viernes, 27 de febrero de 2015

Sobre, "Odinismo", "Ásatrú" y otros confusos términos

     En mis habituales paseos por la red global, en una interminable búsqueda de material odinista, suelo encontrarme a menudo con algunos errores conceptuales, debidos sin duda a la escasa calidad de ciertas traducciones. El problema con las definiciones en esta materia es que resulta complicado (por no decir imposible) buscar una suerte de homogeneidad conceptual: la propia idea atenta contra el individualismo de las distintas comunidades odinistas desperdigadas por el mundo. Para un odinista, la libertad es algo irrenunciable. Y a pesar de nuestras diferencias, todos estamos de acuerdo en ese punto: cada comunidad tiene el derecho de autogestionarse sin depender de poderes superiores (aunque, claro está, sin olvidar la base de solidaridad que sustenta cualquier sentir pagano). Ahora bien, ¿qué sucede cuando un término o práctica "erróneos" se cuelan en el seno de una comunidad? Si todos los miembros lo aceptasen, el error podría asumirse y se correría el riesgo de, por así decirlo, "sentar cátedra". En este punto, hay que incidir en la responsabilidad que tienen los gothar a la hora de asimilar los pilares y entresijos de nuestra fe y saber transmitirlos de un modo claro, sin artificios ni oscurantismos propios de otras prácticas religiosas ajenas a la nuestra.
     ¿Y por qué comento todo esto? Pues porque temo que, tal vez, todos aquellos que tenemos la responsabilidad (bien por vocación, por designio o por ambas cosas) de transmitir las bases de esta fe a nuestras respectivas comunidades, nos perdemos en ciertas disquisiciones supuestamente "elevadas", a mi entender totalmente estériles, y nos olvidamos de que, mientras tanto, los miembros de nuestros clanes/ kindreds se ven expuestos a la sobresaturación informativa de Internet, donde, huelga decirlo, no todo es información veraz, contrastada y cierta. Asimismo, es muy complicado digerir y organizar la escasa información susceptible de ser útil. De este modo, si la gente no comprende algo, suele limitarse a "mirar por Internet", donde encuentran conceptos e ideas de toda índole, y donde parece que, cuando algo se repite mucho, es prueba innegable de que es verdad. 
     Y esto, queridos lectores, no es así de ningún modo. Y no estoy hablando sólo de cuestiones sobre la fe: hablo de política, de música, de amor. Hablo de la vida, en general. No puede valernos la teoría del "cinco millones de consumidores no pueden estar equivocados". Pero esto ya lo traté en un artículo anterior y no voy a extenderme en esto (si os interesa y no lo leísteis o no lo recordáis, aquí os dejo el enlace: REFORZANDO NUESTRA CULTURA, CAPÍTULO 5: No al comercialismo ). 
     Para ir encarrilando este artículo (que ya está bien de divagar), os comentaré una anécdota. El otro día, husmeando en un foro de cuyo nombre no quiero acordarme, leí una pregunta que lanzó alguien que estaba iniciándose en el odinismo, y era algo así como "Entonces, ¿es lo mismo Odinismo y Ásatrú? ¿O hay diferencias?" La pregunta recibió una miríada de respuestas de toda índole. Naturalmente, las había acertadas, pero poniéndonos en los zapatos de la persona que preguntaba, ¿cómo distinguir lo acertado de lo errado? Sin un poco de guía, creo que es imposible. Y si a esto le añadimos la incapacidad de algunos individuos para debatir o simplemente conversar sin usar el insulto o la descalificación personal, creyéndose en posesión de una supuesta "verdad absoluta" que, sinceramente, no creo que exista, el resultado que imagino es que la persona que preguntaba se quedó exactamente igual (en el mejor de los casos), o directamente, aún más confundido. Sea como fuere, seguro que no se llevó una buena imagen de la comunidad odinista.
     Algun@s ya lo habréis adivinado, pero apuntaré que no quise intervenir en aquel diálogo de besugos, porque era imposible llegar a una suerte de consenso. Así que prefiero aportar mi granito de arena desde éste mi acogedor escritorio, donde la máxima es el respeto, y el diálogo su vehículo. Veamos, pues, mi interpretación al respecto de esas palabras que dan nombre a nuestra fe y a las diversas formas de culto que ésta adopta.
 El templo de Uppsala , según Olaus Magnus ("Historia de gentibus septentrionalibus" -1.555-)

