado, me fue imposible ir, aunque, gracias a los dioses, este año el último día resultó ser sábado, y pude asistir, junto a varios miembros de mi clan. Y entre las actividades programadas para ese día, se encontraba una que me interesaba sobremanera: la exhibición recreacionista a cargo del Clan Hávamál, un soberbio grupo recreacionista llegado de tierras catalanas. Si tuviese que definirlos con una palabra, ésta sería, sin duda, simpatía. Haciendo un derroche de buen humor, frescura y cercanía, aunque sin olvidar el rigor histórico ni la seriedad, convirtieron en ameno lo que podía haberse convertido en una pesada exhibición de vestuario y armamento. En fin, supongo que una de las ventajas que tienen los smartphones es que te permiten ir a cualquier sitio con una cámara de fotos medianamente decente, y en este caso concreto, considero que se justifica el aforismo que reza: "una imagen vale más que mil palabras". Así que ahí os dejo unas cuantas, captadas con mi teléfono por Sofía, a quien le agradezco el interés y el buen tino para captar estas bellas instantáneas. Disfrutadlas.






Aquí se observa la escenificación que habían preparado




El público, embelesado, no perdía detalle de las explicaciones


Selección de diversos modelos de cascos escandinavos


Os garantizo que ponerse un gambesón acolchado a mediados de abril en Granada es algo digno de admirar...


Un trono para el Jarl


Exposición de varias armas, y al fondo un hermoso escudo


Otros modelos de escudo (nótese que estos dos han sido ya usados en alguna ocasión...)



Preparándose para la demostración práctica


Al fondo se observa la hermosa tienda de campaña, inspirada en la del barco funerario de Oseberg


Ejemplo de indumentaria femenina de clase alta: obsérvese la profusión de collares y abalorios de ámbar


...Y comienza la demostración


Explicando la técnica del muro de escudos


Algún valiente intentó atravesarlo. Como digo, lo intentó,...


Demostraciones de posiciones de combate



Uso de la lanza en el muro de escudos


Combate por parejas


Ejemplo del uso del hacha danesa


Y, tras la teoría, ¡empiezan los mamporros!


Usando el estilo de combate "del Oeste", pueden luchar sin casco, pues es relativamente seguro


Demostraron sobradamente su veteranía


Otro hermoso lance



Espada y escudo contra hacha danesa


Al rato, decidieron ponerse yelmo para pasar a un estilo de lucha más realista




El conjunto de vestimenta y armamento lucía realmente espectacular



Con este estilo, el combate ganó intensidad y dureza. Una verdadera delicia


     Pues ahí las tenéis. Las fotografías no hacen justicia a la demostración que allí se vivió, os lo puedo garantizar. Pero quería compartirlas, porque pienso que iniciativas como ésta merecen ser publicitadas y apoyadas, porque semejante labor de difusión es encomiable, y aunque supongo que la organización debe ser todo un reto, el buen sabor de boca que deja bien merece el esfuerzo. Mis más sinceras felicitaciones a los organizadores de las Jornadas. Además, sirva este artículo como un pequeño homenaje al estupendo trabajo y buen hacer del Clan Hávamál: sois una inspiración para todos los que soñamos con formar un grupo recreacionista. Seguid así, guerreros.
     Y hasta aquí llegamos hoy, terminando con una recomendación: no os perdáis mi próximo artículo, que publicaré sin duda a principios de junio, y que recogerá una conferencia a la que asistiré. No voy a desvelar más.
     ¡Os veo en el próximo artículo!

domingo, 29 de marzo de 2015

Artesanía y espiritualidad

     Allá por julio, escribí un artículo sobre los artistas y la fe (para quienes no lo hayan leído, adjunto el enlace a continuación: Artistas paganos . Es cortito, lo prometo). Bien, pues he creído oportuno compartir con vosotr@s algunas muestras de arte odinista, realizadas por una hermana de mi clan. Mi intención es doble: por un lado, aportar una ayuda visual a aquellos conceptos de los que siempre hablo; por otro lado, y en la creencia de que estos trabajos son indudablemente hermosos y preñados de sentir odinista, trato de darle algo más de proyección a una artista que, al margen de los lazos espirituales y afectivos que nos unen, merece en mi modesta opinión mostrar sus capacidades y su buen hacer a un público que sepa apreciar el valor y la carga emotiva que destila cualquier icono de nuestra fe. Unas cuantas imágenes dirán más que todo cuanto pueda decir para alabarla: que hablen sus obras, pues.
     Voy a comenzar por el trabajo que realizó con motivo de la pasada festividad de Ostara. Para la ceremonia, existe la tradición en nuestro clan de pintar huevos de gallina y situarlos en el altar. A continuación podréis ver la composición que ideó:



     Nótese la intención de representar la alegría de la primavera y el concepto de renacimiento y calidez. Asimismo, se aprecia el uso de runas, así como el del triskel, en honor a nuestros hermanos celtas. Precisamente en el huevo decorado con este símbolo se pintó otra figura representativa de esta celebración. Os la muestro:


     Efectivamente: el conejo, como metáfora de la fertilidad. Como veis, las orejas son el inicio del resto de nudos que recorren la superficie del huevo. Simpático, ¿no es así?
     He de decir que el altar quedó realmente precioso con la adición de la cestita con huevos decorados. No olvidéis que la tradición de los huevos decorados tiene un origen precristiano, y debemos reivindicarla como propia.
     Pero no sólo hablamos de pintura. Cualquier manifestación artística es susceptible de ayudar a vuestro clan/kindred para reforzar vuestra espiritualidad individual y colectiva. Por poner un ejemplo, os voy a mostrar a continuación un trabajo de talla. Observad:


     Se trata, efectivamente, de un cuerno, pero no de uno para beber, sino para soplar. En nuestras ceremonias, usamos el sonido del cuerno para iniciar el ritual, haciéndolo sonar tres veces, como un modo para avisar a nuestr@s herman@s del inicio de la ceremonia y para llamar a los landvaettir y que compartan el ritual con nosotros. Como veis, la artista consideró adecuado grabar un Vegvísir para guiar hasta el lugar a nuestros ancestros y a los espíritus de la tierra; de igual modo, el símbolo que se observa bajo el Vegvísir ha sido sacado del Galdrabók y sirve para "alejar a las nubes", lo que nuestra artista interpreta como interferencias en el ritual o injerencias externas. Veamos un detalle de uno de los lados del cuerno:


     Aquí se aprecia una serie de runas, que ilustran el nombre del cuerno. En efecto, es importante que aquellos objetos que tengan que ver con la ritualística de modo preeminente tengan un nombre. No olvidéis que nuestros ancestros daban nombres a sus armas y armaduras más preciadas (como la espada Walbunga o la lanza Gungnir), así como a otros objetos cotidianos (el anillo Draupnir o el cuerno Gjállarhorn). Dándoles un nombre propio, damos personalidad a tales objetos, los distinguimos, los dotamos de alma. Reza el antiguo proverbio escandinavo: todo lo que tiene nombre, existe. En el caso de nuestro cuerno ritual, su dueña decidió llamarlo Mjödaugarshórn por motivos sentimentales, y eso es lo que está escrito en antiguo Futhark en su superficie.
     Nuestra artista no sólo ha practicado la talla en hueso, sino también en madera, con una maestría envidiable, como demostró en uno de los objetos más importantes para mi cargo de godhi: estoy hablando del Mjölnir que uso en las ceremonias, y que me regaló el druida del groove celta con el que estamos hermanados. Él lo hizo a mano, y nuestra hermana se encargó de decorarlo. Y el resultado es el que veréis a continuación:


     No hace falta decir más: contar con un artista multidisciplinar en el clan Fauces de Tormenta es una inmensa fortuna y un honor. De todos modos, trabaja en muchos otros campos, y es un auténtico placer seguir la progresión de sus capacidades. Si os ha gustado, y deseáis ver más muestras de su trabajo, o incluso poneros en contacto con ella, os dejo el enlace para la página de Facebook en la que periódicamente muestra ejemplos de su saber hacer: Fiskr Art
     Ahí queda eso. ¿Os ha gustado? En verdad, emociona encontrarse con artistas tan comprometidos con su pueblo y su fe, y me consta que son legión. Gloria y honor a sus nombres y sus obras.
     ¡Os veo en el próximo artículo!

miércoles, 11 de marzo de 2015

TEODISMO: Ortodoxia pagana

     En mi anterior artículo, en el que exponía una serie de definiciones al respecto del paganismo germánico, mencioné de pasada la palabra "Teodismo", identificándola así:
-El grupo minoritario al que he hecho referencia antes es el Teodismo, que es el Odinismo practicado en tierras anglosajonas y que tiene sus particularidades.
     Tal vez pequé de parquedad en esta definición. Creo que este tema merece que nos detengamos un poco para analizarlo de forma un tanto más extensa. Y es que la filosofía teodista tiene una serie de particularidades que merecen ser estudiadas por los odinistas hispanohablantes, para poder formarnos una opinión al respecto del fenómeno teodista, tarea complicada ante la escasez de material en castellano sobre Teodismo. Mis conocimientos al respecto son bastante pobres, pero tal vez sirvan para arrojar un poco de luz sobre esta curiosa manera de vivir la espiritualidad odinista.
     Pero exactamente ¿qué es el Teodismo? Porque si nos ceñimos a la sucinta definición que hice en mi anterior artículo, parecería que estamos hablando de nuestra misma concepción de la fe. Sin embargo, las particularidades del Teodismo son tan marcadas que algunas personas piensan que estamos hablando de otra religión diferente al Odinismo, aunque ambas compartan el mismo panteón. De hecho, son los propios teodistas los que alientan esa separación como un modo de autoafirmación frente al Odinismo practicado, por ejemplo, por la corriente Ásatrú. 
     Pasemos a analizar el Teodismo. Al parecer, el movimiento se originó en torno a 1.976. Su fundador, un enigmático personaje conocido como Gárman Lord, decide ese año escindirse del coven wiccano en el que practicaba una suerte de Wicca nórdica junto con otras personas, y crear una comunidad que practicase un paganismo germánico lo más fiel posible a lo reflejado en los registros históricos. Y es esa determinación por revivir la antigua fe lo que hace único al Teodismo.


 Portada del primer libro escrito por Gárman Lord sobre Teodismo

     Pero ¿no son entonces lo mismo el Odinismo que tod@s conocemos y el Teodismo? Bien, lo cierto es que compartimos numerosos elementos, y antes de hablar de las diferencias, me gustaría enumerar algunos puntos que tenemos en común:
-El más obvio es el culto a los Aesir y a los Vanir, aunque en lugar de utilizar su nomenclatura escandinava, suelen usar el inglés antiguo: por ejemplo, llaman Fréo a Freya, Ing a Frey o Wóden a Odín. Puede parecer algo irrelevante, pero no lo es tanto: luego descubriréis por qué.
-Las dos ramas realizan rituales con ofrendas a los dioses, aunque las ofrendas pueden variar.
-El Teodismo también honra a los ancestros y a los héroes de nuestro pasado.
-El honor es un valor predominante en el Teodismo así como lo es en Ásatrú.
-Los teodistas, como nosotros, estudian el folklore y la Historia para recrear su culto de un modo apropiado.
     Bien, teniendo en cuenta lo expuesto, hay quien podría pensar que estamos hablando de lo mismo cuando nos referimos al Teodismo y a Ásatrú. Así que veamos ahora las diferencias. 