     Cuando utilizo el término Odinismo, englobo con él todas las prácticas de recreación del sistema de creencias precristianas nativas de Germania y Escandinavia, y que se extendieron por toda Europa con el paso de los siglos a causa de las migraciones humanas y los intercambios culturales, desde la edad del Bronce en adelante. Ahora bien, debido a nuestra feroz independencia, existen diversas formas de culto que se diferencian claramente, en función de lo que cada comunidad sienta o crea. 
     Por ejemplo, los diferentes cultos en sí se engloban en dos grandes grupos y un tercer grupúsculo, algo más reducido:
-Ásatrú es el más amplio de los tres, caracterizado por el culto predominante a los Aesir sobre los Vanir (que no son menospreciados sino que también son honrados, pero en menor medida).
-Vánatrú sería el caso a la inversa: predomina el culto a los Vanir sobre los Aesir, y se da mayoritariamente en zonas rurales o en comunidades eminentemente agrícolas (por la conexión de los Vanir con la Naturaleza y sus ciclos).
-El grupo minoritario al que he hecho referencia antes es el Teodismo, que es el Odinismo practicado en tierras anglosajonas y que tiene sus particularidades. 
     Esta división, que parece tan simple a primera vista, se enturbia y complica cuando le añadimos conceptos externos al culto en sí. Por poner un ejemplo, existe una división entre la visión que se tiene del alcance de nuestra fe:
-Existe una vertiente universalista, que sostiene que cualquiera puede profesar nuestra fe, sea cual sea su etnia o procedencia.
-De igual modo, tenemos la vertiente "Folkish", que afirma que el Odinismo es una fe "nativa europea" y que debería ser practicada por europeos o descendientes de ellos (no confundir esta concepción con el "supremacismo ario" o Wotanismo, una pervertida versión de la visión Folkish).
     Estas dos concepciones son visiones distintas, pero ¿son visiones enfrentadas? Pues yo opino que no, aunque es bien sabido que, en el terreno de las ideas, el peligro no deriva de la idea, sino de quien la esgrima. Por ejemplo, yo me considero adscrito a la corriente Folkish (por enésima vez, NO soy nazi), y conozco universalistas muy dignos y capaces. Y como siempre digo, si la gente quiere entenderse, al final se entiende (el problema viene cuando no se quiere...). En fin, los debates siempre son enriquecedores, y absolutamente necesarios, pero hay que mostrar respeto y honor, máxime cuando se habla de las creencias más íntimas de un individuo (por favor, ejercitad vuestra empatía).
     Dicho lo cual, creo que mi personal definición de Odinismo ha quedado bien clara. Y entonces, ¿de dónde proviene la confusión? Parece ser que el problema viene del propio término, "Odinismo", formado con el nombre de Odín, señor supremo de los Aesir y los Vanir, y que ha generado confusión en algunos individuos, que han llegado a pensar que el "odinismo" (con minúsculas) correspondería a una especie de culto exclusivo de Odín. Sin embargo, en castellano se ha popularizado este término frente a su sinónimo (que existe, efectivamente), el Etenismo (derivado del inglés Heathen o "Pagano"), que tiene el mismo significado y valor, pero menor difusión. 
     En conclusión, y teniendo los términos básicos meridianamente claros, podemos hacer uso del término que más se adecúe a nuestras circunstancias y gustos personales. Personalmente, voy a seguir usando el término Odinismo para hablar de mi fe. ¿Podría usar otros? Naturalmente. Por ejemplo: Forn Sed ("senda antigua"), o Norsk Sed ("tradición nórdica"). Los conozco, pero no los uso, porque si existe una palabra en castellano, la prefiero a estos términos. No es por nada: simplemente, es que me gusta mi idioma. Y si nos centramos en el castellano, ¿podría usar la palabra Etenismo? Por supuesto, pero, a fuer de ser sincero, me parece un tanto pedante (aunque no tengo nada en contra de su uso, que conste). Así que continuaré usando el término Odinismo como siempre lo he hecho, por su sonoridad y su claridad, por su potencia conceptual y su concisión. 
     Así que, al margen de ser ásatrúar, que lo soy, y de la vertiente folkish, que también lo soy, ante la pregunta "¿Cómo denominas tu fe?" respondo con un sonoro, alegre y rotundo "¡Soy odinista!". Y os animo a hacer lo mismo si estáis de acuerdo conmigo. 
     ¡Os veo en el próximo post!

jueves, 5 de febrero de 2015

TERMINOLOGÍA ESCABROSA, PARTE III: Wyrd y Orlög

     Bueno, pues aquí estamos nuevamente. Pasó Yule, Thórrablót y el Dísablót, y llevo en silencio desde hace dos meses, por lo que pido disculpas a mis fieles lectores: ha sido un tiempo de reflexión interior, en el que otra serie de deberes me han tenido apartado del blog, aunque creo que ya podré retomar la periodicidad del año pasado en cuanto a artículos. 
     A finales de noviembre, creo recordar, una lectora de este blog, de nombre Tamara, propuso que escribiese un artículo al respecto de los conceptos del Wyrd y el Orlög, por no encontrar material en castellano que hablase sobre ellos. Posteriormente, a principios del presente año, el Jarl de mi clan me sugirió la misma idea: estos conceptos son complejos, y me pidió escribir un artículo en el que los expusiese de modo directo y tan claro como fuese posible. Aquellos que me conocen saben que siempre he apostado por eliminar el oscurantismo de nuestras creencias, oscurantismo que, en ocasiones, se ve alimentado por el abuso de terminología académica por parte de quienes desean compilar el corpus de nuestras creencias: un esfuerzo loable, qué duda cabe, aunque en ocasiones habría que buscar un lenguaje menos florido y más directo. Y eso es lo que pretendo aquí: hablemos, pues sobre el Wyrd y el Orlög.
Representación rúnica del Wyrd

     En primer lugar, deseo remitirme a un artículo que publiqué a mediados del año pasado, en el que hablo sobre las Nornas y el concepto odinista del tiempo: Nornas: las jardineras de Yggdrasil o el concepto temporal cíclico. Es importante que tengamos estas ideas claras a la hora de intentar aprehender los conceptos de Wyrd y del Orlög, los cuales, como resulta obvio, están íntimamente relacionados. ¿Lo habéis leído? Pues continuemos.
     ¿Qué es el Orlög? Podríamos definirlo como el conjunto de leyes o caminos que delimitan las posibilidades para un individuo. Hablamos de una especie de "mecánica cósmica", a la que se supeditan todas las entidades de los Nueve Mundos, sean dioses, humanos, landvaettir o cualquier otro ser. El Orlög es lo que determina las opciones de las que disponemos, y que dependen de diversos factores, conscientes e inconscientes. Así pues, podríamos decir que el Orlög de alguien está definido por las acciones (positivas y negativas) de sus ancestros y de sus progenitores, y al que el individuo aporta sus propias decisiones, deudas y acciones, que serán heredadas por sus descendientes. Lo que no depende de nosotros mismos es aquello que dependa de nuestros ancestros y sus acciones, aunque nos afecta indefeciblemente; aquello que, por el contrario, depende de nosotros de modo directo, son elementos de nuestra propia personalidad, tales como la ambición, la timidez, la valentía, etc.. Son toda esta serie de elementos, en su conjunto, los que conforman el curso de nuestro destino.
     Así pues, tenemos que el Orlög es el marco que enmarca todas nuestras acciones. Ahora bien: ¿qué es el Wyrd? El Wyrd (llamado también Urd) es un concepto algo más complejo y difuso. ¿Recordáis a la Norna Urd? Es la Norna que designa "lo que ha sido", el pasado. Sin embargo, si habéis leído el artículo que antes he mencionado, expliqué que el "pasado" llega siempre antes y después del presente: cuando el presente ocurre, se vuelve pasado, y no tenemos esa noción judeo-cristiana de futuro. Uno sólo puede intentar influir en el momento presente. Y dentro de esa inmediatez se enmarca el Wyrd: de todas las opciones que le da su Orlög personal, el individuo sigue su propio Wyrd a la vez que lo va construyendo, a través de las decisiones que toma. 
     Ahora voy a proponer un ejemplo un tanto atípico, aunque confío en que nos sirva como metáfora. 
Super Mario World (Nintendo)