Icono representando a Ing (Frey)

     La principal diferencia entre ambas ramas es que los teodistas se acercan a la religiosidad pagana germánica como una comunidad, y cuando hablo de comunidad me refiero a una unidad comunitaria, y no como un grupo de individuos que rinden culto a los dioses. Es decir, un ásatrúar puede realizar rituales en soledad y desarrollar su espiritualidad de modo individual: por el contrario, no hay teodistas solitarios. Si no eres parte de un Theod ("tribu"), podrás seguir las tradiciones teodistas, pero no serás uno de ellos. De ahí el nombre que recibe la confesión en inglés antiguo, Theodisc Geleafa, que significa "la fe de la tribu". Así pues, hablamos de una fe comunitaria. Los miembros de un Theod se atan unos a otros mediante juramentos y regalos, con lo que se conoce como "red de juramentos". Cuando celebran una ceremonia, el clan como un todo envía a los dioses un único mensaje: en Ásatrú, cada individuo puede mandar su propio "mensaje" a los dioses. 
     En una comunidad odinista "estándar", todos los individuos tienen el mismo estatus sea cual sea su papel en la comunidad: en un thing, todas las voces tienen el mismo peso, y el voto de un gothi vale exactamente igual que el de cualquier otro individuo, incluso en el caso del Jarl, que a pesar de ser la cabeza del clan, no es sino el Primus inter pares ("primero entre iguales"). Esto no es así en el caso del Teodismo. La jerarquía en un Theod es una rígida estructura, en la que existe un líder, que se le supone escogido por los propios dioses, aconsejado en sus decisiones por un consejo consultivo (Witan). Todo el Theod está estratificado por varios rangos: el rango más bajo se llama Céorl (similar al inglés moderno thrall, osea "esclavo"), sometidos al siguiente rango, denominado Thegn (algo así como thane, u "hombre libre"); al señor se le llama Hláford si es varón o Hláfidge si es mujer, aunque en algunas comunidades usan la palabra neutra Ealdorman. Estos rangos o niveles (denominados árungs, traducido como "honores") se determinan de diversas formas: en algunos Theods, es el Ealdorman quien lo determina, en función de los servicios que el individuo preste a la comunidad. En otros, el la comunidad en conjunto quien determina el árung de un individuo. Los sacerdotes o sacerdotisas pueden pertenecer a cualquier árung. La "red de juramentos" que he mencionado algo más arriba funciona del siguiente modo: cada miembro del Theod está juramentado con alguien de mayor nivel social. Asimismo, los miembros de mayor árung tienen el deber de velar por aquellos que se juramentan con ellos. En última instancia, el líder vela por todos. Así pues, vemos que el Teodismo sostiene la teoría de la "comunidad sagrada" frente al "culto del individuo sagrado" que propugna el Ásatrú. El ásatrúar puede conectar con los dioses de forma individual, mientras que el teodista pretende crear y mantener un vínculo entre la divinidad y la comunidad mortal, siendo el líder del Theod el conducto entre los dioses y su comunidad. Debido a esto, se entiende que es muy difícil ascender en la jerarquía de una comunidad, y de igual modo, los teodistas ven los conceptos de igualdad, democracia y libertad individual como algo ajeno a nuestra fe. Por ello, del mismo modo que una comunidad odinista se rige por  las leyes del Thing y del Althing, el Teodismo no tiene tal concepción de equidad asamblearia, pues aunque efectivamente se reúnen para consensuar algunos aspectos organizativos del Theod, los individuos de más bajo rango no tendrían voto (aunque sí opinión y voz), y los votos del Witan y del Ealdorman pesarían más que los de los thanes, por lo que se observa el enorme peso que adquieren los árungs en estas asambleas.
     Como hemos visto, el Teodismo se originó como un movimiento tribalista anglo-sajón, pero actualmente lo forman comunidades descendientes de muchos pueblos europeos, como los frisones o los jutos. Por este motivo, las comunidades teodistas celebran sus ceremonias en el idioma arcaico del pueblo del que son descendientes, como el inglés antiguo o el frisio. En Ásatrú, podemos utilizar el idioma nativo de cada comunidad, aunque algunos puristas introducen términos en nórdico antiguo o alto alemán. 
     En lo referente al aspecto ético, frente a las Nueve Nobles Virtudes ásatrúars, el Teodismo propone el sistema de "Las Tres Wynns": Sabiduría, Generosidad y Honor. Se basan en la "libertad de conciencia" y en una "correcta buena voluntad". Además, el Teodismo practica habitualmente sacrificios de sangre, que no son tan comunes en el Odinismo. 

 Icono representando a Thunor (Thor)

     Así pues, podemos concluir con que la diferencia más notable entre ambas ramas del Odinismo es la siguiente: de igual modo que Ásatrú pretende revivir las antiguas tradiciones en la época actual, el Teodismo pretende reconstruirlas del modo más fiel. El teodista no cree en la igualdad ni en la democracia, sino que pretende seguir a su caudillo, que lo es por voluntad de los dioses; no cree que ofrecer vino, hidromiel o pan en una ceremonia sea digno, sino que se ciñe al término Blót (que significa indistintamente "sacrificio" y "sangre") y sacrifica animales como hace veinte siglos; condena la individualidad en pro de la comunidad; usa el idioma de sus ancestros en los rituales, porque no intenta que el ritual sea comprensible, sino fiel a los celebrados en la Antigüedad.
     He tratado de ser objetivo con la información, pero ha llegado la hora de dar mi opinión al respecto. Y es la siguiente: de igual modo que algunos medios califican la fe odinista como un movimiento "neopagano", yo llamaría al Teodismo un movimiento "retropagano", que busca la pureza sin tener en cuenta su contexto histórico. Tan lícito como cualquier otra rama del paganismo nórdico, puedo estar o no de acuerdo con sus postulados, pero indudablemente hay aspectos del Teodismo que creo que merecen ser tenidos en consideración, puesto que bien entendidos pueden sernos de utilidad a cualquier comunidad pagana que pretenda medrar. Y, naturalmente, abogo desde aquí por el entendimiento entre teodistas y ásatrúars: podemos y debemos entendernos. Cada uno vive la fe a su manera, pero aunque sean ramas distintas, pertenecen al mismo tronco. No incidamos en las diferencias: abundemos en lo que nos une y respetemos nuestros espacios, y de este modo saldremos fortalecidos todos.
     Espero que os haya resultado interesante el tema de hoy. ¡Os espero en el próximo artículo!