     Pertenezco a la primera generación que se crió con videojuegos, y, aunque pido disculpas a los puristas, mi objetivo es hacer comprensible estos términos. Tomemos como ejemplo al bueno de Mario, en el preciso instante que retrata la imagen, y meditemos por un momento cómo definiríamos su Orlög y su Wyrd. El Orlög de Mario enmarca exactamente las posibilidades que se ven: puede bajar el escalón, tratar de acabar con los dos Goombas (las setitas marrones) y obtener el premio del ladrillo con el signo de interrogación mientras se salva de la enorme bala de cañón que le pasaría por encima; puede intentar saltar sobre la bala de cañón y acabar con esa amenaza; puede intentar subir por la liana y tomar el camino de nubes, repleto de monedas; o incluso puede retroceder e intentar bajar por la tubería verde de la izquierda. Para llegar a este punto, Mario ha venido por un camino, determinado por las opciones de las que disponía. Se ha visto en varias encrucijadas similares a la de la imagen, y ha ido tomando decisiones en función de que necesitase más monedas, o bien que necesitase un item concreto que lo potenciase, buscando protección contra enemigos o posiciones ventajosas. Todas las opciones que he enumerado al analizar la imagen, y que Mario puede tomar, y que dependían de que Mario llegase hasta donde se encuentra, conformarían su Orlög, que ha dependido de sus anteriores acciones dentro del juego. Ahora bien; ¿qué va a hacer ahora Mario? Tiene varias opciones en este preciso instante, dadas por su Orlög, así que ¿qué hará? No lo sé, pero sea lo que sea lo que elija, ÉSE es el Wyrd de Mario, ése y no otro, y cuando lo haga, esa acción formará parte de su pasado, que a su vez ayudará a forjar el siguiente cúmulo de posibilidades y decisiones. 
     Confío en no haber ofendido a nadie con este inocente ejemplo. En cualquier caso, creo que ha sido suficientemente ilustrativo, aunque como digo siempre, me pongo a disposición de tod@s vosotr@s para comentar cualquier elemento que no os haya quedado lo bastante claro. Antes de despedirme, y para resarcir a aquellos que gustan de ejemplos mas "convencionales", citaré aquí las sabias palabras que Ernesto García me confió en una conversación sobre este asunto, y que fueron aproximadamente algo así:
El Orlög es el telar en el que las Nornas tejen nuestro Wyrd. 
     ¡Nos vemos en el próximo artículo!  

jueves, 4 de diciembre de 2014

¿QUÉ ES SAGRADO?

     He de reconocer que me costó bastante iniciar este artículo, aunque pienso que es necesario tratar el tema que voy a exponer a continuación. Y es que la idea de tratar el tema que hoy nos ocupa surgió de la polvareda mediática que se ha formado en ciertos ámbitos ante un reciente comunicado emitido por el Círculo Odinista de España - Ásatrú, donde se expresaba la decisión de considerar "sagrada" la afamada Saga de Teutoburgo, del alicantino Artur Balder. Desde que dicho comunicado vio la luz, he tenido ocasión de leer numerosas opiniones al respecto. Mi primer impulso fue sumarme a la caterva de ideas sobre el asunto, aunque la descarté de inmediato. ¿Por qué? Simplemente, porque aún no he leído esta obra. No tengo ningún peso moral para emitir juicio alguno al respecto si previamente no he estudiado el objeto de tan agrio enfrentamiento. Sin embargo, no creo que el debate esté en la cuestión de si debemos considerar sagrado un texto concreto. O, por qué no aventurar, cualquier manifestación artística. Y no pienso que el debate esté ahí por un motivo: porque lo realmente interesante, según mi punto de vista, estaría en analizar el concepto odinista de lo que es sagrado. Y en ese debate sí que tengo algunas cosas que decir. De este modo, compartiré ahora con vosotr@s mis nociones de lo que los odinistas consideramos sagrado, y en cuanto me lea la Saga de Teutoburgo, emitiré mi opinión al respecto. Aunque, antes de entrar en materia, voy a apuntar un par de cosas: primero, debo decir, para quien no lo sepa aún, que pertenezco al COE en calidad de godhi, y en segundo lugar, que este blog es exclusivamente de mi propiedad, y por tanto las opiniones que plasme en él son exclusivamente mías, y no son en absoluto comunicados oficiales de la entidad de la que formo parte. Puede que ya estuviese claro, pero pienso que nunca está de más puntualizar este tipo de cosas. Ahora sí, analicemos el concepto de sagrado.
     