viernes, 27 de febrero de 2015

Sobre, "Odinismo", "Ásatrú" y otros confusos términos

     En mis habituales paseos por la red global, en una interminable búsqueda de material odinista, suelo encontrarme a menudo con algunos errores conceptuales, debidos sin duda a la escasa calidad de ciertas traducciones. El problema con las definiciones en esta materia es que resulta complicado (por no decir imposible) buscar una suerte de homogeneidad conceptual: la propia idea atenta contra el individualismo de las distintas comunidades odinistas desperdigadas por el mundo. Para un odinista, la libertad es algo irrenunciable. Y a pesar de nuestras diferencias, todos estamos de acuerdo en ese punto: cada comunidad tiene el derecho de autogestionarse sin depender de poderes superiores (aunque, claro está, sin olvidar la base de solidaridad que sustenta cualquier sentir pagano). Ahora bien, ¿qué sucede cuando un término o práctica "erróneos" se cuelan en el seno de una comunidad? Si todos los miembros lo aceptasen, el error podría asumirse y se correría el riesgo de, por así decirlo, "sentar cátedra". En este punto, hay que incidir en la responsabilidad que tienen los gothar a la hora de asimilar los pilares y entresijos de nuestra fe y saber transmitirlos de un modo claro, sin artificios ni oscurantismos propios de otras prácticas religiosas ajenas a la nuestra.
     ¿Y por qué comento todo esto? Pues porque temo que, tal vez, todos aquellos que tenemos la responsabilidad (bien por vocación, por designio o por ambas cosas) de transmitir las bases de esta fe a nuestras respectivas comunidades, nos perdemos en ciertas disquisiciones supuestamente "elevadas", a mi entender totalmente estériles, y nos olvidamos de que, mientras tanto, los miembros de nuestros clanes/ kindreds se ven expuestos a la sobresaturación informativa de Internet, donde, huelga decirlo, no todo es información veraz, contrastada y cierta. Asimismo, es muy complicado digerir y organizar la escasa información susceptible de ser útil. De este modo, si la gente no comprende algo, suele limitarse a "mirar por Internet", donde encuentran conceptos e ideas de toda índole, y donde parece que, cuando algo se repite mucho, es prueba innegable de que es verdad. 
     Y esto, queridos lectores, no es así de ningún modo. Y no estoy hablando sólo de cuestiones sobre la fe: hablo de política, de música, de amor. Hablo de la vida, en general. No puede valernos la teoría del "cinco millones de consumidores no pueden estar equivocados". Pero esto ya lo traté en un artículo anterior y no voy a extenderme en esto (si os interesa y no lo leísteis o no lo recordáis, aquí os dejo el enlace: REFORZANDO NUESTRA CULTURA, CAPÍTULO 5: No al comercialismo ). 
     Para ir encarrilando este artículo (que ya está bien de divagar), os comentaré una anécdota. El otro día, husmeando en un foro de cuyo nombre no quiero acordarme, leí una pregunta que lanzó alguien que estaba iniciándose en el odinismo, y era algo así como "Entonces, ¿es lo mismo Odinismo y Ásatrú? ¿O hay diferencias?" La pregunta recibió una miríada de respuestas de toda índole. Naturalmente, las había acertadas, pero poniéndonos en los zapatos de la persona que preguntaba, ¿cómo distinguir lo acertado de lo errado? Sin un poco de guía, creo que es imposible. Y si a esto le añadimos la incapacidad de algunos individuos para debatir o simplemente conversar sin usar el insulto o la descalificación personal, creyéndose en posesión de una supuesta "verdad absoluta" que, sinceramente, no creo que exista, el resultado que imagino es que la persona que preguntaba se quedó exactamente igual (en el mejor de los casos), o directamente, aún más confundido. Sea como fuere, seguro que no se llevó una buena imagen de la comunidad odinista.
     Algun@s ya lo habréis adivinado, pero apuntaré que no quise intervenir en aquel diálogo de besugos, porque era imposible llegar a una suerte de consenso. Así que prefiero aportar mi granito de arena desde éste mi acogedor escritorio, donde la máxima es el respeto, y el diálogo su vehículo. Veamos, pues, mi interpretación al respecto de esas palabras que dan nombre a nuestra fe y a las diversas formas de culto que ésta adopta.
 El templo de Uppsala , según Olaus Magnus ("Historia de gentibus septentrionalibus" -1.555-)