La runa Algiz representa lo sagrado para nosotros

     Según la RAE, observamos los siguientes significados para la palabra.
     "Sagrado, da.
     (Del latín sacratus)
     1.- adj. Digno de veneración por su carácter divino o por estar relacionado con la divinidad.
     2.- adj. Que es objeto de culto por su relación con fuerzas sobrenaturales de carácter apartado o desconocido.
     3.- adj. Perteneciente o relativo al culto divino.
     4.- adj. Digno de veneración y respeto.
     (...)"
     Aunque hay tres significados más, tomaremos los cuatro primeros como verdaderamente relevantes para ilustrar lo que nos ocupa. Y es que, aunque parezca una perogrullada, este tipo de conceptos están muy ligados a su lengua natal, y no quiero que olvidemos lo que significa la palabra sagrado para un hispanohablante. Lo tenemos claro, ¿verdad? Bien, continuemos.
     Entiendo, pues, que la palabra sagrado viene a significar algo bendito o santo en un sentido religioso. Sin embargo, dicho así, parece no encajar del todo con nuestra visión pagana y odinista. Esto se debe, indudablemente, a una cuestión semántica. Nuestra palabra deriva del latín, lengua que la iglesia católica viene utilizando en su ritualística desde hace siglos por una cuestión histórica (y puede que estética, aunque no nos detendremos en esa cuestión por el momento), de tal modo que, la inmensa mayoría de términos referentes a la fe en nuestra castellana lengua, suelen derivar del latín, de manera más acusada que en otros campos semánticos, habida cuenta que el castellano es una lengua romance. 
     Sin embargo, no sucede esto con lenguas más asociadas a nuestra fe. En inglés, por ejemplo, se utiliza la palabra holy. Ésta tiene cierta conexión con el término en nórdico antiguo heilagr. Sin embargo, aún no entraremos en comparaciones idiomáticas: simplemente quería señalarlo, para abundar en ello más adelante. 
     Pero ¿cómo definimos los paganos el término "sagrado"? Hay muchos autores que ya han expuesto sus ideas al respecto, como Edred Thorsson o Erik Wodening, pero debemos entender que son autores de ascendencia nórdica, anglosajona o germánica, sociedades todas que han estado influidas durante siglos por el protestantismo. Y aunque os pueda sorprender, tal vez deberíamos atender a la visión protestante del concepto de lo sagrado. Rudolf Otto, teólogo protestante y experto en el estudio comparativo de las religiones, escribió un tratado llamado La idea de lo sagrado. En él, Otto denomina a lo sagrado como mysterium tremendum et fascinans ("misterio tremendo y fascinante"); el misterio, para Otto, es "lo que está más allá de la esfera de lo inteligible y lo familiar", es "algo que cautiva, (...) es el elemento dionisíaco en el numen." Una prosa rebuscada, sí, lo reconozco, pero creo que se entiende bien lo que pretende decir: lo sagrado genera intensos sentimientos en nuestro interior, una especie de intoxicación, a la par que un cierto grado de adicción a ello. 
     Ahora sí, volvemos a la palabra holy, que significa sagrado en inglés moderno. Este término tiene antecesores en otras lenguas emparentadas entre sí, términos como hál o haelu en inglés antiguo, heilagr en nórdico antiguo, heill en alto alemán o hél en gótico antiguo, y todas significan lo mismo: "con suerte", "sano" o "completo". 
     No es difícil, pues, colegir que para el mundo odinista, decir "sagrado" es exactamente igual que decir "saludable", "con suerte" o "pleno". Para que algo sea sagrado, debe ser sano, pleno, lleno de suerte. Muchos clanes y/o kindreds de la actualidad han estandarizado el antiguo saludo Heil! o Heilsa! para empoderar a sus respectivos círculos a la vez que intentan limpiar el viejo estigma del nazismo, pues lejos de ser una invocación fascista, como algunos pretenden, se trata de saludar con propiedad, pues no sólo significa "¡Hola!", sino también "¡Sé saludable!", o "¡Sé completo!"
     Así que ahí lo tenéis. Es ahora cuando deberían aflorar cuestiones como ¿puede un libro ser sagrado? Tal vez, la respuesta sea que dependerá de lo que cada cual sienta ante él. Por eso, al declarar algo sagrado lo que se hace es manifestar la sensación de plenitud que nos provoca, la percepción de su poder numinoso. Ir más allá en la definición, desde mi modesta opinión, es tratar de rizar el rizo. 
     Bueno, pues hasta aquí llegamos hoy. Como ya he dicho un poco más arriba, en cuanto lea la Saga de Teutoburgo me aventuraré a opinar. Mientras tanto, seguiré estudiando sobre mi fe, y saludaré a los míos con un saludo que, confío en que no me lo neguéis, es indudablemente SAGRADO.
     HEIL!
     ¡Os veo en el próximo artículo!
 

martes, 4 de noviembre de 2014

No todos iremos a Valhalla

     Han pasado pocos días desde que festejamos el blót anual en honor a los ancestros y a los álfar. Durante el almuerzo que el clan Fauces de Tormenta celebró antes de la ceremonia, tuve ocasión de mantener una animada charla con mis hermanos y hermanas al respecto, como no podía ser menos, de la otra vida. ¿Qué sucede cuando fallecemos? Al profesar una fe eminentemente vitalista, en ocasiones perdemos el interés por tales cuestiones: nos centramos en vivir esta vida conforme a nuestra escala de valores. Sin embargo, nunca está de más dedicar un instante a estas cuestiones, aunque sólo sea a causa de la festividad que acabamos de dejar atrás. Y es que podemos olvidar que, por desgracia, muchos de nuestros más jóvenes hermanos y hermanas están muy confundidos al respecto de este tema, pues piensan que, como si de cristianos se tratase, tienen dos destinos posibles: un Valhalla idealizado, similar a un concierto de viking metal, y un Helheim infernalizado. A través de semejante equivocación, algunos de nuestros miembros más veteranos han partido hacia el más allá por vejez o enfermedad creyendo que su destino era terrible e injusto, mientras su familia, en un intento de cubrir la supuesta deshonra de una muerte natural, justificaban al finado diciendo que morir luchando contra la enfermedad era una forma de proclamarse como uno de los Einherjar. Siento disentir. No podemos simplificar los términos de ese modo. No todos iremos al Salón Dorado. La inmensa mayoría no iremos. ¿Entonces qué les sucederá a estas almas? No lo sabremos con certeza hasta que no nos llegue la hora, aunque algunos estudiosos del Ásatrú bosquejan algunas ideas interesantes, que creo que son importantes y bien fundamentadas. Expondré aquí algunas, que considero acertadas.
     Por ejemplo, Michael J. Smith, en su obra Amma: Think again! propone los tres destinos principales a los que llegan las almas según nuestra fe: Asgard para los escogidos por los dioses, Helheim para la mayoría de los mortales, y Midgard para el resto, en forma de ancestros y otros seres. No es una mala división, aunque excesivamente simplista. Así que yo propongo la división que expuso Volundr Lars Agnarsson en su obra Old norse religion: A family tradition: a grandes rasgos, sigue la misma línea de la argumentación de Smith, aunque más extendida. Es ahora cuando aplicaremos los conceptos de las partes del alma en los que ya abundé en anteriores artículos. ¿Preparados? Entremos en materia.