     Cuando utilizo el término Odinismo, englobo con él todas las prácticas de recreación del sistema de creencias precristianas nativas de Germania y Escandinavia, y que se extendieron por toda Europa con el paso de los siglos a causa de las migraciones humanas y los intercambios culturales, desde la edad del Bronce en adelante. Ahora bien, debido a nuestra feroz independencia, existen diversas formas de culto que se diferencian claramente, en función de lo que cada comunidad sienta o crea. 
     Por ejemplo, los diferentes cultos en sí se engloban en dos grandes grupos y un tercer grupúsculo, algo más reducido:
-Ásatrú es el más amplio de los tres, caracterizado por el culto predominante a los Aesir sobre los Vanir (que no son menospreciados sino que también son honrados, pero en menor medida).
-Vánatrú sería el caso a la inversa: predomina el culto a los Vanir sobre los Aesir, y se da mayoritariamente en zonas rurales o en comunidades eminentemente agrícolas (por la conexión de los Vanir con la Naturaleza y sus ciclos).
-El grupo minoritario al que he hecho referencia antes es el Teodismo, que es el Odinismo practicado en tierras anglosajonas y que tiene sus particularidades. 
     Esta división, que parece tan simple a primera vista, se enturbia y complica cuando le añadimos conceptos externos al culto en sí. Por poner un ejemplo, existe una división entre la visión que se tiene del alcance de nuestra fe:
-Existe una vertiente universalista, que sostiene que cualquiera puede profesar nuestra fe, sea cual sea su etnia o procedencia.
-De igual modo, tenemos la vertiente "Folkish", que afirma que el Odinismo es una fe "nativa europea" y que debería ser practicada por europeos o descendientes de ellos (no confundir esta concepción con el "supremacismo ario" o Wotanismo, una pervertida versión de la visión Folkish).
     Estas dos concepciones son visiones distintas, pero ¿son visiones enfrentadas? Pues yo opino que no, aunque es bien sabido que, en el terreno de las ideas, el peligro no deriva de la idea, sino de quien la esgrima. Por ejemplo, yo me considero adscrito a la corriente Folkish (por enésima vez, NO soy nazi), y conozco universalistas muy dignos y capaces. Y como siempre digo, si la gente quiere entenderse, al final se entiende (el problema viene cuando no se quiere...). En fin, los debates siempre son enriquecedores, y absolutamente necesarios, pero hay que mostrar respeto y honor, máxime cuando se habla de las creencias más íntimas de un individuo (por favor, ejercitad vuestra empatía).
     Dicho lo cual, creo que mi personal definición de Odinismo ha quedado bien clara. Y entonces, ¿de dónde proviene la confusión? Parece ser que el problema viene del propio término, "Odinismo", formado con el nombre de Odín, señor supremo de los Aesir y los Vanir, y que ha generado confusión en algunos individuos, que han llegado a pensar que el "odinismo" (con minúsculas) correspondería a una especie de culto exclusivo de Odín. Sin embargo, en castellano se ha popularizado este término frente a su sinónimo (que existe, efectivamente), el Etenismo (derivado del inglés Heathen o "Pagano"), que tiene el mismo significado y valor, pero menor difusión. 
     En conclusión, y teniendo los términos básicos meridianamente claros, podemos hacer uso del término que más se adecúe a nuestras circunstancias y gustos personales. Personalmente, voy a seguir usando el término Odinismo para hablar de mi fe. ¿Podría usar otros? Naturalmente. Por ejemplo: Forn Sed ("senda antigua"), o Norsk Sed ("tradición nórdica"). Los conozco, pero no los uso, porque si existe una palabra en castellano, la prefiero a estos términos. No es por nada: simplemente, es que me gusta mi idioma. Y si nos centramos en el castellano, ¿podría usar la palabra Etenismo? Por supuesto, pero, a fuer de ser sincero, me parece un tanto pedante (aunque no tengo nada en contra de su uso, que conste). Así que continuaré usando el término Odinismo como siempre lo he hecho, por su sonoridad y su claridad, por su potencia conceptual y su concisión. 
     Así que, al margen de ser ásatrúar, que lo soy, y de la vertiente folkish, que también lo soy, ante la pregunta "¿Cómo denominas tu fe?" respondo con un sonoro, alegre y rotundo "¡Soy odinista!". Y os animo a hacer lo mismo si estáis de acuerdo conmigo. 
     ¡Os veo en el próximo post!

jueves, 5 de febrero de 2015

TERMINOLOGÍA ESCABROSA, PARTE III: Wyrd y Orlög

     Bueno, pues aquí estamos nuevamente. Pasó Yule, Thórrablót y el Dísablót, y llevo en silencio desde hace dos meses, por lo que pido disculpas a mis fieles lectores: ha sido un tiempo de reflexión interior, en el que otra serie de deberes me han tenido apartado del blog, aunque creo que ya podré retomar la periodicidad del año pasado en cuanto a artículos. 
     A finales de noviembre, creo recordar, una lectora de este blog, de nombre Tamara, propuso que escribiese un artículo al respecto de los conceptos del Wyrd y el Orlög, por no encontrar material en castellano que hablase sobre ellos. Posteriormente, a principios del presente año, el Jarl de mi clan me sugirió la misma idea: estos conceptos son complejos, y me pidió escribir un artículo en el que los expusiese de modo directo y tan claro como fuese posible. Aquellos que me conocen saben que siempre he apostado por eliminar el oscurantismo de nuestras creencias, oscurantismo que, en ocasiones, se ve alimentado por el abuso de terminología académica por parte de quienes desean compilar el corpus de nuestras creencias: un esfuerzo loable, qué duda cabe, aunque en ocasiones habría que buscar un lenguaje menos florido y más directo. Y eso es lo que pretendo aquí: hablemos, pues sobre el Wyrd y el Orlög.
Representación rúnica del Wyrd

     En primer lugar, deseo remitirme a un artículo que publiqué a mediados del año pasado, en el que hablo sobre las Nornas y el concepto odinista del tiempo: Nornas: las jardineras de Yggdrasil o el concepto temporal cíclico. Es importante que tengamos estas ideas claras a la hora de intentar aprehender los conceptos de Wyrd y del Orlög, los cuales, como resulta obvio, están íntimamente relacionados. ¿Lo habéis leído? Pues continuemos.
     ¿Qué es el Orlög? Podríamos definirlo como el conjunto de leyes o caminos que delimitan las posibilidades para un individuo. Hablamos de una especie de "mecánica cósmica", a la que se supeditan todas las entidades de los Nueve Mundos, sean dioses, humanos, landvaettir o cualquier otro ser. El Orlög es lo que determina las opciones de las que disponemos, y que dependen de diversos factores, conscientes e inconscientes. Así pues, podríamos decir que el Orlög de alguien está definido por las acciones (positivas y negativas) de sus ancestros y de sus progenitores, y al que el individuo aporta sus propias decisiones, deudas y acciones, que serán heredadas por sus descendientes. Lo que no depende de nosotros mismos es aquello que dependa de nuestros ancestros y sus acciones, aunque nos afecta indefeciblemente; aquello que, por el contrario, depende de nosotros de modo directo, son elementos de nuestra propia personalidad, tales como la ambición, la timidez, la valentía, etc.. Son toda esta serie de elementos, en su conjunto, los que conforman el curso de nuestro destino.
     Así pues, tenemos que el Orlög es el marco que enmarca todas nuestras acciones. Ahora bien: ¿qué es el Wyrd? El Wyrd (llamado también Urd) es un concepto algo más complejo y difuso. ¿Recordáis a la Norna Urd? Es la Norna que designa "lo que ha sido", el pasado. Sin embargo, si habéis leído el artículo que antes he mencionado, expliqué que el "pasado" llega siempre antes y después del presente: cuando el presente ocurre, se vuelve pasado, y no tenemos esa noción judeo-cristiana de futuro. Uno sólo puede intentar influir en el momento presente. Y dentro de esa inmediatez se enmarca el Wyrd: de todas las opciones que le da su Orlög personal, el individuo sigue su propio Wyrd a la vez que lo va construyendo, a través de las decisiones que toma. 
     Ahora voy a proponer un ejemplo un tanto atípico, aunque confío en que nos sirva como metáfora. 
Super Mario World (Nintendo)

     Pertenezco a la primera generación que se crió con videojuegos, y, aunque pido disculpas a los puristas, mi objetivo es hacer comprensible estos términos. Tomemos como ejemplo al bueno de Mario, en el preciso instante que retrata la imagen, y meditemos por un momento cómo definiríamos su Orlög y su Wyrd. El Orlög de Mario enmarca exactamente las posibilidades que se ven: puede bajar el escalón, tratar de acabar con los dos Goombas (las setitas marrones) y obtener el premio del ladrillo con el signo de interrogación mientras se salva de la enorme bala de cañón que le pasaría por encima; puede intentar saltar sobre la bala de cañón y acabar con esa amenaza; puede intentar subir por la liana y tomar el camino de nubes, repleto de monedas; o incluso puede retroceder e intentar bajar por la tubería verde de la izquierda. Para llegar a este punto, Mario ha venido por un camino, determinado por las opciones de las que disponía. Se ha visto en varias encrucijadas similares a la de la imagen, y ha ido tomando decisiones en función de que necesitase más monedas, o bien que necesitase un item concreto que lo potenciase, buscando protección contra enemigos o posiciones ventajosas. Todas las opciones que he enumerado al analizar la imagen, y que Mario puede tomar, y que dependían de que Mario llegase hasta donde se encuentra, conformarían su Orlög, que ha dependido de sus anteriores acciones dentro del juego. Ahora bien; ¿qué va a hacer ahora Mario? Tiene varias opciones en este preciso instante, dadas por su Orlög, así que ¿qué hará? No lo sé, pero sea lo que sea lo que elija, ÉSE es el Wyrd de Mario, ése y no otro, y cuando lo haga, esa acción formará parte de su pasado, que a su vez ayudará a forjar el siguiente cúmulo de posibilidades y decisiones. 
     Confío en no haber ofendido a nadie con este inocente ejemplo. En cualquier caso, creo que ha sido suficientemente ilustrativo, aunque como digo siempre, me pongo a disposición de tod@s vosotr@s para comentar cualquier elemento que no os haya quedado lo bastante claro. Antes de despedirme, y para resarcir a aquellos que gustan de ejemplos mas "convencionales", citaré aquí las sabias palabras que Ernesto García me confió en una conversación sobre este asunto, y que fueron aproximadamente algo así:
El Orlög es el telar en el que las Nornas tejen nuestro Wyrd. 
     ¡Nos vemos en el próximo artículo!  

jueves, 4 de diciembre de 2014

¿QUÉ ES SAGRADO?

     He de reconocer que me costó bastante iniciar este artículo, aunque pienso que es necesario tratar el tema que voy a exponer a continuación. Y es que la idea de tratar el tema que hoy nos ocupa surgió de la polvareda mediática que se ha formado en ciertos ámbitos ante un reciente comunicado emitido por el Círculo Odinista de España - Ásatrú, donde se expresaba la decisión de considerar "sagrada" la afamada Saga de Teutoburgo, del alicantino Artur Balder. Desde que dicho comunicado vio la luz, he tenido ocasión de leer numerosas opiniones al respecto. Mi primer impulso fue sumarme a la caterva de ideas sobre el asunto, aunque la descarté de inmediato. ¿Por qué? Simplemente, porque aún no he leído esta obra. No tengo ningún peso moral para emitir juicio alguno al respecto si previamente no he estudiado el objeto de tan agrio enfrentamiento. Sin embargo, no creo que el debate esté en la cuestión de si debemos considerar sagrado un texto concreto. O, por qué no aventurar, cualquier manifestación artística. Y no pienso que el debate esté ahí por un motivo: porque lo realmente interesante, según mi punto de vista, estaría en analizar el concepto odinista de lo que es sagrado. Y en ese debate sí que tengo algunas cosas que decir. De este modo, compartiré ahora con vosotr@s mis nociones de lo que los odinistas consideramos sagrado, y en cuanto me lea la Saga de Teutoburgo, emitiré mi opinión al respecto. Aunque, antes de entrar en materia, voy a apuntar un par de cosas: primero, debo decir, para quien no lo sepa aún, que pertenezco al COE en calidad de godhi, y en segundo lugar, que este blog es exclusivamente de mi propiedad, y por tanto las opiniones que plasme en él son exclusivamente mías, y no son en absoluto comunicados oficiales de la entidad de la que formo parte. Puede que ya estuviese claro, pero pienso que nunca está de más puntualizar este tipo de cosas. Ahora sí, analicemos el concepto de sagrado.
     