En caso de morir en batalla, la Valkiria sustituye a la Fylgja

     El proceso de la muerte, desde el punto de vista espiritual, sería del modo siguiente: en el momento de la muerte, el Sálfr (la personalidad espiritual) pasa a habitar el Hamr (el cuerpo espiritual), abandonando el Lík (el cuerpo físico). Es entonces cuando su Fylgja (animal espiritual) lo guiará hasta su destino, volviendo después a Midgard, junto a su familia/clan. Por ende, se deduce que, tras la muerte de un individuo, su clan queda sin Fylgja hasta que el finado alcance su último destino, a excepción, claro está, de que el muerto haya caído en batalla, en cuyo caso la Fylgja se queda con la familia, siendo sustituida por una valkiria. De este modo, vemos que, del individuo, lo que se queda en Midgard, en principio, son el Lík, la Hamingja (que, como ya se apuntó en el anterior artículo, se puede ceder o heredar), y la Fylgja una vez haya cumplido su misión con el difunto. Pero ¿y si la Hamingja no es heredada?Pues se queda en el Lík, y eso es lo que genera un Draugr (un espectro). Por ejemplo, el poder de augurio que tienen las völvas reside en su Hamingja, y por eso es importante que escojan una aprendiz o que tengan una primogénita que la herede, puesto que en draugr de una völva es un ser muy poderoso y peligroso. Puede pasar, como ya dijimos hace unos días, que la Fylgja no esté sintonizada con su elegido, o dicho de otro modo, que decida no guiarlo por un comportamiento deshonroso reiterado, en cuyo caso el alma vagará sin guía, lo que puede dar lugar a un draugr o un svartálfr (literalmente elfo oscuro, o fantasma -nótese que distingo entre espectros, osea fantasmas agresivos, y fantasmas a secas, que no sienten necesariamente animosidad contra los vivos-). Por último, deseo reseñar que hay casos muy especiales y para nada comunes, en los que el Sálfr se reencarna en el seno familiar propio, y cuando se reúne con su propia Fylgja y su propia Hamingja, dan lugar a un individuo de gran capacidad y entendimiento, con una enorme memoria inconsciente, que suele estar destinado a ser un líder y/o un gran héroe.
     Ya hemos hablado del proceso, pero ¿y el destino del alma, y el camino que debe tomar para llegar a él? Bien, pues de acuerdo con Agnarsson, todas las almas deben pasar por el oscuro reino de Svartálfheim antes de alcanzar el destino que les espere, y es en este lugar donde el alma corre el riesgo de perderse y donde necesita la ayuda de su Fylgja, como guía y como protectora frente a otros elfos oscuros y draugar que consideren al sujeto como un intruso o una amenaza. 
     Una vez atravesado el oscuro reino de los muertos sin reposo, y atendiendo a las circunstancias de la muerte y a las condiciones del alma del individuo, hay diversos destinos posibles. El más común es Helgard, dominio de la diosa Hel. Y ya es hora de que nos quitemos esa idea de que Helgard es un reino oscuro, de niebla y frío eternos: es un lugar apacible, con estaciones, muy similar a Midgard, donde van a parar las almas de casi todos los humanos, plantas y animales, en sus cuerpos espirituales, de modo que en este reino no se puede envejecer, enfermar, morir o deteriorase, lo que se denomina estado de estasis. Un lugar donde reencontrarse con los familiares y amigos caídos, donde poder dedicarse a las aficiones personales, donde hallar paz, si es eso lo que se desea.
     En el caso de los escogidos, su destino será Asgard, aunque puede ser, como ya es de sobra sabido, que vayan a Valhalla bajo el mando de Odín, o a Volkvángr, bajo el mando de Freya. Los más marciales irán con el primero, mientras que aquellos guerreros con vocación artística irán con la segunda.
     Siempre hay extrañas excepciones a estos lugares, como es el caso de los ahogados en el mar o en los ríos: entrarán a servir a Ran, la diosa del mar embravecido y las olas, convirtiéndose en una suerte de draugar marinos. Tal destino se puede evitar llevando siempre algo de oro en el momento de la muerte: si se puede pagar el tributo en oro que demanda Ran, ella buscará la Fylgja del ahogado para que vaya donde le corresponda.
     También se da el caso, menos extraño y específico que el de los ahogados, en el que el alma se queda en Midgard debido a su conexión con su familia o su clan, convirtiéndose en un espíritu ancestral que acompaña a su clan y lo proteje, junto con la Fylgja.
     También hay otros destinos, mucho más difíciles de entender para los mortales, como es el caso de aquellos espíritus que se transforman en álfar y moran en Ljosálfheim, bajo el auspicio de Frey, descendiendo a la floresta y cuidando la fertilidad de Midgard; o aquellos espíritus que moran en el interior de la tierra, horadándola en busca de metales y gemas, conocidos como Dökkalfar o Dvergar (los tan conocidos "enanos"), los mejores artesanos de los Nueve Mundos; o los oscuros e iracundos elfos oscuros de los que ya hemos hablado. 
     Como veis, el tema es denso e interesante, y no abarca sólo estas cuestiones, sino que, a poco que uno investiga, surgen nuevos interrogantes: ¿qué sucede con las mujeres guerreras, se convierten en Valkirias o Dísir? ¿Por qué un alma, ya estéril e inmortal, es escogida para dar vida como es el caso de los elfos de luz? ¿Son peligrosos los Svartálfar para su descendencia en Midgard? ¿Existe comunicación entre Midgard y Helheim? Son muchos interrogantes, y no tengo las respuestas. Nunca tendré todas las respuestas, y no es esa mi intención. Yo disfruto con la investigación y el conocimiento.
     Espero haber resuelto dudas tanto como espero haber generado otras. Al menos, con lo aquí expuesto, creo que se habrá generado una nueva perspectiva del más allá para algunos. Y la próxima vez que algún ardoroso ásatrúar os grite aquello de "¡Victoria o Valhalla!", sonreíd y susurrad "Puede... o puede que no...". 

jueves, 23 de octubre de 2014

TERMINOLOGÍA ESCABROSA, PARTE II: Fylgja y Hamingja

     Antes de que nos adentremos más en las nociones básicas de lo que es el "otro mundo" para los odinistas, necesitamos entender un par de conceptos relacionados íntimamente con el alma humana. Por eso, antes de entrar en las cuestiones del más allá, creí conveniente escribir este breve artículo, que, unido a su predecesor (titulado El alma odinista: una visión personal, para aquellos que no lo hayáis leído), os proveerá de la información necesaria para poder comprender otros conceptos más enrevesados. Os prometo que el presente será breve, pero he considerado que, cuando me metiese de lleno en la cuestión de la muerte y el destino del alma, era más que necesario aclarar el par de términos que habéis leído en el título y que, sin duda, os sonarán bastante: me refiero a los conceptos de Fylgja y de Hamingja. Pasemos a ello.
     