La runa Algiz representa lo sagrado para nosotros

     Según la RAE, observamos los siguientes significados para la palabra.
     "Sagrado, da.
     (Del latín sacratus)
     1.- adj. Digno de veneración por su carácter divino o por estar relacionado con la divinidad.
     2.- adj. Que es objeto de culto por su relación con fuerzas sobrenaturales de carácter apartado o desconocido.
     3.- adj. Perteneciente o relativo al culto divino.
     4.- adj. Digno de veneración y respeto.
     (...)"
     Aunque hay tres significados más, tomaremos los cuatro primeros como verdaderamente relevantes para ilustrar lo que nos ocupa. Y es que, aunque parezca una perogrullada, este tipo de conceptos están muy ligados a su lengua natal, y no quiero que olvidemos lo que significa la palabra sagrado para un hispanohablante. Lo tenemos claro, ¿verdad? Bien, continuemos.
     Entiendo, pues, que la palabra sagrado viene a significar algo bendito o santo en un sentido religioso. Sin embargo, dicho así, parece no encajar del todo con nuestra visión pagana y odinista. Esto se debe, indudablemente, a una cuestión semántica. Nuestra palabra deriva del latín, lengua que la iglesia católica viene utilizando en su ritualística desde hace siglos por una cuestión histórica (y puede que estética, aunque no nos detendremos en esa cuestión por el momento), de tal modo que, la inmensa mayoría de términos referentes a la fe en nuestra castellana lengua, suelen derivar del latín, de manera más acusada que en otros campos semánticos, habida cuenta que el castellano es una lengua romance. 
     Sin embargo, no sucede esto con lenguas más asociadas a nuestra fe. En inglés, por ejemplo, se utiliza la palabra holy. Ésta tiene cierta conexión con el término en nórdico antiguo heilagr. Sin embargo, aún no entraremos en comparaciones idiomáticas: simplemente quería señalarlo, para abundar en ello más adelante. 
     Pero ¿cómo definimos los paganos el término "sagrado"? Hay muchos autores que ya han expuesto sus ideas al respecto, como Edred Thorsson o Erik Wodening, pero debemos entender que son autores de ascendencia nórdica, anglosajona o germánica, sociedades todas que han estado influidas durante siglos por el protestantismo. Y aunque os pueda sorprender, tal vez deberíamos atender a la visión protestante del concepto de lo sagrado. Rudolf Otto, teólogo protestante y experto en el estudio comparativo de las religiones, escribió un tratado llamado La idea de lo sagrado. En él, Otto denomina a lo sagrado como mysterium tremendum et fascinans ("misterio tremendo y fascinante"); el misterio, para Otto, es "lo que está más allá de la esfera de lo inteligible y lo familiar", es "algo que cautiva, (...) es el elemento dionisíaco en el numen." Una prosa rebuscada, sí, lo reconozco, pero creo que se entiende bien lo que pretende decir: lo sagrado genera intensos sentimientos en nuestro interior, una especie de intoxicación, a la par que un cierto grado de adicción a ello. 
     Ahora sí, volvemos a la palabra holy, que significa sagrado en inglés moderno. Este término tiene antecesores en otras lenguas emparentadas entre sí, términos como hál o haelu en inglés antiguo, heilagr en nórdico antiguo, heill en alto alemán o hél en gótico antiguo, y todas significan lo mismo: "con suerte", "sano" o "completo". 
     No es difícil, pues, colegir que para el mundo odinista, decir "sagrado" es exactamente igual que decir "saludable", "con suerte" o "pleno". Para que algo sea sagrado, debe ser sano, pleno, lleno de suerte. Muchos clanes y/o kindreds de la actualidad han estandarizado el antiguo saludo Heil! o Heilsa! para empoderar a sus respectivos círculos a la vez que intentan limpiar el viejo estigma del nazismo, pues lejos de ser una invocación fascista, como algunos pretenden, se trata de saludar con propiedad, pues no sólo significa "¡Hola!", sino también "¡Sé saludable!", o "¡Sé completo!"
     Así que ahí lo tenéis. Es ahora cuando deberían aflorar cuestiones como ¿puede un libro ser sagrado? Tal vez, la respuesta sea que dependerá de lo que cada cual sienta ante él. Por eso, al declarar algo sagrado lo que se hace es manifestar la sensación de plenitud que nos provoca, la percepción de su poder numinoso. Ir más allá en la definición, desde mi modesta opinión, es tratar de rizar el rizo. 
     Bueno, pues hasta aquí llegamos hoy. Como ya he dicho un poco más arriba, en cuanto lea la Saga de Teutoburgo me aventuraré a opinar. Mientras tanto, seguiré estudiando sobre mi fe, y saludaré a los míos con un saludo que, confío en que no me lo neguéis, es indudablemente SAGRADO.
     HEIL!
     ¡Os veo en el próximo artículo!
 

martes, 4 de noviembre de 2014

No todos iremos a Valhalla

     Han pasado pocos días desde que festejamos el blót anual en honor a los ancestros y a los álfar. Durante el almuerzo que el clan Fauces de Tormenta celebró antes de la ceremonia, tuve ocasión de mantener una animada charla con mis hermanos y hermanas al respecto, como no podía ser menos, de la otra vida. ¿Qué sucede cuando fallecemos? Al profesar una fe eminentemente vitalista, en ocasiones perdemos el interés por tales cuestiones: nos centramos en vivir esta vida conforme a nuestra escala de valores. Sin embargo, nunca está de más dedicar un instante a estas cuestiones, aunque sólo sea a causa de la festividad que acabamos de dejar atrás. Y es que podemos olvidar que, por desgracia, muchos de nuestros más jóvenes hermanos y hermanas están muy confundidos al respecto de este tema, pues piensan que, como si de cristianos se tratase, tienen dos destinos posibles: un Valhalla idealizado, similar a un concierto de viking metal, y un Helheim infernalizado. A través de semejante equivocación, algunos de nuestros miembros más veteranos han partido hacia el más allá por vejez o enfermedad creyendo que su destino era terrible e injusto, mientras su familia, en un intento de cubrir la supuesta deshonra de una muerte natural, justificaban al finado diciendo que morir luchando contra la enfermedad era una forma de proclamarse como uno de los Einherjar. Siento disentir. No podemos simplificar los términos de ese modo. No todos iremos al Salón Dorado. La inmensa mayoría no iremos. ¿Entonces qué les sucederá a estas almas? No lo sabremos con certeza hasta que no nos llegue la hora, aunque algunos estudiosos del Ásatrú bosquejan algunas ideas interesantes, que creo que son importantes y bien fundamentadas. Expondré aquí algunas, que considero acertadas.
     Por ejemplo, Michael J. Smith, en su obra Amma: Think again! propone los tres destinos principales a los que llegan las almas según nuestra fe: Asgard para los escogidos por los dioses, Helheim para la mayoría de los mortales, y Midgard para el resto, en forma de ancestros y otros seres. No es una mala división, aunque excesivamente simplista. Así que yo propongo la división que expuso Volundr Lars Agnarsson en su obra Old norse religion: A family tradition: a grandes rasgos, sigue la misma línea de la argumentación de Smith, aunque más extendida. Es ahora cuando aplicaremos los conceptos de las partes del alma en los que ya abundé en anteriores artículos. ¿Preparados? Entremos en materia.

En caso de morir en batalla, la Valkiria sustituye a la Fylgja

     El proceso de la muerte, desde el punto de vista espiritual, sería del modo siguiente: en el momento de la muerte, el Sálfr (la personalidad espiritual) pasa a habitar el Hamr (el cuerpo espiritual), abandonando el Lík (el cuerpo físico). Es entonces cuando su Fylgja (animal espiritual) lo guiará hasta su destino, volviendo después a Midgard, junto a su familia/clan. Por ende, se deduce que, tras la muerte de un individuo, su clan queda sin Fylgja hasta que el finado alcance su último destino, a excepción, claro está, de que el muerto haya caído en batalla, en cuyo caso la Fylgja se queda con la familia, siendo sustituida por una valkiria. De este modo, vemos que, del individuo, lo que se queda en Midgard, en principio, son el Lík, la Hamingja (que, como ya se apuntó en el anterior artículo, se puede ceder o heredar), y la Fylgja una vez haya cumplido su misión con el difunto. Pero ¿y si la Hamingja no es heredada?Pues se queda en el Lík, y eso es lo que genera un Draugr (un espectro). Por ejemplo, el poder de augurio que tienen las völvas reside en su Hamingja, y por eso es importante que escojan una aprendiz o que tengan una primogénita que la herede, puesto que en draugr de una völva es un ser muy poderoso y peligroso. Puede pasar, como ya dijimos hace unos días, que la Fylgja no esté sintonizada con su elegido, o dicho de otro modo, que decida no guiarlo por un comportamiento deshonroso reiterado, en cuyo caso el alma vagará sin guía, lo que puede dar lugar a un draugr o un svartálfr (literalmente elfo oscuro, o fantasma -nótese que distingo entre espectros, osea fantasmas agresivos, y fantasmas a secas, que no sienten necesariamente animosidad contra los vivos-). Por último, deseo reseñar que hay casos muy especiales y para nada comunes, en los que el Sálfr se reencarna en el seno familiar propio, y cuando se reúne con su propia Fylgja y su propia Hamingja, dan lugar a un individuo de gran capacidad y entendimiento, con una enorme memoria inconsciente, que suele estar destinado a ser un líder y/o un gran héroe.
     Ya hemos hablado del proceso, pero ¿y el destino del alma, y el camino que debe tomar para llegar a él? Bien, pues de acuerdo con Agnarsson, todas las almas deben pasar por el oscuro reino de Svartálfheim antes de alcanzar el destino que les espere, y es en este lugar donde el alma corre el riesgo de perderse y donde necesita la ayuda de su Fylgja, como guía y como protectora frente a otros elfos oscuros y draugar que consideren al sujeto como un intruso o una amenaza. 
     Una vez atravesado el oscuro reino de los muertos sin reposo, y atendiendo a las circunstancias de la muerte y a las condiciones del alma del individuo, hay diversos destinos posibles. El más común es Helgard, dominio de la diosa Hel. Y ya es hora de que nos quitemos esa idea de que Helgard es un reino oscuro, de niebla y frío eternos: es un lugar apacible, con estaciones, muy similar a Midgard, donde van a parar las almas de casi todos los humanos, plantas y animales, en sus cuerpos espirituales, de modo que en este reino no se puede envejecer, enfermar, morir o deteriorase, lo que se denomina estado de estasis. Un lugar donde reencontrarse con los familiares y amigos caídos, donde poder dedicarse a las aficiones personales, donde hallar paz, si es eso lo que se desea.
     En el caso de los escogidos, su destino será Asgard, aunque puede ser, como ya es de sobra sabido, que vayan a Valhalla bajo el mando de Odín, o a Volkvángr, bajo el mando de Freya. Los más marciales irán con el primero, mientras que aquellos guerreros con vocación artística irán con la segunda.
     Siempre hay extrañas excepciones a estos lugares, como es el caso de los ahogados en el mar o en los ríos: entrarán a servir a Ran, la diosa del mar embravecido y las olas, convirtiéndose en una suerte de draugar marinos. Tal destino se puede evitar llevando siempre algo de oro en el momento de la muerte: si se puede pagar el tributo en oro que demanda Ran, ella buscará la Fylgja del ahogado para que vaya donde le corresponda.
     También se da el caso, menos extraño y específico que el de los ahogados, en el que el alma se queda en Midgard debido a su conexión con su familia o su clan, convirtiéndose en un espíritu ancestral que acompaña a su clan y lo proteje, junto con la Fylgja.
     También hay otros destinos, mucho más difíciles de entender para los mortales, como es el caso de aquellos espíritus que se transforman en álfar y moran en Ljosálfheim, bajo el auspicio de Frey, descendiendo a la floresta y cuidando la fertilidad de Midgard; o aquellos espíritus que moran en el interior de la tierra, horadándola en busca de metales y gemas, conocidos como Dökkalfar o Dvergar (los tan conocidos "enanos"), los mejores artesanos de los Nueve Mundos; o los oscuros e iracundos elfos oscuros de los que ya hemos hablado. 
     Como veis, el tema es denso e interesante, y no abarca sólo estas cuestiones, sino que, a poco que uno investiga, surgen nuevos interrogantes: ¿qué sucede con las mujeres guerreras, se convierten en Valkirias o Dísir? ¿Por qué un alma, ya estéril e inmortal, es escogida para dar vida como es el caso de los elfos de luz? ¿Son peligrosos los Svartálfar para su descendencia en Midgard? ¿Existe comunicación entre Midgard y Helheim? Son muchos interrogantes, y no tengo las respuestas. Nunca tendré todas las respuestas, y no es esa mi intención. Yo disfruto con la investigación y el conocimiento.
     Espero haber resuelto dudas tanto como espero haber generado otras. Al menos, con lo aquí expuesto, creo que se habrá generado una nueva perspectiva del más allá para algunos. Y la próxima vez que algún ardoroso ásatrúar os grite aquello de "¡Victoria o Valhalla!", sonreíd y susurrad "Puede... o puede que no...".