FYLGJA
     La fylgja es un ente complejo que, aunque unido al alma humana, es independiente del individuo. Según la visión ásatrúar del orden cósmico, la fylgja se presenta ante nosotros como una especie de animal espiritual. Cada persona tiene su propia fylgja, y su forma puede variar: podría ser un lobo, o un águila, una serpiente o un zorro, etc.. Un núcleo familiar comparte la misma fylgja: por eso he comenzado diciendo que la fylgja es independiente del individuo aunque esté unida a él. Podemos deducir, pues, que cada familia tiene su propia fylgja, aunque su identidad pueda variar debido a diversos motivos. Por poner un ejemplo, un clan odinista cuyos lazos entre sus miembros sean extremadamente fuertes dará lugar a que todos compartan una misma fylgja.
     Pero ¿cuál es la función de la fylgja con respecto al ser humano? La fylgja cumple con la función de guía para el alma de un difunto reciente: se encarga de que dicha alma llegue a su destino en el más allá, sea éste cual sea; por ello, nuestros ancestros consideraban que ver o percibir a la fylgja propia era señal de una pronta muerte. 
     La fylgja está íntimamente relacionada con nuestro modo de proceder en esta vida. Se cree que adquiere una determinada forma animal por una serie de rasgos de comportamiento con los que impregna a aquellos bajo su tutela. Por ello, solemos compartir esos rasgos de personalidad entre los miembros de una misma familia, o entre los hermanos de un mismo kindred, en función de la fylgja que nos influencie en un momento dado.
     Podemos (y de hecho, yo diría que debemos) cuidar de nuestra fylgja. Hay un modo de "alimentar" a nuestro animal espiritual, o espíritu guía: al igual que él nos influencia, imprimiendo en nosotros ciertos comportamientos y dotándonos de algunos rasgos de personalidad, también nosotros influimos en nuestra fylgja con nuestros actos. Cuanto más honorable nuestra conducta, más fuerte nuestra fylgja. Y a la inversa, cuanto más nos alejemos de la rectitud moral, más débil se volverá ésta, hasta el punto de poder perderla. Y un alma sin fylgja que la guíe, estará condenada a vagar sin rumbo, un destino bastante terrible según mi opinión...
Una fylgja cuervo (fuente: Deviantart)

HAMINGJA
     Para definir la hamingja, debemos hablar también de su término hermano: el megin. Juntos, megin y hamingja, podrían ser considerados como "depósitos" de la sacralidad de un individuo, de su plenitud.
-Megin. Entendemos el megin como un almacén de espiritualidad interior y de potencia metafísica. Todas las criaturas en el multiverso contienen cierta cantidad de megin. 
-Hamingja. La hamingja podría ser entendida, en líneas generales, como una reserva de "suerte". El individuo está bajo la influencia de varios tipos de hamingja: no sólo la propia, sino la hamingja familiar, la tribal, la del kindred propio, etc.. La hamingja, en tanto que parte innata de una persona, se puede prestar, o incluso heredar... aunque también se puede robar o anular.
     Tanto el megin como la hamingja están conectados, y deberíamos ser cuidadosos con cuidar ambos. Naturalmente, se pueden incrementar a voluntad. ¿Cómo hacerlo? Pueden nutrirse a través de un modo de vida saludable, y a través del intercambio con los dioses (en las ceremonias y blóts), pero también mediante el ejercicio físico en el caso del megin, y del ejercicio metafísico en el caso de la hamingja (meditación, trabajo de runas, galdr, sejdr, etc.).

     Bueno, pues hasta aquí llegamos hoy. Espero haber aclarado ambos términos con la suficiente nitidez, porque serán cruciales a la hora de comprender el próximo artículo, en el que expondré el paso de esta vida a la siguiente. Y para cualquier duda o aclaración, como siempre os digo: aquí me tenéis.
     ¡Nos vemos en el próximo artículo!
     

domingo, 19 de octubre de 2014

El alma odinista (una visión personal)

     Mucho se ha escrito sobre la concepción que los odinistas tenemos del alma humana. Muchas personas han especulado sobre ello, debido a la importancia que tiene el asunto cuando se trata de definir una fe, tal y como estamos intentando los modernos ásatrúars desde hace más de medio siglo. Pero, como en tantas otras cuestiones, cada comunidad, cada rama del odinismo, y me atrevería a decir que cada individuo, tienen su propia visión al respecto. Por ello, he especificado en el título que la siguiente explicación no se trata más que de una visión propia, basada en mis reflexiones personales y en el estudio de varios textos, tanto históricos como referentes a las distintas tradiciones de nuestra religión. Quiero decir con ésto que no trato de sentar cátedra, ni pretendo ilustrar una verdad con ínfulas de universal, sino simplemente mostraros el resultado de mis averiguaciones, y mis conclusiones sobre este asunto, las mismas que trato de transmitir a mi clan. Pero si curioseáis un tanto por la red, descubriréis numerosos artículos con las mismas pretensiones que éste. Por eso, fiel al espíritu de nuestra fe, os recomiendo que, tras su lectura, busquéis más información para poder formaros una opinión sólida al respecto. Vamos allá.

Odín montado en Sleipnir, en una piedra rúnica del siglo VII hallada en Gotland (Suecia)

     Aunque tantas formas distintas de dividir el alma humana puede despistar bastante a la hora de estudiar, también nos aporta el dato que quizá sea el más esclarecedor de todos: absolutamente todos los odinistas de Midgard saben que nuestra concepción del alma se basa en la división de la misma en diversas partes según su función, alejándonos de la visión simplista del alma humana que tiene el judeocristianismo. Es precisamente nuestra visión, digamos, holística, sobre el alma, lo que nos lleva a diferir en cuanto al número de partes de la misma y su función. He leído divisiones de todo tipo, aunque la terminología usada es bastante similar. Por ejemplo, el Círculo Odinista de España divide el alma en tres partes: Hugr, Hamr y Fylgja; por contra, algunos odinistas de tradición sajona (Teodish) han llegado a dividirla en ¡catorce partes distintas! Aquellos de vosotros que me leéis regularmente ya sabéis que mi intención es hacer una exposición amena y concisa de los elementos de nuestra fe, pero manteniendo un nivel mínimo de rigor. Por ello, dividirla en tres partes me parece algo un tanto vago, mientras que lo contrario, dividirla en catorce partes, es un suplicio conceptual. Atención, no digo que estas concepciones sean erróneas: simplemente quiero hallar el punto intermedio entre ambas divisiones. Por eso, yo propongo una división en nueve partes, por ser el nueve un número tan odinista y cargado de significación. Son las siguientes:
     -Lík. No es ni más ni menos que el cuerpo físico del individuo. Es tan necesario como el resto de partes, y la prueba es que, sin Lík, el ser humano no existe; y al contrario, un Lík sin el resto de partes espirituales tan solo es un cadáver, simple materia.
     -Hamr. El cuerpo espiritual del individuo. Algunos odinistas creen que tiene un aspecto adulto desde el nacimiento, y que el Lík crece siguiendo las directrices del Hamr. Asimismo, se cree que puede moldearse con nuestra fuerza de voluntad (v. gr.: un niño de constitución endeble se propone convertirse en un atleta, y se obliga a ejercitar su cuerpo, a llevar una dieta específica y a disciplinar su mente, con lo que cambia su Hamr, tras lo que su Lík va transformándose también).
     -Önd. El aliento vital del individuo, su motor, lo que hace que el resto de partes puedan cumplir con su cometido. El Önd es concedido por el propio Odín a todos los seres humanos. Algunos estudiosos odinistas rechazan este término por encontrarse en numerosos textos cristianos altomedievales, que lo usaban para referirse a su propio concepto de alma o ánima. 
     -Odhr. Se trata de la parte del alma encargada de los sentidos y de la comunicación humana. Se la supone auspiciada por Hoenir, y situada entre la cabeza y el pecho.
     -Lá. Con este término designo algo tan difuso como es la vitalidad del individuo, parecida a la "sangre" del espíritu. Es el conducto de poder usado por todas las partes del individuo, y debido a esa cualidad "cinética" y cambiante se le atribuye el auspicio de Lóki.
     -Hugr. Así definimos el pensamiento, y con él la parte consciente del alma, que trabaja en correlación con otra parte a la que denominaremos Minni.
     -Minni. La parte encargada de la memoria y de los recuerdos del individuo.
     -Sálfr. Más que una parte, es una cualidad de cada alma, y que abarca al resto de partes para que el individuo sea único, aunque su alma sea igual al resto de almas humanas. Esta parte del alma es la que viaja al otro mundo tras la muerte, pues retiene el Hugr, el Minni, el Önd, el Odhr y el Lá.
     -Sál. Con este nombre, que en islandés moderno significa "alma" o "bolsa", se define como el contenedor espiritual que mantiene cada parte del alma en su lugar y trabajando en sincronía. 

     Creo que se trata de una división sencilla a la par que completa. Aún así, es posible que haya personas que se pregunten ¿dónde se ha dejado la Fylgja o la Hammingja? En absoluto he olvidado estos términos, pero no los he incluido en la lista con considerarlos externos al alma en sí. En cualquier caso, ambos términos merecen una atención especial, y les dedicaré un artículo dentro de poco. Permaneced atentos si os interesa el tema.
     Sea como fuere, el presente listado de partes del alma nos será de utilidad cuando trate otro de los grandes enigmas de la vida: qué ocurre cuando acaba. Sed pacientes, y visitad este blog de cuando en cuando, y trataremos el tema con la mayor de las claridades, porque pienso que es muy interesante y es necesario tener claro este tipo de aspectos de nuestra fe. En fin, espero que os haya resultado esclarecedor, pues tal era mi intención.
     ¡Os espero en el próximo artículo!

martes, 7 de octubre de 2014

TERMINOLOGÍA ESCABROSA, PARTE I: Innangard y Útangard

   Tengo la costumbre de ojear cuantos blogs de odinismo encuentro por la red. Creo que uno nunca debe dejar de estudiar e investigar, y es importante conocer las inquietudes e intereses que tienen los odinistas en todo el mundo. El caso es que, hace unos días, alguien planteó en un blog las dificultades que hallaba a la hora de tratar de entender ciertos conceptos del Ásatrú, digamos que un tanto oscurantistas. Utilizo esta palabra porque pienso que cualquier concepto de nuestra fe debería ser accesible a cualquier persona que se acercase a él, y si no es así, entonces debemos esforzarnos en lograr que nuestra terminología sea lo más clara y transparente posible. Es muy difícil, máxime para los odinistas de habla hispana, pues muchos de estos términos son tomados del idioma nórdico antiguo, una lengua que es complicada si tu idioma natal no es de origen germánico o escandinavo. Por ello, es responsabilidad de los que tengan tales conocimientos el compartirlos de una manera directa y lo más simple posible. Si bien es cierto que el odinismo a nivel mundial está buscando la homogeneidad en su terminología básica, no lo es menos que son demasiadas palabras y conceptos expresados en un idioma incomprensible para la mayoría de hispanohablantes. Bien, pues con esta serie de artículos pretendo aportar mi granito de arena a esta titánica tarea. Y he decidido comenzar por los términos Innangard y Útangard por una razón: en el blog al que me he referido anteriormente, una persona que hacía gala de vastos conocimientos en lo referente a Ásatrú hizo un comentario que me resultó chocante: venía a decir que prefería ignorar este tipo de términos, porque se trataba de conceptos actuales, y dudaba que los antiguos paganos nórdicos los hubiesen utilizado. Y mi opinión al respecto es ésta: naturalmente que no los usaron, naturalmente que son de acuñación moderna. De igual modo, tampoco conocían las Nueve Nobles Virtudes, al igual que carecían de Internet. El mundo avanza, y nuestra fe, como el ente vivo que es, crece, evoluciona, se adapta a los nuevos tiempos procurando mantener su esencia, su identidad, pero sin anquilosarse. Estamos recordando nuestra antigua fe, no copiándola. Creamos términos para que nos ayuden a comprender nuestras creencias  desde el prisma de la época que nos ha tocado vivir. Tenemos en nuestro interior ese espíritu ancestral de investigación y descubrimiento: no tratemos de encorsetarlo poniéndole puertas al campo, y si hay que recrear conceptos, pues adelante, sin miedo. Dicho esto, vayamos a las palabras de hoy.

INNANGARD-ÚTANGARD
   Aunque estas dos palabras son las más conocidas, no son las únicas que usamos para englobar una serie de conceptos referidos a aquello que resulta sagrado para nuestro pueblo. En realidad, son cuatro:
-Innangard
-Útangard
-Gridgard
-Vé
   Y para que la explicación sea más visual, voy a incluir un gráfico, que considero muy útil y esclarecedor. Id observándolo mientras desgranamos conceptos, y lo pillaréis en seguida.


   ¿Qué significa este gráfico? Bien, imaginadlo como si fuese la representación de un antiguo poblado vikingo. El círculo más grande de todos representa el pueblo, rodeado de una empalizada; en su interior veréis un círculo más pequeño, que podéis imaginar como una colina elevada con una arboleda sagrada o un círculo de menhires donde se celebran las ceremonias; fuera del poblado, se observan una serie de pequeños círculos y óvalos, que representarían las granjas desperdigadas a las afueras del núcleo poblacional. 
   ¿Vamos bien? Espero que sí. Ya lo tenemos en mente. Bueno, pues este esquema podría representar numerosas realidades, pero para nosotros ilustra el "recinto sagrado" donde enmarcar cualquier otro concepto de Ásatrú. En seguida veréis de lo que hablo. Vamos a definir los términos.
   Vamos a comenzar por el ámbito externo, el Útangard. El Útangard, siguiendo nuestra analogía con el poblado vikingo, sería el páramo que rodea a la población, un lugar desapacible donde sólo moran los proscritos. Es decir, aquello que nos es ajeno conformaría el Útangard, todos los elementos, prácticas y creencias que no son netamente paganos o Ásatrú. En nuestra mitología, el Útangard es el lugar donde moran los Jötnar (gigantes) y los enemigos e los dioses, Muspelheim y Jötunheim, así como los desiertos helados y brumosos de Niflheim.
   Dispersos por el Útangard, hallamos pequeños corpúsculos a los que denominaremos como Gridgard. Este término proviene de la palabra grid, del nórdico antiguo, y que podríamos traducir como "santuario" o "tregua temporal". Se trata de zonas dentro del Útangard que podemos usar como santuarios temporales, zonas relativamente amigables rodeadas de influencias no paganas. El ejemplo mitológico que propongo es el salón de Aegir, Thrymheim, la morada de Skadi: a pesar de estar en Jötunheim, es un refugio seguro para los dioses. 
   El Innangard, el tercer término a analizar, está representado por el pueblo. Aquí es donde nuestro pueblo defiende la ley y la tradición, sonde se siente seguro. Tras la empalizada, bajo la autoridad del Jarl, el pueblo crece; fuera de la empalizada, se encuentra el Útangard, y desperdigadas por él, las fincas de los aliados del Jarl, o como lo hemos definido, núcleos de Gridgard. 
   Por último, en el interior del Innangard, nos encontramos con el último término a explicar: el Vé. El Vé es el recinto más sagrado, donde se ubicaría el hof de la congregación. Allí se realizan los rituales, los blóts y las ofrendas. En nuestra mitología, el Vé estaría representado por Asgard, el "recinto de los dioses". 
   Bueno, una vez explicados los conceptos, puede surgir una cuestión: ¿de qué me vale toda esa terminología en mi vida cotidiana como odinista? Bien, esta estructura nos ayuda a visualizar mejor las influencias que recibimos a diario en relación a su poder numinoso o espiritual. Los cuatro términos, como todo en esta vida, están interconectados, y nos enfrentamos a ellos a diario: nuestro Útangard está representado por aquellas influencias que no son paganas ni odinistas; el Innangard lo conformaría nuestro clan, o nuestros compañeros odinistas; hallaríamos un Gridgard en aquellos de nuestro entorno que, sin ser ásatrúar, son eminentemente paganos, con quienes compartimos una visión del universo y de la vida en general; nuestro Vé estaría representado en el altar doméstico, o en el hof de nuestro clan. 
   Antes de acabar este artículo, quiero hacer una aclaración para aquellas personas (que sé que las hay) que puedan entrever en mis palabras matices xenófobos. Nada más lejos de la realidad. No pretendo decir que el Útangard sea "malo" o sea algo que rechazar, sino simplemente un entorno que nos es ajeno y en el que debemos estar alerta ante su influencia en nosotr@s. Nuestro pueblo no era xenófobo, a pesar de lo que algunos creen hoy día. Comerciaron y se relacionaron con todo el mundo conocido, y en ocasiones más allá. Nunca temieron adentrarse en el Útangard, pero cuando lo hacían, iban preparados, y sólo tomaban de allí lo que les interesaba para enriquecer a su comunidad y a ellos mismos; de igual modo, como pueblo hospitalario que eramos (y aún somos), nunca negarían la entrada de extraños a su Innangard... siempre que siguiesen las leyes y las normas de la comunidad (el historiador del siglo X Ahmad Ibn Fadlan podría corroborar mis palabras). 
   Para terminar, os daré algunos ejemplos cotidianos en los que reconocer los términos que hemos aprendido hoy:
-La casa de tu madre: Gridgard (ella es cristiana, pero te acepta, te quiere y te respeta)
-Tu lugar de trabajo: Útangard (nadie sabe de tus creencias, y si lo saben no les importa)
-Un templo odinista: Vé (aunque no pertenezca a tu clan, su carga espiritual es muy potente)
-Tu propia casa: Innangard (ya lo dice el Hávamál, en casa se es el rey...)
-Un templo Shintô: Útangard (no hay amenaza en él, pero no pertenece a nuestra cultura)
-La casa de un hermano de tu clan: Innangard (es como tu casa, aunque aquí no seas el Jarl)
-La casa de tu amigo de la infancia: Gridgard (él no es pagano, pero su afecto es sincero)
   Probad vosotr@s con elementos de vuestro entorno, y así interiorizaréis estos cuatro conceptos. Espero haber servido para aclararlos, aunque ya sabéis que estoy a vuestra disposición para cualquier duda que aún tengáis. Y si tenéis por ahí más términos que os resulten farragosos, será un placer hacer más secciones de terminología.
   ¡Espero veros en el próximo artículo!